Mirar al retrovisor

¿Delenda est Monarchia?

¿Hasta cuándo podrá España soportar el desgaste de su Monarquía? ¿Es comparable la situación actual a la que, en 1930-1931, desembocó en la proclamación de la Segunda República? Un artículo de Joan Santacana.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana Mestre /

En el mes de julio de 2020, entre pandemia y vacaciones, en plena crisis y con un presidente de Gobierno negociando la ayuda europea a un país con graves grietas en sus instituciones, el Rey y la Familia Real hacen una minigira por España, quizás con la idea de prestigiar a la institución monárquica. La sombra alargada del Emérito, con su fuerte olor a corrupción, persigue el viaje. Los monarcas, obviamente, siempre arrastran consigo vítores y aclamaciones, pero, a pesar del apoyo mediático oficial, el programa no despierta pasiones. El espíritu monárquico no aparece por ningún lado. Es lógico preguntarnos qué ocurre en este país con la monarquía. ¿Hay realmente monárquicos de verdad? ¿Cuántos ciudadanos —si se les preguntara— estarían dispuestos a creer que el Emérito es victima de un linchamiento y no es corrupto? ¿Cuántos creen hoy que el hijo no se ha beneficiado de las ganancias del padre? ¿Se acuerda Felipe VI de su bisabuelo Alfonso XIII? Es imposible que no conozca la historia familiar.

Felipe sabe, como cualquier persona culta, que cuando un 14 de abril de 1931 la monarquía de su bisabuelo Alfonso XIII cayó, no tuvo monárquicos que la defendieran. Como dijo Miguel Maura, un monárquico pasado al campo republicano, no lo defendieron ni sus propios ministros. No es este el lugar para comentar los desaciertos de la monarquía española en los años veinte y treinta. Venían de lejos y su reinado estuvo jalonado de actuaciones lamentables, pero en aquel entonces no se le reprochó que fuera corrupto. Ciertamente, no era un demócrata aun cuando, como escribió Javier Tusell, fue un monarca liberal. Aceptó los hechos consumados en septiembre de 1923 y se sintió cómodo a la sombra del dictador. En realidad, su reinado estuvo fuertemente lastrado por la guerra de Marruecos, en especial por el desastre de Annual en 1921. En aquel entonces, se atribuyó al monarca la mala gestión de las operaciones militares que condujeron al ejército de África a una espantosa derrota. Hoy hay historiadores que dudan de esta afirmación, y no sabemos hasta qué punto era cierta, pero lo que sí es cierto es que el monarca era muy aficionado a temas militares, tenía una estrecha relación con los mandos que condujeron al cuerpo expedicionario al desastre y se inmiscuía en la política de ascensos dentro del Ejército. Por ello, cualquier error cometido por el Ejército se le achacó siempre al mismo Rey. No le favoreció que, mientras España lloraba los miles de soldados desarmados, degollados en Annual, su monarca apareciera divirtiéndose.

Tampoco le ayudó su posición con respecto al catalanismo político de principios de siglo XX. Borja de Riquer estudió la correspondencia de Francesc Cambó y constató que el político catalán estaba decidido a apoyar al monarca cuando en 1918, al final de la primera guerra mundial, empezaban a caer imperios como el alemán del Kaiser, el austrohúngaro o el turco y tantos tronos reales se desplomaban mientras los bolcheviques tomaban el poder en la Santa Rusia y su sombra se cernía sobre media Europa central. En aquellos difíciles tiempos, la crisis en España era también durísima, y el miedo de la burguesía rezumaba por doquier. Fue entonces cuando el monarca y Cambó se propusieron de una vez por todas solucionar el llamado problema catalán. Se trataba de introducir un cambio de estatus de Catalunya dentro de la monarquía y Cambó se lo creyó, pero fue —a su juicio— un engaño: el rey «lo borboneó», en palabras de la propia reina Victoria Eugenia. Alfonso XIII era un nacionalista español y no entendía la idea camboniana; Cambó escribió entonces una durísima carta al monarca. Estaba claro para el político catalán que el Rey no iba a impulsar ninguna renovación del sistema político, aun cuando nadie le pedía un cambio de régimen. Alfonso XIII no lo entendió jamás. Fue su segundo y grave error, puesto que entonces aquel problema tenía solución.

Y fue por esta pendiente que el descrédito de la Monarquía fue en aumento hasta que un 14 de abril de 1931 se desplomó,con gran polvareda, pero sin víctimas. Mi abuelo materno, l’avi Pepito, un pequeño cacique rural, era monárquico, y admiraba a Alfonso XIII, pero nunca le perdonó lo de Annual. Para él, la Republica no ganó: fue la Monarquía la que se suicidó. Ortega y Gasset, el filosofo español de más prestigio en los años treinta, había publicado en el periódico El Sol un célebre artículo que, parafraseando al viejo Catón, terminaba con la frase latina «Delenda est monarchia», cuya traducción resultaba innecesaria: «La monarquía debe ser destruida». El artículo resultó profético.

Hoy las cosas son muy distintas de entonces. El monarca es una pieza importante de un sistema reconocido como democrático, no hay un contexto de guerras mundiales a la vista y Catalunya no tiene hoy el peso económico que tenía en 1930. Por el contrario, hoy Madrid es la sede financiera más importante del reino y los catalanes aportan un PIB muy inferior al que aportaban entonces; pero cabe preguntarnos hasta cuándo un país podrá sostener el desgaste de su monarquía.

[EN PORTADA: Proclamación de la Segunda República en Madrid]


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

1 comment on “¿Delenda est Monarchia?

  1. Muchas gracias por tan estimulantes y sosegadas reflexiones.

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