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Aprender es fascista (la trivialización incesante de la enseñanza)

Un artículo de Antonio Costa.

/ por Antonio Costa /

Aprender es fascista

Recuerdo un curso de la ESO en que ningún alumno hacía nada; todos suspendían todo.  Y era infernal solo entrar en el aula. Se hacían reuniones para discutir qué hacer con ese grupo. Y de repente un progre se levantó y dijo: pues yo los apruebo a todos. Del mismo modo un médico en un hospital puede decir: pues yo los declaro sanos a todos. Y el progre creía que era muy progre y que hacía un gran bien. Repartiendo papel mojado como moneda falsa y diciendo a los alumnos vagos: no hagáis nada, seguid así, todo está bien. Porque la versión progre, según un simplismo mecanicista sociológico, es que no estudiaban porque en su casa eran pobres. La verdad es que muchos de ellos eran bastante acomodados. Pero había que seguir así, adoptar mecánicamente la versión oficial. Y yo pensaba: aunque fuera así, ¿en qué les favorece este repartirles papel mojado que no vale nada?

Recuerdo clases en que unos estudiaban, querían aprender, se esforzaban. Les gustaba aprender y sabían que eso era bueno para ellos. Y otros no hacían caso de nada, ni cogían el bolígrafo. No hacían nada ni dejaban hacer a los otros. Pero al final obtenían el mismo título y pasaban al curso siguiente como si nada. Se les estaba diciendo: aprender es fascista, hay que igualar a todos en la ignorancia y en la vagancia. Porque los pobres vagos son pobres en su casa, y con esta actitud tan progre les favorecemos mucho. Si el hijo del abogado tampoco hacía nada, porque simplemente era un vago y un macarra, eso no servía.

Recuerdo a una profesora que decía: no hay que pedirles nada, no importa que el nivel baje, también está bajando el nivel en la universidad. Y lo decía toda contenta. Yo no sé si era una alucinada, una pasota, o una irresponsable. A mí me asustaba lo que sería del mundo con esas actitudes, hasta qué niveles de ignorancia y de falta de preparación bajaría el país (eso sí, con un lenguaje muy progre, y una satisfacción íntima perfumada).

Recuerdo aquella película argentina, La historia oficial. La profesora de historia que quiere que sus alumnos aprendan se nos retrata como conservadora y reaccionaria. El profesor de literatura al que todo da igual y cuya clase es un caos aparece como progresista. Ese simplismo tan candoroso me parece increíble. Y todo el público traga. Aprender historia es reaccionario y no aprender nada es progresista. Incitar a la gente a que sepa cosas es reaccionario.

(También recuerdo a santos varones progresistas que claman en favor de la enseñanza pública con santa indignación, pero mandan a sus hijos a una escuela privada, porque sienten esperanza de que tengan más calidad. Mucha retórica, pero… ¿y no era mejor darle seriedad también a la pública?).

Decididamente aprender es fascista. Y sin embargo, durante tanto tiempo la educación seria, la enseñanza como verdadera preparación, ha sido un medio de que las clases bajas se promocionaran, fueran respetadas por la sociedad, los admitieran en sus casas los ricos zafios e ignorantes, y tuvieran que tenerlos en cuenta.  Prepararse seriamente para abogado, arquitecto, médico, qué sé yo, fue la manera de que muchos desfavorecidos salieran de su miseria, igual que lo fue la Iglesia durante mucho tiempo: el rico podría inflarse con su riqueza pero respetaba al cura. La clase de los clérigos, de las personas estudiadas (con estudios serios) siempre fue valorada, y no pertenecía a los ricos ni a los pobres. Y ahora, con cada plan de estudios cada vez más vacío y trivial, cada vez más patético, los títulos valen cada vez menos. Pero si no se pone la seriedad y la verdadera preparación antes, la vida la pone después.

Almacenes de adolescentes

Y dicen que eso es progresismo. Estimular la ignorancia y desanimar el aprendizaje. Dicen que eso favorece a las clases populares. Y claro, las favorece un montón manteniéndolas en la ignorancia, y dándoles el mensaje de que la ignorancia es buena. Y que si alguien sabe algo es un elitista asqueroso. Porque los que no estudian son solo los pobres porque su casa está muy mal y los ricos todos estudian. Pero yo he visto muchos ricos que no querían saber nada y no estudiaban nada. Y yo siempre quise saber, pero pasé muchas dificultades económicas, y nunca nadé en la abundancia.

