Cuaderno de espiral

Vulnerables

Escribe Pablo Luque Pinilla que «la conciencia de vulnerabilidad es el territorio donde se resuelven solas muchas contrariedades, se facilita la estima de todo aquello que de verdad nos sirve y se incinera cuanta ansiedad es evitable».

/ Cuaderno de espiral / Pablo Luque Pinilla /

Salgo del coche descalzándome para no manchar el suelo. Es un descalzarse figurativo que enuncia mi deseo de entender el camino que tengo por delante. Avanzo un paso, otro, en dirección al trabajo. Elijo la senda entre los árboles, apenas definida por un reguero de arena, difuminada en sus orillas hasta confundirse con la hierba y las agujas de los pinos. Renuncio a la delirante seguridad con que nos miente la acera. Sé que el camino estaba ahí antes de que yo llegara, y es como si no hubiera dejado de llamarme. Prosigo andando con la certeza de saberme a merced de su voz. Algunas palomas cruzan en mi avance despeinando el cielo y mi respiración se ensancha mientras vuelan. Las ramas crujen y un leve aleteo de viento entre las jaras me anuncia el inicio del otoño. Las nubes se están hinchando y se oscurecen. Continúo mi periplo y me topo con la aparición urgente de algunos pájaros en un vuelo más rasante. Proyectan una leve sombra en la enramada como un neón de humo fugaz y parpadeante. Casi parecen aplaudir mi pasear distraído, de criatura sumergida en sus propias cavilaciones, expectante ante lo que ha de venir. Ha empezado a caer una suave lluvia y me siento bien transitando este mar en silencio, donde callo cantando o a la inversa, a pesar de andar como descalzo. A pesar de saberme desprovisto, vulnerable. O gracias a ello.

Precisamente, finalizaba uno de los artículos de este Cuaderno con unos comentarios acerca de la expresión vulnerables, a propósito de algunas reflexiones sobre el empleo abusivo o errático al que habían sido sometidos algunos términos, reivindicando la necesidad de recuperar el verdadero alcance de sus significados. De esta manera, argumentaba cómo, debido al manoseado empleo de ciertos vocablos en la literatura ―quizás por delicuescencia sentimentaloide o por puro estreñimiento creativo―, o a la mercadotecnia y a todo su firmamento de oportunismos ―el marketing para los que ya no nos sigan―, o, por descontado, a la corrección política, era posible hallar palabras que habían padecido este extravío.

En el caso que nos ocupa, siendo que obviamente la utilización de la voz vulnerables es necesaria sin fisuras ―y mucho más en el actual escenario pandémico―, faltaría más, me pregunto por qué tendemos a reducir el alcance de su uso, como si la acepción real del adjetivo, ‘que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente’, solo nos sirviera para designar a los más desfavorecidos. ¿Por qué, si no, desplegamos con frecuencia un antinatural paternalismo condescendiente en el trato con los que consideramos socialmente indefensos, reflejando que hemos olvidado el carácter inerme de nuestra condición? ¿Tanto nos aterra admitir que esta fragilidad también es la nuestra? De hecho, ¿sabernos necesitados no es una de nuestras mejores cualidades cuando nos empuja al milagro de la cercanía y solidaridad con los demás, o cuando propicia la apreciación sincera y asombrada de lo que nos circunda? ¿Acaso no nos convierte este olvido de la debilidad en presa fácil de nuestra propia fantasía de omnipotencia, de la ilusión de que lo controlamos todo? Es indiscutible que, aunque tratemos de evitarlo, a menudo nos sorprendemos reaccionando así. Del mismo modo que nos topamos con personas víctimas del bumerán de sus propias seguridades y espejismos de autosuficiencia. Sin ir más lejos, en el presente contexto de conmoción generalizada por las circunstancias epidemiológicas, lo vemos a todas horas en la reticencia de muchos a ponerse la mascarilla o a guardar distancia, desvelando un miedo a saberse desnudos frente a la evidente indefensión de la condición humana, expuesta a las vicisitudes del caprichoso devenir.

Llego a la oficina sumido en un temblor secreto, tranquilo, con el parque en los pulmones. Me echo gel, me toman la temperatura. Agradezco poder comenzar un nuevo/nuevo día después de la caminata que me ha traído hasta aquí, surcada de escucha e intemperie. Y entiendo, con una paz elocuente, que la conciencia de vulnerabilidad es el territorio donde se resuelven solas muchas contrariedades, se facilita la estima de todo aquello que de verdad nos sirve, y se incinera cuanta ansiedad es evitable, ese otro patógeno que infecta nuestro tiempo.

Qué bien nos iría si ante él elimináramos cualquier suerte de máscaras. Si abriéramos las ventanas del alma donde la auténtica vida se entrega a nuestros pies ―siempre que caminen descalzos― como un don.

[EN PORTADA: Descanso, de Emily Orzech]


Pablo Luque Pinilla (Madrid, 1971) es autor de los poemarios Cero (2014), SFO (2013) y Los ojos de tu nombre (2004), así como de la antología Avanti: poetas españoles de entresiglos XX-XXI (2009). Ha publicado poemas, críticas, estudios, artículos y entrevistas en diversos medios españoles y ediciones bilingües italianas y el poemario bilingüe inglés-español SFO: pictures and poetry about San Francisco en Tolsun Books (2019). Asimismo, fue el creador y director de la revista de poesía Ibi Oculus y junto a otros escritores fundó y dirigió la tertulia Esmirna. Participa de la poesía a través de encuentros y recitales, habiendo intervenido, entre otros, en el festival de poesía Amobologna, que organiza el Centro de Poesía Contemporánea de la Universidad de Bolonia; el festival poético hispano-irlandés The Well, que se celebra en Madrid; o el ciclo El Latido, que organizara el Instituto Cervantes de Roma.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

2 comments on “Vulnerables

  1. No es que escribes bien, hermano, es que lo que que dices ilumina. GRACIAS.

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