Música clásica y rock
/por Ramón Finca/
Era la de los primeros años de la década de los setenta en Gran Bretaña una época de excesos en el rock. En cierta manera, el fenómeno se había consumido a finales de los sesenta, cuando el movimiento flower power fue presa de su propia contradicción ideológica y grandes figuras del rock based blues, como Janis Joplin o Jimi Hendrix, fallecieron de una forma inesperada como una señal grotesca del final de una era. En este punto de agonía, se produjo un acercamiento entre la música clásica y el rock, dos mundos aparentemente antagónicos que se encontraron —favorecidos por los nuevos adelantos en la organología y la producción de sonido— en un intento de volver a poner en marcha a pleno rendimiento los engranajes de la industria rock, a la estela de la última vanguardia de los Beatles, la psicodelia y los experimentos de rock fusion jazz.
El número de diferentes subgéneros rock que surgieron al calor de la fiebre rocksinfonista fue sorprendente: desde tendencias eminentemente comerciales y de estructuras de medio calado —como el rock orquestal o la ópera rock— hasta subgéneros francamente interesantes que desarrollaron arquitecturas compositivas más que notables basadas en obras del repertorio clásico, como el rock progresivo, el art rock puro o el rock progresivo con influencias de la música clásica de vanguardia. No pensemos de ninguna manera que estos estilos eran un fenómeno estético aislado y residual, producto de la mente excéntrica de cuatro iluminados. Bandas de fusión rock/música clásica, como Yes o Emerson, Lake & Palmer, llegaron a tener varios trabajos entre los tres primeros de las listas de ventas en Reino Unido y Alemania, algo inconcebible en el panorama actual musical. Por otro lado, una entregada legión de miles de febriles seguidores llenaban los estadios con un derroche escénico extraordinario, que incluso creó tendencia artística por su imaginería surrealista y manifiestamente esteticista.
En unos pocos años, la fiebre rocksinfonista fue presa de su propio exceso, fagocitada por una contrarréplica feroz de millones de puristas amantes del rock cansados del gigantismo y los alardes de erudición de un puñado de académicos del rock —de formación clásica, en muchos casos—. Ese fue uno de los motivos de la aparición de estilos de acusada simplicidad, como el punk.
No debemos dejar de reconocer la calidad del material con el que nos obsequiaron estas bandas: experimentación rítmica llevada al extremo, utilización consciente y efectista de lenguajes modales para recrear determinadas atmósferas tardomedievales o épicas, instrumentos clásicos conviviendo con combos de rock y transgresoras propuestas de aleatoriedad, microtonalidad o minimalismo. Por el contrario, en la crítica retrospectiva actual se acusa al rock de salón de falta de una identidad definida y la pérdida de autenticidad derivada de su acercamiento al universo clásico. Lo cierto es que estas bandas avant garde se convirtieron en faro estilístico fundamental para estilos de rock avanzados más propiamente contemporáneos —como el post-rock de Mogwai o la neopsicodelia de Flaming Lips—, y sin duda el acabado sonoro y el desarrollo compositivo de buena parte de los temas merece que nos acerquemos sin prejuicios a unas estéticas que combinan la rebeldía, la frescura y la épica del rock con el refinamiento y el afán de excelencia de la música clásica.
Recomendaciones:
Art-rock en línea orquestal: Concierto para grupo de rock y orquesta (movimiento I), de Deep Purple.
Estilo rock progresivo: Romeo and Juliet, de Emerson, Lake & Palmer (corte basado en la suite Romeo y Julieta de Prokófiev, en concreto en la marcha El baile de los caballeros), y el álbum Tarkus, también de Emerson, Lake & Palmer.
Art-rock puro: Freudiana, de Alan Parsons Project, y el álbum Tales from Topographic Ocean, de Genesis.
Art-rock puro con influencias del rock progresivo: Roundabout, de Yes, y el álbum Queen II, de Queen.
Estilo art rock con influencias de la vanguardia clásica: Larks tongues in Aspic, de King Crimson, y Echoes, de Pink Floyd.
Bibliografía de apoyo:
Katherine Charlton: Rock music styles: a history, McGraw-Hill, 1998.
Adriana Pereira Rey: Buscando el crossover, Fundación Autor, 2004.
Michael Heatley: Rock & pop: la historia completa, Robinbook, 2005.
Timothy Warner: Pop music, technology & creativity, Ashgate, 2003.
Michael Erlewine: All music guide to rock, Backbeat, 2002.
Marc Brend: Strange sounds, offbeat instruments and sonic experiments in pop, Backbeat, 2006.
Frank Tirro: Historia del jazz moderno, Robinbook, 1993.
Richard Graf y Barry Nettles: Chord scale theory and jazz harmony, Advanced Music, 1997.
Robert P. Morgan: Antología de la música del siglo XX, Akal, 2000.
Donald Jay Grout y Claude V. Palisca: Historia de la música occidental, Alianza, 2006.

