Mirar al retrovisor

La perversión del significado de las palabras o el olor a podrido

Joan Santacana se remite a los estudios de Víctor Klemperer sobre la lengua del Tercer Reich para advertirnos sobre cómo cambios en el significado de las palabras como los que percibimos hoy día preceden a la tiranía totalitaria.

Mirar al retrovisor

La perversión del significado de las palabras o el olor a podrido

/por Joan Santacana Mestre/

Fue Víctor Klemperer, el gran profesor de filología de la Universidad de Dresde, quien se dio cuenta de que, para construir cualquier tiranía, lo primero que se intenta modificar es el sentido de las palabras. Este eminente filólogo alemán, de origen judío, vivió durante todo el periodo previo a la guerra y, sobre todo, durante los años de dominación nazi, en su ciudad, con su mujer —que no era de origen judío—. Y observó cómo el nazismo, para imponer su hegemonía y controlar a las masas, fue desnaturalizando el sentido de muchas palabras. Para inculcar la ideología nazi modificó el idioma alemán; la gente se fue acostumbrando a estas alteraciones idiomáticas y aceptaron las aberraciones más graves porque las palabras con las que se denominaban habían cambiado de sentido.

En los años treinta, Klemperer comprobó que, al principio del nazismo, sus propios colegas de la Universidad, profesores como él, lo tranquilizaban diciéndole que los nazis no harían lo que prometían; afirmaban sus amigos del claustro que aquello pasaría rápidamente y que era cuestión de meses. Sin embargo, muy pronto vio cómo las alumnas y alumnos desaparecían de sus clases y a él se le excluía del claustro ante el silencio cómplice de sus colegas, hasta que, finalmente se le desposeía de derechos. Sus vecinos, aquéllos que hasta hacía poco tiempo le saludaban y charlaban con él, lo rehuían, lo aislaban y, finalmente, lo rechazaban y denunciaban.  Y todo ello era posible porque el sentido de las palabras estaba cambiando. Y no sólo ocurrió esto en Alemania: en muchos países ocupados, Joseph Goebbels —el todopoderoso ministro de propaganda del Reich— planteaba cambiar los diccionarios y las enciclopedias de países como Holanda y Francia. Palabras tales como libertad, nación, democracia, justicia, educación, judío, pueblo o socialismo cambiaban de sentido.

Víctor Klemperer

Esta neolengua que se iba imponiendo fue aceptada por las masas casi sin darse cuenta a causa de su presencia masiva en los medios de comunicación, en las cadenas de radio, en la prensa, en los discursos públicos y en los noticiarios cinematográficos. También aparecían palabras nuevas, extrañas, que parecían sacadas de contextos científicos pero que en realidad suponían una grave perversión de las ideas. Klemperer, que tituló su libro LTI: la lengua del Tercer Reich: apuntes de un filólogo, nos aporta hoy un testimonio inestimable de lo que el futuro nos reserva a los europeos, cuando asistimos también a una perversión del lenguaje, como parte de la cual la palabra democracia ha sido asumida por ideologías extremistas, pervirtiendo la idea central y primigenia  de «gobierno de los pueblos».

Cuando una idea es adjetivada peyorativamente, entonces comienza la perversión del lenguaje, según Klemperer. Así, la palabra judío, para los filólogos nazis, equivalía a judeidad, una especie de infección racial, asimilable a la de las ratas; ser judío se convirtió en un rasgo genético, no modificable baja ninguna circunstancia. Por ello, era judío quien tuviera tres o más abuelos judíos, independientemente de la religión y de la ideología. Quienes tuvieran dos o un sólo abuelo judío eran Mischlinge, es decir, medio judíos. Los primeros, con dos abuelos judíos, eran Mischlinge de segundo grado y podían ser reclasificados como judíos en función de complejas averiguaciones. De esta forma, cuando a alguien se le señalaba como judío, muchas personas veían en él un ser maligno, peligroso, que podía infectar a los demás, que se suponía eran racialmente puros.  La judeidad era lo opuesto a Volksgemeinschaft, palabra nueva muy usada en época nazi y que vuelve a resucitar hoy, que significó algo así como «comunidad nacional» o «pueblo puro o superior».

En otras ideologías totalitarias, tales como el estalinismo, la palabra democracia también fue manipulada, y según el Diccionario filosófico abreviado, de 1959, de la Unión Soviética,

la democracia siempre tiene un carácter de clase y no es otra cosa que la forma política de la dictadura de las clases dominantes. […] En la sociedad capitalista la democracia representa la forma del dominio de clase de la burguesía, bajo cuya vigencia se declara la igualdad de los ciudadanos ante la ley, se proclaman los derechos de la personalidad y las libertades democráticas: libertad de palabra, de prensa, de reunión, &c. Sin embargo, estas libertades tienen un carácter limitado, porque no puede haber igualdad verdadera entre los explotadores y los explotados, entre los capitalistas y los obreros. El aparato estatal de la democracia burguesa defiende los intereses de los propietarios, que se valen de miles de artimañas para apartar a los trabajadores de la participación en la dirección y dificultar su acceso al órgano representativo superior del estado burgués, el parlamento.

Así pues, siguiendo a Klemperer, cuando en el aire se perciben cambios en el significado de las palabras, especialmente de palabras clave como algunas de las mencionadas, es que algo huele a podrido en Europa.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

3 comments on “La perversión del significado de las palabras o el olor a podrido

  1. Cuanta razón tiene!. Estemos alertas y activos!.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con usted y con las tesis de Klemperer: no hay nada mas efectivo que la tergiversación y manipulación del lenguaje desde el punto de vista ideológico para manipular y crear enemigos ficticios, contribuyendo así al abrazo de idearios totalitarios por parte del pueblo con la promesa de destruir a ese opuesto maligno, pero a cambio deben desprenderse de sus derechos en pos de una supuesta garantía de seguridad. Desgraciadamente, hoy en día, asistimos a un nuevo “totalitarismo no violento”, como diría Aldous Huxley, al que cuesta mucho ver venir, pues disfraza sus consignas de justicia, igualdad y amor universal –conceptos naturalmente pervertidos y cada vez, desgraciadamente, más asimilados por la sociedad. Un artículo estupendo y muy acertado en lo que empezamos a vivir y se nos avecina. Es una alegría leer un poco de cordura en este cáos lingüístico y posmoderno en el que se ha convertido nuestra cultura occidental. Gracias.

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  3. Pingback: La perversión de las palabras delata la agonía de la sociedad – El Cuaderno

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