Pero ahora, si les dan títulos a todo el mundo, como papel mojado, estudien o no estudien, sepan algo o no sepan nada, los institutos ya no serán centros de aprendizaje, sino almacenes de adolescentes a los que no quieren en otros sitios. Como no pueden estar por las calles, hay que meterlos en algún sitio. Los institutos no son centros de educación, son centros de almacenamiento. Y que pase lo que sea dentro, la sociedad no quiere mirarlo. Y trivializar los institutos les parece progresista. Y que nadie tenga ni idea de nada les parece progresista.

Porque además la enseñanza es obligatoria hasta los 16 años, pero no se quiere que sea enseñanza de verdad. No importa que dentro no aprendan nada, porque no se les pide nada. Y si no les pide nada, no harán nada. Es como cuando los progres de primera comunión les hacen leer a los alumnos lo que ellos quieran. Y si les mandas leer lo que ya leen, ¿entonces qué les aporta el instituto? ¿Qué les das tú que ellos no tengan? Pero es que la hipocresía y la cursilería se visten de satén y canesú. Pero nada, da igual, el caso es almacenarlos ahí y darles al final papel mojado. Y que España entera no sepa ni qué es el Guadalquivir.

Cómo bailar en el ballet Bolshoi

Por muy igualitario que fuera en teoría el régimen comunista soviético,  había que seleccionar, había que escoger a los más exquisitos. Había que destacar a los que valen y ayudarles. Y no todos eran iguales, no todos servían para bailar en el ballet Bolshoi. Pero el ballet Bolshoi iba por el mundo con toda su exquisitez, con la sublimidad de sus movimientos, y con todo orgullo se mostraba en los mejores locales del mundo. Y con su baile deslumbraban a los entendidos del mundo entero.

Pero ahora díganme ustedes: con estas leyes educativas cursis y ramplonas, donde se aprueba a todo el mundo aunque no sepa nada. Aunque no haya hecho ningún esfuerzo, aunque no haya progresado nada. ¿Cómo se llegará a tener un ballet Bolshoi? Si le dices que sí a todos, aunque lo que hagan sea pura vulgaridad. Extenderás la vulgaridad por todo el mundo y promocionarás la vulgaridad.  Y a eso le llamarás progresismo educativo.

Eso viene del simplismo idiota de rechazar toda selección. De decir que lo que vale es igual que lo que no vale, de decir quien toca la flauta de maravilla es igual que quien se tira un pedo. A los dos les das el aprobado en música. ¿Y con eso que consigues? La vulgaridad para todo el mundo, incluso vulgarizar al que no lo es. Hacer que nadie se esfuerce, que nadie quiera saber nada.

Se basan en el simplismo tontorrón y paleto de creer que la élite cultural o espiritual coincide con la élite económica. Que todas las selecciones son la misma. Que todo el que destaca por algo es un burguesazo asqueroso. Tener dinero no significa en absoluto tener cultura, pero los progres se empeñan en que es lo mismo. Cuántos ricachones son brutos e ignorantes. Pero no, toda excelencia es sospechosa.

Demos a todos billetes falsos

Lo progresista es dar un título a todos. Aunque no sepan nada, aunque no hayan aprendido nada. Porque se supone que son pobres, que en sus casas no se promociona la cultura. Como si los ricos promocionaran la cultura. Yo he tenido alumnos muy ricos y muy acomodados que no querían aprender nada. Pero nada, machaquemos siempre en los mismos simplismos y los mismos tópicos.

Yo fui muy pobre y siempre tuve deseos de aprender. Y una vez, entre miles de ejemplos, tuve un alumno que era hijo de un abogado. Porque era hijo de un abogado derrochaba chulería y vagancia, creía que ya lo tenía todo hecho. Al final lo suspendí y una mema me pregunta: ¿por qué lo suspendiste? Coño, por qué iba a ser, porque no sabía nada.

