El runrún interior

El runrún interior (38)

Pablo Batalla Cueto registra en su dietario pensamientos propios y notas de libros leídos y cosas vistas en Internet, escribiendo sobre la guerra civil en el Partido Popular o un pasaje sobrecogedor, por su actualidad, de 'El nacimiento de la ideología fascista', de Sternhell, Asheri y Sznajder.

/ por Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (37)

Martes, 15/2/2022. Me he quedado prendado de esta cita de Xacobe Casas: «Un hijo es como tener algo siempre al fuego».

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Afirma Cristina Pardo, periodista de LaSexta, que no todos los que votan a Vox son fascistas. Probablemente tampoco todos los que votaron al NSDAP o al Partido Nacional Fascista fueran nazis o fascistas, sino en muchos casos, mera gente cabreada e ignorante. La pregunta es: ¿y qué? ¿Qué consuelo o lenitivo es ese? Los campos de exterminio también fueron culpa de aquellos alemanes e italianos cabreados e ignorantes, a quienes la historia no debería absolver. Somos lo que hacemos, no lo que pensamos o decimos que pensamos.

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Me pasa Jorge Dioni esta cita de Torcuato Fernández-Miranda, resumen de tantas cosas, en el funeral de Carrero Blanco, en 1973: «Hemos olvidado la guerra, pero no hemos olvidado, ni olvidaremos nunca, la victoria».


Miércoles, 16/2/2022. Francisco José Contreras (Vox): «Decía la señora Ayuso que algunos de los Dominican Don’t Play son españoles. Supongo que quería decir que tienen el DNI español. Para nosotros ser español es mucho más que tener un papel. Esas personas no hubieran debido tener nunca ese papel». ¿Ya los podemos llamar nazis, o todavía no?

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Hay microhistorias que condensan la más vasta macrohistoria en unos pocos trazos. Esta es una: el cementerio musulmán más grande y mejor conservado de España, hallado en Ávila, fue arrasado para construir una urbanización. Este titular de El Confidencial es otra: «El convento de monjas que fue sede de UGT y mutará en hotel a 145€/noche en Chueca». La historia de España condensada en un titular.

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Hay una cosa con respecto a la cual soy un antimoderno de tomo y lomo: detesto hablar por teléfono, y nunca he conseguido acostumbrarme a ello; a que el pitido interrumpa bruscamente y la llamada se imponga a lo que uno está haciendo en ese momento y también a la artificialidad de hablar con alguien a quien no se tiene delante. Curiosamente, parece ser que me alineo con las generaciones más jóvenes: entre los adolescentes de hoy, lo consuetudinario es tener el teléfono móvil siempre en silencio, y llamar a alguien sin previo aviso ni permiso vía WhatsApp se considera de mala educación; algo invasivo.

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Leyendo El nacimiento de la ideología fascista, de Sternhell, Asheri y Sznajder, me está resultando muy interesante la parte en la que los autores aluden a la defensa que los sorelianos italianos —izquierda revolucionaria prefascista; rojipardos de la época— hacían de la invasión colonial de Libia. Entre ellas, que la guerra vigorizaría al proletariado para la revolución futura. Decía, por ejemplo, uno de ellos, Olivetti, que «el día en que las masas obreras estén maduras para emprender la gran conquista, emplearán con la burguesía el mismo lenguaje que Italia emplea con Turquía: el eterno lenguaje de la fuerza, confirmado en los hechos […]. El lenguaje de la Roma antigua».

Leo también que el lema de Italia Nostra, semanario de la Unione Italiana del Lavoro, organización sindicalista revolucionaria activa entre 1918 y 1925, muchos de cuyos líderes y miembros se harían entusiastas del fascismo, era el siguiente: «La Patria no se niega, se conquista».


Jueves, 17/2/2022. Se pregunta Pablo Iglesias: «¿Legitimar a Ferreras o a Risto Mejide no es quizá una forma de legitimar la normalización de los discursos de la ultraderecha?». Da en el clavo el exvicepresidente. Legitimar al legitimador, admitir —parafraseando a Vernant— a antropófagos o defensores de la antropofagia a un debate sobre recetas de cocina, también es legitimar. Mientras Antonio García Ferreras ampare a sujetos como Eduardo Inda, será un cómplice del fascismo.

