El runrún interior

El runrún interior: un dietario (33)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre el nombre fascinante de un lugar de León o la lectura de las 'Reflexiones sobre la violencia' de Georges Sorel.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior: un dietario (32)

Martes, 11/1/2022.

La rebelión sin inocencia no es posible, es fruto
del espíritu inocente.
La malicia nunca se rebela.
Se rebelan los niños y los ángeles.

César Vallejo


Miércoles, 12/1/2022. Cumplo una vieja asignatura pendiente comenzando las Reflexiones sobre la violencia de Sorel publicadas por Alianza, con un magnífico prólogo de Isaiah Berlin. Leer a Sorel empieza a ser crucial para entender unos tiempos, los nuestros, cada vez más sorelianos. Inquietante leer, por ejemplo, estos pasajes y no costar ver en ellos, adaptados a las cosas del siglo XXI, a una porción creciente de nuestros contemporáneos, su odio a la democracia parlamentaria y a la política desestetizada, su fascinación por los ideólogos de la cuarta vía, ni comunista, ni fascista, ni liberal, sino todo a la vez:

«[Georges Sorel] parecía carecer de postura fija. Sus críticos le acusaban a menudo de seguir un rumbo errático: legitimista en su juventud y todavía tradicionalista en 1889, ya en 1894 era marxista. En 1896 escribía sobre Vico con admiración. En 1898, influido por Croce y también por Eduard Bernstein, empezó a criticar el marxismo, cayendo por esas mismas fechas bajo el hechizo de Henri Bergson. Fue dreyfusista en 1899, y sindicalista revolucionario durante la década siguiente. En 1909 era ya enemigo acérrimo de los dreyfusistas y, en los dos o tres años siguientes, aliado de los monárquicos que publicaban Action Française y partidario del nacionalismo místico de Barrès. En 1912 escribía con admiración aún mayor sobre Lenin, para terminar manifestando un apoyo incondicional al bolchevismo y, en los últimos años de su vida, una admiración indisimulada hacia el Duce.

[…] Hay, no obstante, un hilo central que conecta cuanto Sorel escribió y dijo: si no una doctrina, sí una actitud, una postura, la expresión de un temperamento singular de una concepción permanente de la vida. […] A Sorel le dominaba una idée maîtresse: la de que el hombre es un creador que únicamente se realiza cuando crea, no cuando recibe pasivamente o se deja llevar por la corriente. [… L]a búsqueda de la paz, la felicidad o el lucro, y la preocupación por el poder, la posesión, el nivel social o una vida sin complicaciones constituye [para Sorel] una traición despreciable de lo que cualquier hombre que haya pensado en ello sabe que es el verdadero fin de la vida humana: el intento de hacer algo digno de su autor, el esfuerzo por ser y hacer algo y por respetar ese mismo esfuerzo en los demás. [… Hay en Sorel] un odio jansenista hacia esos dos males gemelos que son el hedonismo y el materialismo. […] La corrupción de la vida pública le parece más profunda que durante la decadencia de la Grecia clásica o los últimos tiempos del Imperio romano. La democracia parlamentaria, con su fraudulencia y su hipocresía, se le presentaba como un insulto odioso a la dignidad humana, una burla de los auténticos fines del hombre. La política democrática era una especie de enorme Bolsa donde se compraban y vendían votos sin miedo ni vergüenza, donde los hombres eran embaucados o traicionados por políticos intrigantes, banqueros despiadados, hombres de negocios sin escrúpulos, avocasserie et écrivasserie: todos, abogados, periodistas, catedráticos, lanzados a la rebatiña en pos del dinero, el prestigio y el poder en un mundo de idiotas despreciables y sinvergüenzas astutos, de estafados y estafadores, viviendo a costa de los trabajadores explotados en la “ciénaga democrática” de una Europa “entontecida por el humanitarismo”».

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Propone Néstor Rego, diputado del BNG, cambiar el nombre de la Ley de Memoria Democrática por Ley de Reparación de las Víctimas de la Represión Franquista. Me parece justo. Frente a la vaguedad del concepto memoria democrática, acotar bien a qué víctimas de qué cosa nos referimos, y que a la derecha no le pueda dar por retorcer el muñeco para inventarse y meter ahí a las víctimas del comunismo.