Pero favorecemos a los desfavorecidos dándoles títulos que son papel mojado. También podemos favorecer a los que no tienen dinero dándoles dinero falso. Fabricaremos billetes falsos y se los daremos a los desfavorecidos para favorecerlos. Vaya una forma de ayudarlos. La enseñanza consiste en dar un título a todo el mundo aunque nadie sepa nada. Es el igualitarismo del vacío. También los médicos deberían certificar con papeles que todos los enfermos están sanos y darles un título de salud masivo en los hospitales. Seamos amigos del pueblo, como decía Ibsen.

Eso es la progresía, esta es la forma de favorecer a los desfavorecidos. Bajando el nivel de la enseñanza hasta debajo del mínimo para que todo el mundo tenga el título. Pasando al curso siguiente a quien no aprendió nada en el curso actual, ni siquiera cogió el bolígrafo. Y eso porque es desfavorecido. Es una gran manera de favorecerlo, aquí los progres son geniales. Les damos billetes falsos y los hacemos ricos.

Que los médicos declaren sano a todo el mundo

Sí, es como que los médicos declaren sano a todo el mundo, en lugar de curarlo. Y que la gente diga que son muy bondadosos por eso. Yo diría más bien que son unos tunantes si lo hacen. Unos irresponsables. Pero así funciona la mentalidad de la gente. Sonreír y decir palabras bonitas es la mayor bondad. Y el mayor progresismo.

Eso es lo que quieren que hagan los profesores. Que digan que todo el mundo sabe, aunque no sepa nada. Que pasen todos al curso siguiente aunque no estén preparados. Que nadie repita y pase al curso siguiente de cualquier manera. No saben el abecedario, pero pasan a la sintaxis. Y eso es muy bondadoso y muy progresista.

La gente cree que las notas son como dinero que alguien reparte a su capricho. Pero las notas son informes. Dicen si alguien sabe o no sabe, si ha trabajado o no ha trabajado. Si está preparado o no para el nivel siguiente. Simplemente eso. Son como el diagnóstico para el médico. Pero el que aprueba a todos de cualquier manera es un santo progresista. El que no les exige nada. Pedir que el alumno sepa algo es fascista. Por la misma razón el médico no debe decirte que tienes cáncer aunque lo tengas. Lo más progresista es que te diga en cualquier caso que estás muy bien.

Y eso se basa en que se supone que los no estudian nada no lo hacen porque son pobres, porque en su casa no los animan a ello. Pero yo he visto a montones de ricos que tampoco dan golpe, a hijos de abogados que querían el aprobado porque eran hijos de abogados. Pero aunque fuera como dice el simplismo seudoprogre. ¿En qué beneficias a los pobres al decirles que saben algo aunque no sepan nada? ¿En qué los beneficias al darles papel mojado, documentos falsos? ¿Cómo les ayuda eso? Solo les estás diciendo que no tiene que hacer nunca nada. Pero es mentira. La vida se lo dirá.

Con esfuerzo se consiguió la jornada de ocho horas

Una tipa inefable publica en un gran diario sesudo un texto titulado «Contra el esfuerzo». Dice que el esfuerzo es cosa de norteamericanos capitalistas. Resulta que en Europa no nos hemos esforzado terriblemente durante siglos para conseguir tantas cosas: el derecho al voto, la jornada de ocho horas, la igualdad de derechos, la seguridad social. No, todo eso cayó del cielo, nadie tuvo que esforzarse. Rascando la barriga sin esfuerzo todo el día es como consiguen las cosas las personas y las sociedades. Y la tipa dice que el esfuerzo es cosa de los ricachones. Yo diría que los ricachones son los que se tiran en los sofás a disfrutar sus privilegios, son los pobres los que tienen que esforzarse sin fin, por vivir, y por ser respetados como diría Albert Camus.

El texto se dirige sobre todo a que a los alumnos no se les pida nada ni se esfuercen por nada. Porque se supone que los que obtienen malos resultados son los pobres. Y entonces sus padres se esfuerzan sin cesar cada día para traer comida a casa, pero a sus niños se les dice que no hay que esforzarse en nada. Que lo ideal es que vagueen y no hagan nada. Lo mismo que el hijo del abogado tampoco hace nada (recuerdo un caso muy concreto) y hay que aprobarlo porque es el hijo del abogado. El padre se desloma para darle comida al niño, pero al niño le dicen que no se esfuerce.