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Guerra en el PP, donde Pablo Casado revela que Isabel Díaz Ayuso y su familia se dedicaron al estraperlo de mascarillas en los días más negros de la pandemia. Una hipótesis como otra cualquiera: ¿y si al PP, salvando distancia, le pasa algo así como lo que a CiU: divorcio y escisión entre necroliberales turbonacionalistas por un lado y democristianos y viejoconservadores por otro y que los primeros apañen un Juntos por España con Vox? O también le puede pasar algo así como lo que al PSOE: guerra civil en torno a cómo relacionarse con una fuerza emergente —Podemos para el PSOE, Vox para el PP—, la dirección defenestra con malas artes a la candidata con el discurso que gusta a las bases y esta acaba regresando en olor de multitudes, cual Elizabeth Taylor en Cleopatra. Y otra hipótesis más: que Ayuso se presente a las próximas autonómicas por un Foro Madrid y arrase. Veremos a ver. De momento, la cosa remeda un diagrama de Venn entre Succession, Baron Noir, Mortadelo y Filemón y Chucky, el muñeco diabólico. Y hay un comentario de Ángel de la Cruz en noviembre de 2021 que recobra valor: «Uno de los cambios sociales más profundos de los últimos años se podría resumir en que la gente cree cada vez menos en los viejos roles de obediencia y disciplina (familiar, moral, institucional, etcétera). El PP tiene perdida fuera del partido la batalla contra Cayetana y Ayuso».

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Luigi Salvatorelli, 1923: «Hay, al margen de las fuentes populares y democráticas, toda una serie de manifestaciones del fascismo a las que, sin tener en cuenta y más allá de la toma del poder, podemos y debemos atribuir un carácter de “izquierda”. Pero, a pesar de su vocabulario de izquierda, estas acciones siempre han culminado con hechos “de derecha”».

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Qué sensción extrañísima, esta de ver un partido desangrarse a navajazos y que, por una vez, no sea el de uno. Algo así como:

—LA CULPA ES DE LOS PUTOS TROSCOS, QUE SIEMPRE LO JODEN TODO

—¿Qué dices? Es el PP.

—Ay, disculpa, la costumbre.


Viernes, 18/2/2022. Me cuentan de una mujer de izquierda (atea, republicana, feminista) que está entusiasmada con Isabel Díaz Ayuso, y dice que la votaría en unas generales. Preguntada por qué, dice: «Porque hace lo que le da la gana». También es antivacunas. La izquierda libertaria a veces produce monstruos.

Emma Martín me dice que ella conoce a una mujer de izquierda, atea, feminista y comunista que piensa que se debería prohibir la entrada a todos los musulmanes; que, eso sí, no hace distingos entre jeques árabes y jornaleros. Me pregunta si la izquierda comunista no produce también monstruos. Los produce, faltaría más. También la izquierda liberal produce monstruos. Y la ecologista, y la feminista. Cualquier ideología tiene grietas por las que pueden colarse los monstruos, o pasadizos a través de los cuales llegar desde ellas a parajes monstruosos. Solo conociéndolos y re-conociéndolos podremos tapiarlos. Otra gente me dice que la mujer, entonces, no es de izquierda, o no es libertaria. Y es obvio, pero me parece un mal consuelo o un pensamiento comodón. Debemos hacernos cargo de las derivaciones monstruosas que puede tener la inercia o la simplificación de nuestras propias ideas. ¿La mujer que digo no es de izquierdas o no es libertaria? Pues no lo será, pero hasta ahora lo era. Y me parece que nos interesa saber cómo llegó adonde está ahora y que no lo hizo pegando un salto, sino pasito a pasito, aplicando una cierta lógica.

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Lo que podríamos llamar la hollywoodización o canaldehistorización de la memoria antifascista tiene una serie de derivadas que nos hacen muchísimo daño y no ser capaces de reconocer un fascista aunque lo tengamos delante de las narices. Una es saber más del final del fascismo (los campos de exterminio, la guerra) que de sus inicios y sus precedentes. Otra es saber más del nazismo que del fascismo italiano. Otra es saber más del fascismo triunfante que del parlamentario; el NSDAP o el PNF que se presentaban a elecciones como un partido más. Y otra es esa idea, resultante del filtro romantizador y sublimador del cine, según la cual «si es grotesco, no es fascismo». Esa cosa de que el asalto al Capitolio, por ejemplo, es demasiado cutre para ser fascismo, cuando la Marcha sobre Roma o el Putsch de la Cervecería también fueron vistos como cutres y bufonescos por sus contemporáneos.