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Sigo leyendo El siglo soviético, de Karl Schlögel. Hoy subrayo este párrafo sobre cómo el mundo postsoviético no fue construido por los disidentes de la URSS, sino por su aparato:

«[… L]as cocinas moscovitas se caracterizaban por una intelectualidad humanista y literaria que sabía mucho de valores y tradiciones, pero que apenas entendía de economía, mercados e inversiones. Contaba con deslumbrantes ensayistas y periodistas, científicos que esperaban regresar a la comunidad internacional, trabajadores de museos que enseguida entraron en el circuito internacional de exposiciones y festivales. Pero los artífices del universo postsoviético no provenían tanto de las cocinas moscovitas como de las altas esferas de las organizaciones del Komsomol, de los dirigentes de carrera dentro de las juventudes del Partido, de las cooperativas de dachas de los ministerios, entre ellos la KGB, de las familias de diplomáticos y los colegios elitistas, de las facultades de Economía, Informática, Matemáticas, Finanzas y las business schools internacionales. Aprendieron desde jóvenes a navegar por las aguas inciertas del mercado negro y, cuando llegó el momento, supieron dónde había que estar para conseguir el primer millón. Y pronto comenzó la fuga de cerebros, a medida que el pais desaprovechaba las oportunidades que por fin se le ofrecían. Había hordas de especialistas y expertos, altamente cualificados, deseando marcharse del país, pero también había formas de ascender a la nueva nobleza de oligarcas económicos y personal del servicio secreto. Nunca antes en la historia ha habido semejante eclosión de poder de la clase cleptócrata».

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Hay palabras que siguen una linde y, cuando la linde se acaba, continúan caminando, como el tonto proverbial. Pienso en aquello de los barones, un epíteto que el periodismo político acuñó años ha pensando en figuras como José Bono o Juan Carlos Rodríguez Ibarra: animales políticos de talla indudable, que encadenaban una mayoría absoluta tras otra en sus regiones, las gobernaban durante lustros y obtenían de ello una auctoritas que trascendía las fronteras autonómicos. Bono e Ibarra desaparecieron, pero lo de los barones no murió con ellos, sino que siguió aplicándose a los Emiliano García-Page o Javier Lambán, figuras muy ruidosas pero muy menores, pálido y patético reflejo de aquellas, de cuyas rentas viven. Se acuerda uno de aquellos emperadores crepusculares de Roma, homúnculos risibles vestidos del oropel de un Imperio temible que no hubieran sabido levantar, o de eso que se cuenta en Juego de tronos de los dragones de los Targaryen; cómo a lo largo de los siglos, después del desembarco en Poniente, montada sobre sus lomos, de la nueva dinastía, la inactividad y el acomodo los fueron menguando y volviendo enclenques, hasta jibarizarlos a poco más que el tamaño de una inofensiva lagartija, y finalmente desaparecer. Seguía, pese a todo, llamándoselos dragones.

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Rancière: «No hay ignorante que no sepa una multitud de cosas y es sobre ese saber, sobre esa capacidad en acto, sobre el que toda enseñanza debe fundarse».

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Charles Spurgeon: «Una mentira puede haber recorrido la mitad del mundo mientras la verdad está poniéndose los zapatos».

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Vuelve a estar la cosa caliente en la antigua Yugoslavia. La República Srpska, una de las constituyentes del Estado de Bosnia-Herzegovina, aspira a independizarse y unirse a Serbia y va dando pasos para su desconexión por las bravas. «La República Srpska será independiente y se convertirá en parte de una federación con Serbia», proclama hoy el líder serbobosnio Milorad Dodik. Dicen que decía Winston Churchill que los Balcanes tienden a producir más historia de la que pueden consumir. Hay quien escucha ya retumbar los tambores de guerra. Quieran los dioses que no vuelva a correr la sangre por aquellas comarcas malhadadas.

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Descubro hoy que hay un lugar en la provincia de León que se llama Quebrantaguadañas. Recios topónimos de una edad heroica de hombres y mujeres duros como montañas, supervivientes, domadores homéricos de fuerzas naturales. Si hoy tuviéramos que bautizar algún sitio recóndito u hosco, lo llamaríamos Pierdewifis, Despeñarunners, Cansamascotas. Pero no parezcamos sorelianos: está bien que así sea.


Jueves, 13/1/2022. Leo que Trotski, antiposmoderno antes de la posmodernidad, se refería a la democracia parlamentaria y el humanitarismo como «majaderías kantiano-cuáquero-liberal-vegetarianas».

