Icono del sitio El Cuaderno

Vacaciones online

/ por Eduardo García Fernández /

En esta época del año en la que gran parte de la gente se va de vacaciones o se irá (aunque también los hay que no pueden irse), una costumbre cada vez más arraigada es fotografiar los sitios donde se veranea y colgar las fotos en las redes sociales, ya sean Facebook, Instagram, etcétera. Se fotografía lo que se come, algo que en la era analógica sería una estupidez —gastar una foto en eso—; se hacen selfis con los monumentos de turno, las calles; en definitiva, se retransmite el veraneo como si fuese en streaming; un tour completo para alimentar el narcisismo imperante, además de pretender dar envidia a familiares, amigos y cualquiera que se asome a la red social de turno. Todo con tal de mostrar y de demostrar lo feliz que se es, el estilo de vida tan estupendo que se tiene. Sin embargo, jamás se mostrará en una fotografía el retraso sufrido en el aeropuerto de turno, o en la estación de tren, o aquella comida que sentó fatal.

Este afán continuo de mostrar en todo momento donde se está y lo que se está haciendo solo contribuye a no saber disfrutar del momento presente y estar más pendiente de los otros, porque todos (bueno, casi todos) tenemos un yo pensante y un yo observante. El yo pensante es la parte de ti que piensa, planea, juzga, compara, crea, imagina, visualiza, analiza, sueña despierto y fantasea: lo que se conoce como la mente.

El yo observante es fundamentalmente distinto del yo pensante. El yo observante no piensa; es esa parte de ti encargada de la concentración, la atención y la consciencia. Por ejemplo, cuando contemplas una puesta de sol extraordinaria, hay momentos en los que no haces más que mirarla, tu mente está tranquila, no discurren pensamientos por tu cabeza, simplemente registras los muchos colores del espectáculo que tienes ante tus ojos. Estás observando y no pensando, como sostiene el psicoterapeuta Russ Harris en su magnífico libro La trampa de la felicidad: deja de sufrir, comienza a vivir, editado por Planeta. Entonces interviene tu yo pensante: ¡mira cuantos colores!, ¡esto quiero fotografiarlo! Cuanta más atención le preste tu yo observante a los comentarios del yo pensante, más perderás el contacto directo con esa puesta de sol.

Y es así que muchas personas —no todas, por supuesto—, en lugar de disfrutar observando lo que tienen ante sus ojos solo están pendientes de colgar las fotos en las redes, de sus vacaciones online, perdiendo a veces el disfrute de lugares y momentos probablemente irrepetibles.


Eduardo García Fernández (Oviedo, 1968) es licenciado en psicología clínica y máster en modificación de conducta. En 1999 abrió una consulta de psicología clínica en la que aborda todo tipo de patologías y adicciones. Entre sus aficiones se encuentran la literatura y el cine. Y acostumbra a vincular éstas con su profesión dando lugar a artículos con un enfoque diferente. Ha realizado y participado en programas de radio en Radio Vetusta, ha colaborado con la revista digital literaturas.com y en la actualidad colabora esporádicamente con artículos y reseñas en el periódico La Nueva España.

Salir de la versión móvil