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Las páginas finales de El nacimiento de la ideología fascista son sobrecogedoras. Y lo son por su actualidad. Rodeo con un enérgico trazo de lápiz este pasaje concreto:

«Como político experimentado[, Mussolini] sabe que en la Italia de su tiempo nada se puede hacer si se cuenta con la oposición de las fuerzas sociales tradicionales: el ejército, la burocracia, la magistratura, los círculos empresariales, la Casa Real y la Iglesia. El ex jefe de la izquierda revolucionaria ha comprendido perfectamente la lección que se desprende del desastre de todos los revolucionarios: la ocupación de las fábricas se ha saldado con el mismo fracaso que la locura de Fiume. El sueño de una República de los Soviets se lo han llevado los mismos vientos que han barrido la “Carta del Carnaro”. De modo que empieza a cultivar los verdaderos centros de poder […]

Como se sabe, la conquista del poder por Mussolini no es el resultado de un golpe de Estado, sino el fruto de un proceso político de muchos meses de duración. Este proceso ha sido posible no porque el Estado hiciera dejación de sus funciones ante la violencia y la astucia fascistas, sino por la comprensión, incluso, la simpatía de la que gozan los fascistas en el seno de una amplia fracción de la clase política, de los ambientes intelectuales, creadores de opinión, y, en general, en el seno de las elites sociales. La agitación fascista, tanto en los centros industriales como en el campo, en los institutos, las universidades o entre los ex combatientes, no plantea problemas reales a las autoridades del lugar: la correlación de fuerzas es tal que esta agitación puede ser dominada en cualquier momento. Lo mismo sucede en lo que respecta a los preparativos de esa expedición grotesca que se llama «marcha sobre Roma». Los fascistas, escasamente equipados, mal alimentados, chapoteando en el barro bajo la lluvia torrencial, frente a las fuerzas del orden bien organizadas y bien encuadradas a las órdenes de mandos expertos, no tienen ni la menor oportunidad de vencer, a menos que en su camino encuentren un poder político poco dispuesto a resistir.

[…] De hecho, antes del 30 de octubre de 1922, así como en el curso de los dos primeros años posteriores a su acceso al poder, la situación de Mussolini es bastante precaria. A veces faltará muy poco para que la aventura fascista, al menos provisionalmente, se vaya al traste. Una primera ocasión surge en julio de 1922, cuando se perfila la posibilidad de la formación de un gran gobierno de unión antifascista con la participación de los socialistas, una carta de Giolitti dirigida al director del periódico Tribuna sofoca brutalmente este último destello de energía. […] Dos años más tarde aparece una segunda posibilidad de desalojar a los fascistas. El asesinato, el 10 de junio de 1924, del diputado socialista Matteotti, cuyo célebre discurso del 30 de mayo afectó duramente a los fascistas, abre una crisis gravísima. […] Una intervención de los liberales cerca del Rey hubiera probablemente bastado para decidir la sustitución de Mussolini, pero los amigos de Giolitti en estos momentos siguen tan bien dispuestos a aceptar a los fascistas que no consideran oportuno exigir la dimisión de su jefe.

De todos modos es la posición de Benedetto Croce, el intelectual más relevante del país y, cara al mundo exterior, el representante más célebre de la cultura italiana, la que adquiere mayor significación. En estos momentos críticos, Croce estima que el fascismo, a pesar de todo, ha hecho cosas buenas, de modo que no sería nada sensato trabajar para derribarlo. Croce piensa, por el contrario, que es necesario dejarle que culmine su evolución hacia la cordura y la normalización. El 26 de junio [de 1924], el senador vota la confianza al gobierno Mussolini. Resulta muy reveladora esta mano levantada de uno de los europeos más famosos de su tiempo a favor del aprendiz de dictador, en el poder desde hace casi dos años y responsable de un crimen odioso, en el momento en el que el régimen (cuya auténtica naturaleza no es un secreto para nadie) es particularmente vulnerable. Es el símbolo por excelencia de la problemática que representa el fascismo, de uno a otro extremo del continente, para esa intelectualidad europea tan refinada, tan culta, pero que desde hace tiempo ya ha perdido la fe en las virtudes de la democracia liberal».

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Es muy célebre lo de los camiones en las gasolineras, pero, a tenor de mi experiencia, otra garantía de buena hostelería son las cafeterías de polígono industrial.