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Sigo con Sorel, o, mejor dicho, con el prefacio de Berlin al libro de Sorel. Hoy subrayo este pasaje en el que vuelvo a encontrar un fresco involuntario de cierto presente nuestro; de tantos de nuestros contemporáneos de los que venden consejos que para sí no tienen:

«El efecto de la doctrina de Sorel sobre el sindicalismo revolucionario fue mínimo. [… C]uando se le preguntó a Griffuelhes, la personalidad sindicalista más fuerte desde Pelloutier, si había leído a Sorel, su respuesta fue: «Yo leo a Alejandro Dumas». El mismo Sorel se caracterizaba por los rasgos que más despreciaba en otros: demasiado intelectual, demasiado sofisticado, demasiado alejado de la realidad de la vida de los trabajadores. […] [F]ue casi todo lo que denunció con mayor vehemencia: un intelectual alienado, un pensador solitario divorciado de los hombres de acción que ni estableció relación alguna con los trabajadores ni formó parte de ningún grupo vigoroso y cooperativo de productores. Él, cuyo símbolo de creación era la piedra tallada, el mármol esculpido, sólo supo producir palabras. Creía implícitamente en la vida de familia, y durante veinticinco años no la tuvo. El apóstol de la acción sólo se sentía a gusto en librerías, entre proveedores de palabras, habladores apartados, como él lo estuvo siempre, de la vida de los trabajadores y los artistas. Fue un excéntrico, un egocéntrico, un marginado entre los marginados. Es ésta una ironía que, podemos estar seguros, difícilmente dejaría de observar».

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«Vox puede ser muchas cosas pero, lo que no es, es un partido fascista», dice hoy García-Margallo. Discrepo totalmente. El fascismo no es una ideología, ni un programa: es una cosmovisión y una tendencia, un campo magnético, una cuesta resbaladiza. No se empieza construyendo Auschwitz. No necesariamente se llega a construir Auschwitz. Basta con que los cimientos mentales de Auschwitz sí estén ahí. Es decir: sí, por supuesto que Vox es un partido fascista. De la efe a la a. Fascismo es la Operación Barbarroja y es Hitler vistiendo traje y corbata en una reunión con empresarios para tranquilizarlos; es retórica antiparlamentaria y es presentarse a las elecciones; es Auschwitz y es magnates judíos apoyando a Mussolini. Son fases, cambios de rumbo y contradicciones.

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Titular: «Tomás Gimeno asfixió a su hija Olivia antes de arrojarla al mar, según la autopsia». ¿Cómo se reinserta esto? ¿Cómo se salda esta deuda con la sociedad? Creo en la reinserción social. Pero también creo que la única reinserción social creíble para un crimen de la magnitud aberrante de asfixiar y tirar al mar a tu propia hija es el suicidio.


Viernes, 14/1/2022. Me topo con dos placas en una esquina del Carmen, en Valencia, adonde he venido a presentar Los nuevos odres. Una vieja placa dice: «Aquí llegó el agua en la riada de 1957». Otra nueva, más arriba, «aquí llegará el agua en 2100».

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Recuerda Mario Aguiriano el mejor inicio de un ensayo que se recuerde: el de La mente reaccionaria, de Corey Robin. «El San Petesburgo revolucionario nos dio a Vladimir Nabokov, Isaiah Berlin y Ayn Rand. El primero era un novelista, el segundo un filósofo. La tercera no era ninguna de las dos cosas, pero creía ser las dos».

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Dos madres, de Leon-Maxime Faivre (1889):

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A veces me acuerdo de la vez que entrevisté a un entrepreneur que había puesto una máquina expendedora de artículos de sex shop en una gasolinera de La Corredoria. Le pregunté cuál era el que más se vendía. Me respondió: «Con gran diferencia, los consoladores anales».

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Me entero de que ha fallecido, con 102 años y en Cracovia, Tadeusz Malinowski, hombre bueno, sabio y fascinante, a quien tuve la fortuna de tratar. Había nacido en 1919 y estudió en Vilnius, donde recordaba la segregación de los judíos en la Universidad y seguir con atención, como estudiante izquierdista, la actualidad de la guerra civil española; luchó en la segunda guerra mundial, donde pasó por Persia y participó en la toma de Montecassino; conoció el Gulag en Altái; vivió en Chile; recaló en Gijón, donde casó con, y enviudó de, dos hermanas. Estudió medicina, derecho y teología, tuvo una relación tormentosa con la fe que se sentía obligado a tener en la Polonia apresada por dos ateísmos pero acabó abandonando, y, ya nonagenario, se matriculó en antropología por la UNED. Recordaré siempre las tardes en su casa de la calle San Bernardo, repleta de libros y recuerdos, escuchando y dejándome embelesar por aquel torrente de vida y sabiduría. He tenido suerte en la vida por muchas razones, y una fue conocer a don Tadeo. Que la tierra le sea leve.


Sábado, 15/1/2022. Los alemanes tienen que tener una palabra para la incomodidad peculiar de cuando conoces a alguien cuyo nombre tiene un apócope obvio (tipo Javier > Javi, o Ignacio > Nacho) pero, como no tienes la confianza de llamarlo así, y tampoco te ha dicho «llámame tal», lo llamas por el nombre completo.

