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Calendario (11)

Una nueva página del ‘Calendario’ de Avelino Fierro: «La luz se vuelve indecisa en sus tareas hacia finales de mayo. Lo he visto bien esta tarde al venir por la carretera vieja de los páramos tras visitar a mis padres. No sabía a qué atenerse: si a los brotes verdes de la tierra, a las horas que se entretienen y arañan más minutos de esta claridad, a un tapial desmoronado que se pinta de carmín, al agua embozada de una charca…»

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Calendario (10)

Una nueva página del Calendario de Avelino Fierro. «El paisaje era de un pueblo, de vencejos y con barro. ¿Por qué la lluvia nos lleva a ese tiempo de emociones, a esa canción del pasado? De los días con más horas, de beatas y milagros, de un maestro con escuela, de rebaños y silbidos, de yuntas y campanarios; de una forma de vivir que ya no tiene remedio»…

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Calendario (9)

Una nueva página del Calendario de Avelino Fierro. «Un golpe de viento arrastra por el parque las flores rosas de los prunos; algunas quedan asomándose al vacío negro de las papeleras o sumidas en el agua. Subo el cuello de la cazadora para esperar la luz negra de la tarde. Camino por calles agitadas. Y sé que luego estarás tú»…

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Todo es ahora, y nada de nuevo

Una nueva página del ‘Querido diario’ de Avelino Fierro: «Empezaron a suceder algunas cosas. Aquellas cortinas se descorrieron; el quitanieves comenzó a rascar el hielo en las carreteras de montaña; Orión se elevó en la noche por encima de los bosques de hayas; en la cafetería, una adolescente temblorosa que esperaba retocó el carmín de sus labios; unas decenas de pájaros nocturnos velaban… Alrededor de nosotros se movía otra vez la sintaxis entrecortada del invierno».

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El idioma de los argentinos

En esta nueva página de su diario, Avelino Fierro diserta sobre el habla argentina; «acento enfático a veces, adormecido otras», que hace a uno imaginarse «a las palabras en tropel viendo caer el crepúsculo en la quinta de un arrabal en Buenos Aires y viajando luego en ‘tramway’ hasta un café del centro y asomándose a una tertulia: unas saldrán lentas de la boca, como desperezándose, y otras a toque de cornetín, en formación de combate, preparadas —esto es lugar común, para nosotros, de los hablantes de allá— para argumentar o disputar durante horas con intensidad».