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La marea ayusista, que sigue maremoteando después de saberse que Ayuso se ha dedicado a lucrar a toda su familia con dinero público, me hace acordarme de cuando pregunté una vez hace muchos años, durante un verano en Inglaterra, a un italiano por qué votaban a Berlusconi. Me dijo: «Porque nos gustaría ser como él».

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Se debate en Twitter, a partir de un artículo publicado en el infame VozPópuli, si las mascotas se han convertido en un placebo para familias sin hijos; un sonsonete caro a la purria rojiparda. Yo, que tengo cinco perros y tres gatos, sí que creo que hay una cierta correlación entre decaimiento de la natalidad e incremento de la tenencia de mascotas, una cierta pulsión de paternidad light detrás de este (un ser al que cuidar y educar, pero ocuparse del cual, además de más barato, no sea ese angustioso tener algo siempre al fuego que decía Bastida) y una cierta humanización perniciosa de los animales (y me refiero a perniciosa para ellos: lo que gusta a un humano puede incomodar a un animal, y viceversa). Pero es un tema que hay que abordar desde el amor a los animales, la conciencia ecologista (no es disparatado no querer traer hijos a un mundo que se avecina hacia la catástrofe), el liberalismo moral (y si alguien prefiere tener perros o gatos que tener niños, ¿qué?) y la compasión, no desde la psicopatía y el conspiracionismo reaccionarios. También desde esto que me comenta X. López: «Yo creo que a cualquiera que hable de esto sin poner el 90% del foco en la situación económica y social de la gente joven no hay que darle ni la hora. Llámame marxista ortodoxo».

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Se concede a Vicente Vallés, el periodista de Antena 3, el Premio Primavera de Novela por una titulada Operación Kazán. El jurado da argumentos como estos: «Les diré casi un eslogan: léanla, no les va a defraudar»; «Es una novela llena de intriga que, desde una perspectiva muy original, plantea un asunto de ficción que bien podía ser de la más absoluta realidad». Como señala Miguel Martínez, semejantes clichés indican que debe de ser difícil justificar mínimamente el premio. El asunto es que el premio lo conceden El Corte Inglés y Espasa, editorial del Grupo Planeta, accionista de refernecia de La Razón y Atresmedia, donde trabaja Vallés. Blanco y en botella. Es todo de un descaro, una cutrez y una guarrería que no da uno crédito.

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Señala sagazmente Carlos Langa que «el concepto papá Estado solo se emplea cuando se trata de justicia social. Para chanchullos con la administración, comisiones y mordidas se usan términos como negocios o “es todo legal”».

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Publica Carlos Prieto en El Confidencial un reportaje sobre los veinte años de La hora chanante, historia viva del humor español. Tiene algún pasaje desternillante. Por ejemplo, aquel en que los creadores del programa, que se conocieron estudiando Bellas Artes en Cuenca, recuerdan performances extravagantes de algunos compañeros de carrera en aquella facultad caracterizada, según recuerdan, por un enfoque antiacademicista de la disciplina y animar a sus estudiantes a proponer proyectos rompedores, originales:

«Joaquín Reyes: “El profesor Maldonado nos pidió hacer pintura experimental. Un compañero ideó un artefacto (un trípode con un brazo de hierro) para disparar pólvora al lienzo. Se metió en una habitación con el profesor para probarlo. Encendieron la mecha. Hubo un estruendo brutal. Se movieron las paredes (no bromeo). El profesor Maldonado acabó como un dibujo animado: el pelo para arriba, negro y con un hierro del armatoste clavado en la pierna. Eso era suspenso o matrícula de honor, no había medias tintas».

Ernesto Sevilla: “Un compañero se desnudó ante un espejo, se afeitó los pelos de los huevos y se los pegó en la cara. Al final, se le rompió el espejo encima y se hizo bastante sangre”.

Joaquín Reyes: “Cuando tocaba performance, no era raro que hubiera una ambulancia en la puerta de la facultad. Una compañera se tumbó en un bloque de hielo, al hospital. Otro comió carne cruda, al hospital. Otro se comió un ramo de claveles mientras bebía vino, al hospital. Acabar hospitalizado era síntoma de buena performance».

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Isabel Díaz Ayuso reconoce que su hermano cobró un 3% por transportar material. Tres por ciento, tres per cent: el apego de la derecha española —ya sea españolista o catalanista— por esta cifra es verdadera pasión. We are the 3 percent.