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Decimos a veces que vivimos en una insólita edad del bulo y la posverdad. Es tan cierto como que nunca hemos vivido en otra. Un ejemplo: Pepe Botella era abstemio.

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Buscando información sobre el blaverismo y las Normas del Puig (una ortografía alternativa del valenciano, utilizada por quienes proclaman, contra toda evidencia, que se trata de una lengua diferente del catalán), me topo con esto: un candidato de Vox utilizando la palabra matria (de una manera muy machista). «Los valencianos tenemos la Patria y tenemos la Matria. La Patria es España, a la que adoramos, y la Matria es nuestra terreta, nuestro Reino de Valencia». A este, por lo que sea, no le tiraron el DRAE a la cabeza.


Domingo, 16/1/2022. Décimo aniversario de la muerte de Manuel Fraga. Pablo Casado lo conmemora recordando que decía que «lo único importante es España». Alberto Núñez Feijóo, que «a mellor homenaxe que lle podemos facer é a de continuar o legado que nos deixou: Galicia por encima de todo». El Fraga de Schrödinger.

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Mar Calpena: «Lo que peor ha envejecido de Las chicas de oro es que salen sexagenarios que quieren salir con mujeres de su edad».

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Jorge Moruno: «Habla del esfuerzo: vive de las rentas. Habla de arriesgar: lo heredó todo. Habla de los regalos: le pusieron un puesto a dedo. Habla de la empresa privada: jamás ha trabajado en una. Habla del mercado: vive del BOE. La derecha más cínica e hipócrita de Europa».

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Recuerda Javier Lezaola que Bergamín —quien, como él dice, «conoció más fascistas que el ascensorista del Sindicato Vertical»—, dijo en una ocasión que los más fascistas de todos los que había conocido eran los siguientes: José Calvo Sotelo y Manuel Fraga.


Lunes, 17/1/2022. Comparte Juan Manuel Soria en Twitter esta viñeta de 1906: Marx representado como un Moisés que baja del «Monte Proletario» con las nuevas Tablas de la Ley, El capital y el Manifiesto comunista. Vuelvo a recordar aquello que me dijera un día Francisco Javier Fernández Conde: «El hombre está troquelado por la esperanza». Cuando sacamos a la religión por la puerta, vuelve a entrar por la ventana.

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Es una popular opinion, muy extendida en círculos antieuropeístas, que nos parecemos más a los iberoamericanos que al resto de los europeos, pero no es verdad. La lengua común o el sustrato católico son un nexo muy vistoso, pero muy engañoso. Como antigua metrópoli colonial, nos parecemos más a otras antiguas metrópolis que a nuestras antiguas colonias. Tenemos una economía más diversificada, somos una sociedad menos criolla y no conocemos el choque entre una masa de población indígena y una casta blanca. Nuestros problemas, nuestros debates, nuestros desafíos, las líneas de fractura de nuestras sociedades, se parecen mucho más a los franceses o los daneses que a los peruanos o los bolivianos.

El runrún interior: un dietario (34)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea y CTXT; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

3 comments on “El runrún interior: un dietario (33)

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  2. Agustín Villalba

    «Recuerda Mario Aguiriano el mejor inicio de un ensayo que se recuerde: el de «La mente reaccionaria», de Corey Robin. «El San Petesburgo revolucionario nos dio a Vladimir Nabokov, Isaiah Berlin y Ayn Rand. El primero era un novelista, el segundo un filósofo. La tercera no era ninguna de las dos cosas, pero creía ser las dos».»

    Mario Aguiriano recuerda mal. Ese inicio es el de la Parte III (y última) del libro, titulada «Vistas americanas». En la traducción de Daniel Gascón que yo tengo la frase dice:

    «El San Petersburgo agitado por la revolución dio a Vladimir Nabokov, Isaiah Berlin y Ayn Rand. El primero era un novelista, el segundo un filósofo. La tercera no era ninguna de las dos cosas, pero creía que era ambas.»

    Y continúa con unas líneas que cuesta creer (pero hay tantas cosas que cuesta creer de los americanos y que son reales):

    «Muchos otros lo creyeron. En 1998, según una encuesta de la Modern Library, los lectores consideraban «La rebelión de Atlas» y «El manantial» como las dos mejores novelas en inglés del siglo XX, por delante de «Ulises», «Al faro» y «El hombre invisible». En 1991, un estudio de la Biblioteca del Congreso y del Club del Libro del Mes descubrió que, a excepción de la Biblia, ningún libro ha influido a más lectores estadounidenses que «La rebelión de Atlas».»

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