Incursiones periódicas

La serpiente autoritaria

La periodista e historiadora Anne Applebaum indaga en su último libro, El ocaso de la de la democracia, en la división del centroderecha liberal por las seducciones de un nuevo y peligroso populismo, pero sin explicar con claridad su origen ideológico.

/ Incursiones periódicas / José Luis Argüelles /

Agradezco libros como el que acaba de publicar en España Anne Applebaum (Washington, 1964), premiada con el Pulitzer de 2004 por Gulag, su historia de los campos de concentración soviéticos. Esta conocida periodista e historiadora está casada con Radoslaw Sikorski, el que fuera ministro de Defensa y Exteriores de Polonia en sendos gobiernos conservadores, entre 2007 y 2015. El ocaso de la democracia: la seducción del autoritarismo, editado por Debate, es un intento de ver qué ha ocurrido en los ámbitos del liberalismo político, incluidas sus élites, a lo largo de las dos últimas décadas. La autora estadounidense (tiene también la nacionalidad polaca) quiere explicarnos y explicarse la quiebra que se ha producido, en ese tiempo, en el bloque de una derecha cosmopolita cuya propuesta económica ha sido hegemónica hasta ahora mismo, pero que lleva años sacudida por la aparición y consolidación de un dextropopulismo neonacionalista de clara aspiración autoritaria.

Appelbaum analiza los casos de Polonia, Hungría, Italia o Francia, junto con el crecimiento de Vox en España o el fenómeno político que supuso, en Estados Unidos, la excéntrica y disolvente presidencia del plutócrata Trump. Podríamos añadir a esa lista otros nombres y lugares, como los de Bolsonaro y Duterte, en Brasil y Filipinas, respectivamente. Y expresa el desasosiego que cierta derecha culta, respetuosa de las formas parlamentarias y constitucionales de la democracia liberal, experimenta ante esa multiplicación de los «huevos de la serpiente». La referencia al título de la conocida película de Bergman, ambientada en aquel Berlín de hace un siglo en el que se incubó el nazismo, es pertinente como símbolo de un tramo histórico —el nuestro— que guarda algunas desagradables similitudes con las horas de la ascensión de los nacionalismos histéricos.

La ensayista recuerda la denuncia que el racionalista Julien Benda hizo en La traición de los clérigos (clercs como sinónimo de intelectuales) en 1927, un libro en el que el filósofo francés fulminaba a aquellos que en su época abandonaban su responsabilidad intelectual (la defensa de valores como los de la justicia y la razón) en favor de lo que describía como una «nacionalización sistemática del espíritu». Columnista de The Washington Post, Applebaum afirma que esa nueva derecha es más «bolchevique que burkeana»: «no quiere conservar ni preservar nada de lo existente». Acude asimismo a la explicación un tanto psicologista de Karen Stenner sobre los crecientes éxitos de la extrema derecha. Esta politóloga australiana relaciona el crecimiento electoral de ese autoritarismo de nuevo cuño con el rechazo a la complejidad y diversidad de las sociedades abiertas, cosmopolitas.

El ocaso de la democracia comienza con la rememoración de una fiesta celebratoria de la Nochevieja de 1999, en el filo del milenio y en una finca de la Polonia que dejaba atrás sus años estalinistas. Todos los invitados compartían, o así al menos se percibía entonces, unas mismas ideas vertebradas por el eje político del centroderecha y la defensa de la democracia liberal. Veinte años después, relata la autora, muchos de aquellos amigos militan sin embargo en el populismo iliberal que se sirve del viejo fantasma del nacionalismo extremo, del rechazo de las sociedades tolerantes y de la mentira organizada de manera sistemática a través de las redes sociales. Un concepto acuñado por Fareed Zakaria y del que la Hungría de Viktor Orbán sería un ejemplo. Libran un combate explícito —una guerra de posiciones— que incluye el socavamiento de las democracias representativas y la sustitución de estas por autocracias con un partido único al servicio del jefe y sus conmilitones.