Y la humanidad se paralizará entonces, si nadie se esfuerza por nada. Por escribir un buen libro, por hacer un buen trabajo, por aprender lo más posible en la escuela. Si no nos esforzamos por nada, volveremos a la Edad de Piedra. Pero no, el esfuerzo es reaccionario y la vagancia es progresista. Y el mejor profesor es el que incita a sus alumnos a no hacer nada, pedirles que aprendan es fascista. Joder, qué mundo. Oh perdón, olvidé el libro de estilo.

Darle melaza vacua a todo el mundo ¿qué tiene de progresista?


Antonio Costa Gómez, nacido en Barcelona en 1956, afincado actualmente en Salamanca, se crió en Galicia desde muy pequeño. Estudió filología hispánica e historia del arte y hoy es profesor de literatura en enseñanza media. Ha publicado libros en todos los géneros literarios: Revelación, El tamarindo, Las campanas, La reina secreta, La seda y la niebla, etcétera, con los que ha sido galardonado con numerosos premios: la Estafeta Literaria en 1976, el del Ministerio de Cultura en 1981 o el de Amantes de Teruel en 1985. Con Las campanas llegó a la última votación del Premio Nadal en 1994 y del Premio Planeta en 2001. Colaborador en más de una treintena de diarios y revistas, ha viajado por los cinco continentes.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

3 comments on “Aprender es fascista (la trivialización incesante de la enseñanza)

  1. Miguel

    Coincido plenamente con lo reaccionario que resulta propagar la cultura del no-esfuerzo y con tu crítica de cierto izquierdismo de salón que cree que poniéndose de perfil demuestra mejor su compromiso con los valores de progreso y justicia social. Como tú, pienso que se equivocan y lo peor es que el pato lo pagan sus estudiantes, especialmente los que no son ricos de cuna que ven como se deteriora el ascensor social que es la educación.
    Tan solo una crítica. Mi maestro, el periodista Ferrán Belda sostenía que 500 palabras era el máximo que un lector de columnaas de opinión estaba dispuesto a leer.
    Un abrazo y ánimo!!!

  2. Totalmente de acuerdo con el contenido de su columna.

  3. Trivialización de la enseñanza es creer que la voluntad de esforzarse para llegar a ser (por ejemplo) un bailarín del ballet Bolshoi, o para el caso, cualquier otra vocación, tiene que nacer forzosamente en la escuela, el Instituto o en el pudridero universitario.

    Trivialización de la educación es considerar que atosigando a los alumnos con programas, exámenes y procedimientos pedagógicos «exigentes», serios y «como Dios manda» van a aprender algo que no se les olvide al mes de haberlo vomitado en una hoja de papel.

    La trivialización de la pedagogía es someter a una lógica patriotera y economicista lo que debería ser el noble arte de educar. Pensar que hay que formar entes productivos y profesionales serviles en vez de sujetos críticos y morales. Empezar la casa por el tejado. Primero el numerario y el servilismo a la empresa y los mandamases, luego la moral… o ni siquiera eso.

    Una trivialización como una casa de grande es ignorar el hecho de que, por más que existan alumnos pijos insolentes y malcriados, el origen socioeconómico de un chaval condiciona en gran medida y en la mayoría de los casos, las actitudes de los más disruptivos. O de que el alumnado pobre, por bien que estudie, no se vaya a encontrar con más obstáculos en la vida que el cretino insoportable hijo de «popá»…

    Por supuesto que el esfuerzo debe promocionarse, pero igual de trivial resulta concebir que la insípidez del ritual pseudoeducativo actual fomente algo que no sea la actitud de hacer lo menos posible para aprobar y el mero cálculo de beneficios («¿cuánto valen los trabajos? ¿y los exámenes? ¿»¡profe!, ¡cómo vas a calcular las medias»!)

    Un profesor no es un comecocos hipócrita de los RRHH, sino alguien que debería ofrecer al educando herramientas para crecer como persona y buscar por sí mismo sus sensibilidades y talentos. Quien valga para astronauta, bien guiado, sabrá llegar a ello si de verdad lo lleva dentro. Lo mismo puede decirse para cualquier otro tipo de oficio.

    Nada mejor que la educación tal y como la tenemos desde hace siglos para machacar por completo la creatividad y la iniciativa del individuo.

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