Estudios literarios

Aira, el peor enemigo de la literatura

Antonio Costa ajusta cuentas con el escritor argentino César Aira, de quien denuesta sus «libros vacíos que vacían, libros sin literatura que acaban con la literatura»

/ por Antonio Costa Gómez /

Este escritor (es un decir) argentino se propone acabar con la literatura. Para él todos los grandes escritores intensos son una mierda. Sábato, Cortázar, Rulfo, son una mierda. Juan José Saer, tan sugestivo, no vale nada. Y este tipo no se mira al espejo. Lo que escribe es pura deyección de gallina, algo sin consistencia, una diarrea sin final.

Escribe cientos de libros que son pura inanidad. Para él da igual escribir bien o mal, lo ha dicho así claro, no importa si los libros son buenos o malos, el caso es soltar cualquier cosa. Escribió El mago y no tiene magia ninguna ni tiene densidad literaria ni nada. Un mago se aburre porque solo fabrica números industrialmente y no es capaz de crear nada original.  Se aburre y nos aburre a nosotros. Y así son los libros de Aira, sin gracia ninguna, sin aportar nada.

Aira socava las bases mismas de la literatura. La literatura nos inquieta, nos trastorna, nos revela, nos hace el mundo interesante, nos hace ver lo que no vemos, nos revela la vida, le pone fuego a las palabras. Pero él quiere escribir por escribir. Y se burla de los que hacen literatura. Como siempre, el que no sabe se burla de los que sí saben.

Es peor que los best sellers: al menos la gente sabe que no son literatura. Pero si la gente cree que lo que hace Aira es literatura, apaga y vámonos. Se acabó toda la intensidad de la literatura, se acabó toda su fuerza y su magia. Se acabó todo su poder demoníaco de indagar en nosotros. Entonces este tipo está engañando a todo el mundo y está desacreditando el nombre de la literatura.

Habla de magia pero no aporta magia ninguna. El mundo a través de sus escritos pelmazos es árido, gris, aburrido, hinchado y sin aire.  Sin agua, sin latido. Se acabó toda vibración, se acabó toda vitalidad si le hacemos caso a él,  y nos quedamos en lo escuálido y lo flojo. En lo que no tiene peso ni siquiera nos encanta la nariz.  Este tipo le quita la sal a la sal. El mundo entero estará sin vida si la gente lo toma en serio.  Ya no es el fin de la literatura, es el fin de la vida.  Nos trae la mema santidad del aburrimiento.

Nos da el coñazo dividido en infinidad de trocitos como esas imitaciones de azúcar que daban en las ferias infantiles, o esos pedruscos que parecía que iban a pesar mucho pero luego no pesaban nada. Ni tampoco te daban nada. Los propios niños acababan fastidiados. Pero aquello aún despedía un poco de ilusión, los pedruscos de este argentino mataliteratura  no despiden nada.

Y pensar que hemos llegado a esto. A tomarse en serio estas zarandajas. Ahora ya no son los recuadros plúmbeos que aplicaban el estructuralismo en las introducciones académicas de los libros. Ahora ya no es la pedantería de los académicos que se leen unos a otros sin pisar la calle y lo reducen todo a gráficos y fórmulas. Ahora también es la pura exaltación de la inanidad, de la trivialidad, del hacer por hacer. ¿Pero qué coño nos pasa?

Pero los argentinos son masoquistas y consumen eso. Libros vacíos que los vacían, libros sin literatura que acaban con la literatura. Y mucha gente es masoquista y consume eso. Esos libros los van a trivializar a todos, les van a quitar el gusto por la literatura de verdad, igual que quien bebe calimocho se vuelve incapaz de apreciar el vino. Y lo más gracioso es que algunos lo toman en serio, incluso hacen análisis sesudos o le dan coartadas intelectuales.  Lo ennoblecen, vaya. Como el que reflexiona sobre la diarrea y le da  un estatus como tema. Si no nos movemos, tipos como este acabarán con la literatura.


Antonio Costa Gómez, nacido en Barcelona en 1956, afincado actualmente en Salamanca, se crió en Galicia desde muy pequeño. Estudió filología hispánica e historia del arte y hoy es profesor de literatura en enseñanza media. Ha publicado libros en todos los géneros literarios: Revelación, El tamarindo, Las campanas, La reina secreta, La seda y la niebla, etcétera, con los que ha sido galardonado con numerosos premios: la Estafeta Literaria en 1976, el del Ministerio de Cultura en 1981 o el de Amantes de Teruel en 1985. Con Las campanas llegó a la última votación del Premio Nadal en 1994 y del Premio Planeta en 2001. Colaborador en más de una treintena de diarios y revistas, ha viajado por los cinco continentes.

5 comments on “Aira, el peor enemigo de la literatura

  1. Esto parece más un reproche… pésimo. Cuando escribas deja tus sentimientos de lado, al menos cuando intentes hacer crítica, qué falacia tan grande y qué lástima leer estas cosas.

    • Una crítica sin sentimientos es una crítica falsa con aires de cientificismo vacío y eso es verdaderamente falaz. Hacer pasar una opinión como verdad inequívoca absoluta.

  2. Antonio Costa Gómez

    Sí, hay que escribir como robots, sin sentimientos, de manera mecánica, usando la «inteligencia emocional» fría y muerta, los algoritmos, las fórmulas.
    Hay que escribir textos académicos sesudos para que los lean solo otros académicos, y tesis para que escriban sobre ellas otras tesis.
    Lo siento por ti, yo escribo con vida, con todo el ser, busco vida con la vida, no con pinzas ortopédicas.
    El mundo está lleno de papanatas mecánicos. Lo siento por ellos (oh perdón, he dicho: lo siento).
    Y domina la religión de la fama. Si alguien se hace famoso ya es un sacrilegio cuestionarlo.
    Antonio Costa Gómez

  3. José Manuel Ferrández verdu

    Creo que el Sr Costa Gómez está en lo cierto con respecto a Aira
    Su obra es Aire más que otra cosa
    Pero tampoco es que sea aire puro del monte, sino aire más bien contaminado de algo que no es precisamente poesía ni nada parecido

    José Manuel Ferrández Verdú

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