Sobre todo este asunto, señala Virginia Hernández, la joven alcaldesa de San Pelayo (Valladolid), referencia del ruralismo de izquierdas, que «en los pueblos pequeños nuestros familiares son las primeras víctimas de nuestras alcaldías. Les dejamos fuera de todo cuando en muchas ocasiones pueden ser la única persona que desarrolle la actividad en el municipio». La ética puede ser injusta. Pero eso no es excusa para no tenerla.

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Llega de Estados Unidos esta noticia espeluznante: «Más de la mitad de los Estados de EE UU han aprobado normas que animan a denunciar a los docentes que hablen de sexismo o no traten el Holocausto desde el punto de vista de “ambos lados”». He aquí los dos lados del Holocausto y su memoria: en una orilla, el Todesfüge de Paul Celan; en la otra, Josef Mengele inoculando el tifus a enanos y cosiendo por la espalda a gemelos para crear gemelos siameses. Como dice X. López, «toda la locura con lo posmo, lo woke, la corrección política, la censura popular, el arden las redes, era y es un moral panic de manual para imponer esto. Desde el estado. La censura y persecución política de siempre, la aburrida y real».

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Señala Jorge Riechmann, y me parece un apunte interesantísimo, que es crucial entender bien cómo se crea hoy el dinero. Comprender, por ejemplo, que al conceder créditos hipotecarios, los bancos crean de la nada ese dinero, que luego el prestatario ha de devolver en la moneda dura del tiempo de trabajo y el desgaste que el trabajo produce. Cualquier debate sobre la propiedad adquiere otro color si se saben estas cosas.

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Friedrich Engels, 1874: «¡Que ingenuidad pueril presentar la propia impaciencia como argumento teórico!».


Sábado, 19/2/2022. Segúnuna encuesta, Isabel Díaz Ayuso arrasa entre los votantes del PP: un 71% la elegiría como presidenta. El mejor apunte a esto lo hace César Rendueles: «Lo de evitar la superioridad moral suena bien. Pero no se muy bien como se hace cuando hablamos de miles de votantes que no ven ningún problema en especular con bienes sanitarios de primera necesidad con el Palacio de Hielo lleno de cadáveres».

Sigue coleando la guerra pepera. Y nos recuerda Joaquim Bosch que el escándalo de corrupción más conocido del franquismo fue el caso Matesa, pero se conoció porque fue aireado por la facción falangista del gobierno para perjudicar al sector tecnócrata. Ha sido habitual —señala— que la corrupción en los partidos se tape, excepto cuando se usa en las guerras internas. ¿Cuánto no sabremos, ni intuiremos?

Muy mal se le tiene que dar a Pedro Sánchez, pienso, para no sacar oro de todo esto, tirando de imagen de partido de Estado frente a rivales que, o son una jaula de grillos, o son nazis.

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Propone Enric Juliana hacer de Madrid un Distrito Federal, con un gobierno metropolitano elegido de acuerdo con el promedio de los resultados electorales en toda España. Mal no suena.

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Tengo un amigo ayusista en Facebook (tiene uno más amigos que Roberto Carlos) que acaba de compartir un meme consistente en un cuadrante de fotos: las dos superiores, Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo; las inferiores, Pablo Casado y Teodoro García Egea. Sobreimpresa, esta leyenda: «Mujeres valientes vs. hombres cobardes». Representa bien una cosa de la derecha actual que contradice cierta caricatura del machista tosco y me resulta curiosa: la atracción política especial que sienten por las mujeres cañeras. A la gente de derechas le suelen gustar los candidatos cañeros en general, pero percibo que, cuando son mujeres, les pone un punto extra. No sé si hay un algo freudiano ahí detrás.

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Leo que el primer partido político francés en inaugurar una página web, en 1996, fue el Frente Nacional. Uno de tantos paralelismos: el fascismo de hace un siglo fue el más temprano y eficaz entendedor de la potencia de la radio. El actual lo ha sido con Internet: nadie aprovecha tan bien hoy sus posibilidades para la agitprop como los fascistas.

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Nunca fui un buen jugador del Age of Empires porque nunca conseguí desprenderme del todo de una preocupación estúpida por que el poblado quedara bonito, que me sentenciaba frente a jugadores implacablemente funcionales. Pienso que a la izquierda ha solido pasarle un poco eso.

