/ Tengo de coger la flor / Pepe Monteserín /
Para mejorar las cosas, antes que destruirlas y volver a empezar, debemos intervenir en una pequeña parte. Hölderlin pretendía cambios completos y a fondo, lo dijo en Hyperion («Es werde von Grund aus anders!»), pero las transformaciones radicales suelen llevar al sitio de partida; así lo entendió Lampedusa en El Gatopardo cuando escribió que para que todo siga como está es necesario que todo cambie («Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi»), inspirado en Alphonse Karr; éste decía en su revista, Les Guêpes, que cuanto más cambia algo más se parece a lo mismo («Plus ça change, plus c’est la même chose»), copiado de Charles Maurice de Talleyrand, que dirigió dos revoluciones y engañó a veinte reyes. Los cambios completos y a fondo fracasan. Cuidado con pasarse de rosca; Dios se pasó con el Diluvio y no somos la generación de Noé mejor que la de Adán.
Debemos mimar el timón; con un giro brusco puede trasluchar el barco y llevarnos a pique; «go overboard», dicen los ingleses, caer por la borda, que en sentido figurado también significa pasarse de rosca. A un ferry que zarpe de Gijón rumbo a Saint-Nazaire, le bastaría una mínima deriva para recalar en Irlanda, ¡o en Islandia! Un grado, medio milímetro, es suficiente para permitir que la llave gire en la cerradura o se atasque y pasemos la noche a la intemperie. Mover la semilla una cuarta puede hacer que se malogre o que germine. Lo opuesto a lo malo y a lo indeseable más que en las antípodas está en las cercanías.
Mi admirado Josep Mari Esquirol, en La penúltima bondad, subraya que para regenerar lo degenerado basta medio palmo; que para instaurar el reino de la paz y el progreso no es necesario la tabla rasa y dar inicio a un mundo completamente nuevo, basta con empujar un poquito esta taza, este arbusto o aquella piedra, y subraya que la revolución eficaz depende de medio palmo. Por supuesto, a efectos de mejorar las cosas, hablamos de medidas de longitud de comportamiento, de milímetros de ética. Cinco centímetros separan un beso en los labios de uno en la mejilla, y una micra separa esos besos en los músculos de la moral.
No pretendamos que las cosas sigan como están, tampoco que cambien radicalmente para que sigan como están. Alfonso Sastre decía, en La sangre y la ceniza, que hay que dejar las cosas en su sitio; no como estaban. Y llevar las cosas a su sitio, siempre desde la esperanza antes que desde el miedo, obliga a un gramo de cordura, a movimientos finos para que encajen los rodamientos del alma, a un palmo de afecto para que la mano acaricie, la mente comprenda, la palabra transcriba un pensamiento bondadoso. Diría un franciscano: poco es casi todo.
Pepe Monteserín Corrales (Pravia, Asturias, 1952) ha escrito novelas, relatos y ensayos (algunos publicados en Trea), viajes, teatro, documentales para televisión, cuentos infantiles, letras para canciones, unos seis mil artículos para Prensa Ibérica, y ha colaborado en programas de radio y televisión. Su obra literaria ha obtenido múltiples reconocimientos en todos los géneros. Su último libro es Diccionario humorístico de un escritor: miles de definiciones, textos eruditos y chistes ad hoc (2022).