Podemos compartir muchas de las cosas que Applebaum escribe en su libro y agradecemos, además, algunos de los retratos que traza de personajes con los que ha tratado, como el que hace de Boris Johnson, pero en su análisis hay una insuficiencia de partida: la escritora no acaba de ver o señalar el origen mismo de la deriva hacia el autoritarismo de una parte de aquella derecha anterior al cambio de milenio. Y es que la génesis de ese movimiento está, a nuestro juicio, en las ideas económicas y políticas que aplicaron con denuedo Reagan y Thatcher, con los que la periodista e historiadora simpatizó, tras la victoria en la Guerra Fría y la estrepitosa liquidación de la antigua URSS. El empeño que los dos paladines del neoliberalismo pusieron en el desmontaje del Estado de bienestar —la gran aportación de las democracias gobernadas por socialdemócratas y liberales tras la Segunda Guerra Mundial—, así como su impulso a la globalización de una economía financiera descontrolada, son la causa de la gran crisis mundial que estalló en 2008 y de sus subsecuentes estragos sociales. Sus efectos devastadores, con millones de jóvenes que ven tapiado su horizonte vital, llegan hasta hoy mismo.

Una gran parte de la derecha y de la propiedad del capital (la interrelación entre una y otra son evidentes) han reaccionado al movimiento de protesta que provocó la Gran Recesión con casi el mismo surtido de viejas ideas que auparon hace un siglo a los fascismos (el nacionalismo, la xenofobia…), pero vertidas y troqueladas en el mundo nuevo de las transformaciones tecnológicas del siglo XXI, a las que se ha añadido el aderezo de la crítica a las instituciones que gobiernan la globalización y ofrecen aún un modelo estrictamente liberal, como la Unión Europea (UE). Desde esa retorta ideológica, cuyos laboratorios intelectuales son generosamente financiados por entidades ligadas a potentes corporaciones capitalistas, el dextropopulismo enlaza con el profundo malestar de buena parte de las clases trabajadoras y medias depauperadas por el neoliberalismo, primero, y ahora por los daños sociolaborales a causa de la pandemia del covid-19.

Las advertencias y los propósitos de Applebaum son loables: «Lo único que podemos hacer es elegir con mucho cuidado a nuestros amigos y aliados —a nuestros camaradas—, porque solo con ellos, juntos, es posible evitar caer de nuevo en las tentaciones que ofrecen las distintas formas de autoritarismo». Y lo es, asimismo, su llamada a «repensar cómo debería ser la democracia en la era digital». Pero de lo que la ensayista no acaba de darse cuenta es que ese populismo de extrema derecha que tanto la desazona —su toque de atención está justificado y nos sumamos a esa preocupación— es el correlato de la operación a gran escala de segmentos del capitalismo trasnacional ante el creciente enfado de las clases populares; un malestar que viene desplegándose, como rechazo al brutal y obsceno crecimiento de la desigualdad, en varias sonoras protestas o movilizaciones que van de un continente a otro. La ensayista no acierta a decirnos con claridad que el deslizamiento de una parte de la derecha hacia las formas propias del pensamiento autoritario es el repuesto ideológico al desprestigiado neoliberalismo que nos ha traído hasta aquí, la hijuela de sus excesos y fracasos.


El ocaso de la democracia
Anne Applebaum
Debate, 2021
200 páginas
19,90 €

José Luis Argüelles (Mieres, 1960), periodista y crítico, es autor, entre otras publicaciones, de los libros de poemas Cuelmo de sombras (Versus, 1988), Pasaje (Trea, 2008), Las erosiones (Trea, 2013, Premio de la Crítica de la Asociación de Escritores de Asturias), Gran desconcierto (Trea, 2018), Mar sin fin (Heracles y nosotros, 2020) y Protesta y alabanza (Impronta, 2020).  Preparó y prologó la antología de poetas en lengua asturiana Toma de tierra (Trea, 2010). Sus aforismos han sido incluidos en el volumen Pensar por lo breve: aforística española de entresiglos (Trea, 2013), de José Ramón González.

1 comment on “La serpiente autoritaria

  1. Excelente análisis, que comparto en su totalidad.

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