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Señalan en Twitter que «Ayuso no sólo es turbo-neoliberal, es que además ha resucitado el estraperlo en el siglo XXI trincando millones de productos de primera necesidad. Como sus abuelos en 1940». El capitalismo es como los McDonald’s: sirve la misma comida basura en todas partes, pero con pequeños matices y complementos adaptados a la idiosincrasia y el gusto nacionales. El español es aderezar la hamburguesa Margaret Thatcher con salsa Sito Miñanco.


Domingo, 20/2/2022. Moriche: «“Todo puede pasar” es una frase socorrida, pero no, no todo puede pasar. No hay desde aquí ninguna posible línea temporal en la que vuelva Soraya o Vox se desinfle. Las próximas urnas serán, sin matices, pugna descarnada entre democracia y fuerzas abismales. España en su Megiddo». Moriche también: «No es Gramsci, es Lovecraft». Me acuerdo de aquello de Góngora: «infame turba de nocturnas aves». Y al buscar el poema, encuentro un comentario que lo relaciona con este otro, de la Tebaida de Estacio, escrita en el año 90-91 d. C.: «Criaturas monstruosas vuelan:/ pájaros de mal agüero chillan entre nubes,/ y gimen los vampiros nocturnos y el búho,/ vaticinando fatales calamidades».

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Me viene con frecuencia a la cabeza una escena de Nevenka, el documental de Netflix. En una manifestación de entonces a favor de Ismael Álvarez, una mujer mira a cámara y vomita: «A mí no me acosan si yo no quiero». Esa mezcla de estupidez y psicopatía, alquimia basurienta de las turbas reaccionarias. La historia nunca juzga ni condena a esas anónimas sabandijas. Nunca hay, porque no puede haberlos, juicios de Núremberg para esas masas de cientos de miles de perpetradores del mal. Y sin embargo, son tan responsables de él como el tirano y su camarilla.


Lunes, 21/2/2022. Me pasan el cartel de un sarao sobre el Camino Primitivo y Asturias como «cuna de la Reconquista» que incluirá varias conferencias sobre historia de España. Todos los ponentes son novelistas. Hay un nacionalismo al que no le sirven ni los historiadores amigos: hasta en el más afín queda un resto de prurito de que la historia, como decía Jameson, sea lo que duele.

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En ese canal de televisión infecto donde los haya que es Telecinco, entrevistaron anteayer, leo, a uno de los asesinos de Sandra Palo, de quien ofrecían «conocer su nueva vida». Palo tenía veintidós años y una discapacidad psíquica cuando, en 2003, fue violada por cuatro jóvenes que, después, la atropellaron quince veces y la quemaron viva con gasolina.

La brutalización de la sociedad que precede a las grandes atrocidades de masas —pienso— es un camino largo con afluentes paradójicos. La relativización de asesinatos tan espeluznantes como aquel por vía de abrirse a la comprensión o la compasión hacia sus autores es uno.


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia y máster en gestión del patrimonio histórico-artístico por la Universidad de Salamanca, pero ha venido desempeñándose como periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleCrítica.cl, La Soga, Nortes, LaU, La Marea y CTXT; dirige desde 2013 A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019) y Los nuevos odres del nacionalismo español (2021).

3 comments on “El runrún interior (38)

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  2. Agustín Villalba

    Tres observaciones:

    1.- En el texto se repiten 33 veces las palabras nazi-nazismo y fascista-fascismo.

    2.- «Francisco José Contreras (Vox): «Decía la señora Ayuso que algunos de los Dominican Don’t Play son españoles. Supongo que quería decir que tienen el DNI español. Para nosotros ser español es mucho más que tener un papel. Esas personas no hubieran debido tener nunca ese papel». ¿Ya los podemos llamar nazis, o todavía no?»

    Eso lo piensan también el 80 % de los franceses sobre los inmigrantes de su país (porcentaje, en las encuestas sociólógicas serias, de los que también creen que hay demasiados extranjeros en él). ¿Hay en Francia 80 % de nazis?

    3.- No recuerdo quién dijo, comentando el paso, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, del 34,10 % obtenido por Mitterrand en 1988 con el 6,36 % de B.Hamon en 2017 (hoy la candidata socialista Ana Hidalgo está en los sondeos a 1,5 %) y la desaparición del Partido Comunista francés (que pasó de 20,61 % en las elecciones legislativas de 1978 a 2,7 % en las de 2017) : «No hay nada más peligroso para la izquierda que dejar el monopolio de la lógica a la extrema derecha».

    A meditar (como el hecho de que el partido francés más votado por los obreros sea el de Marine Le Pen).

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