Las cinco dimensiones de la música mediante la descripción de cinco obras para piano
/por Ramón Finca/
La estética musical trata de definir el valor y funcionalidad de los estilos musicales; lo que en función de sus códigos formales y semánticos nos transmiten. Esta valoración siempre ha estado condicionada por el contexto ideológico en el que se desarrolla el estilo en cuestión, con el añadido de estar sujeta a constantes reinterpretaciones y actualizaciones. No obstante, tradicionalmente se reconoce una serie de fundamentos esenciales —comunes a la mayor parte de las soluciones estilísticas— que están relacionados con la naturaleza trascendente y atemporal de la propia música. Proponemos, para ejemplificarlo, un recorrido guiado por las cinco dimensiones más profundas de la música, a través de la audición de cinco piezas —o ciclos de piezas— para piano.
ESPIRITUALIDAD: Tres piezas para piano D. 946, de Franz Schubert
Las tres piezas para piano D. 956 de Franz Schubert están concebidas para redimirnos mediante una introspectiva aventura, como relata Friedrich Nietzsche en su descripción de los tres estados evolutivos del alma humana en su obra Así habló Zaratustra. La primera pieza surge desde las profundidades y los anhelos más profundos del alma, con una sección central que aventura la esperanza de una existencia dotada de sentido en el adolescente. El noble tema de juventud que abre la segunda pieza —casi parnásico— encuentra la serenidad, para luego sumirse poco a poco en un aleteo de inquietud amargamente confirmado por el suplicante tercer tema…, pero Schubert no sucumbe y nos vuelve a situar en el umbral de la tierra prometida cerrando la pieza con la luminosidad del primer tema. Finalmente, en la tercera pieza del ciclo el compositor encuentra su particular Santo Grial existencial: la madurez del alma humana, en donde todo lo tóxico y lo accesorio desaparece, y donde se funde el puro juego y la algarabía (secciones extremas) con la sabiduría (sección central) en un crisol alquímico perfecto que trasciende lo puramente terrenal.
MISTICISMO: Leyenda San Francisco de Paula marchando sobre las olas, de Franz Liszt
Más allá del envoltorio bíblico de San Francisco de Paula marchando sobre las olas, la obra nos habla del afán de autosuperación del ser humano y de la confianza en la intuición y la voz interior de uno mismo. Evolucionando desde una atmosfera apacible, el Santo —trasunto del yo— salva escollos y tormentas interiores, descritas vigorosamente con un exultante efectismo musical, para finalmente superarlas y aparecer de nuevo triunfante, con el tema inicial como guía de fe, hasta el final.
SENSORIALIDAD: Dos preludios para piano y Reflejos en el agua, de Claude Debussy
En la transición entre siglos, el descriptivismo pictórico impresionista de Debussy es descrito por diferentes medios: la brumosidad de Nieblas nace de su confusa politonalidad y el hábil manejo de los registros extremos del instrumento, mientras que la bucólica atmósfera de Reflejos en el agua nos baña con su ingenua pentatonía inicial y su extático lirismo posterior. Para concluir, el compositor nos abruma con el despliegue colorístico y efectista de Fuegos artificiales, donde racimos de coloreada pirotecnia ponen al máximo a prueba las posibilidades sonoras del piano.
ATAVISMO: Sonata n.º 4 de Scriabin en fa sostenido mayor
Enraizada en las fuerzas telúricas más elementales, la Sonata n.º 4 de Skriabin se nos presenta como un canto a la suficiencia e ímpetu masculinos en complemento a la receptividad y la prudencia femeninas. El autor recoge antiguas escrituras y enseñanzas orientales para regocijarse en una obra cuyo desarrollo emana de una única célula motívica que poco a poco va recogiendo y acumulando energía para explosionar al final de la obra en una suerte de clímax masculino.
JUEGO: Tres ragtimes
Finalmente, un guiño al buen vivir y a la espontaneidad inunda la sala: estilo híbrido entre la música clásica y el jazz —y de fuerte influencia para toda la música popular posterior de siglo XX—, el ragtime se presenta como un canto a la vida sin complejos.
Cabalgando a ritmo de stride, Scott Joplin despliega un hipnótico y seductor patrón rítmico de fuerte raíz afro en la mano izquierda, mientras la otra mano se regodea, no sin cierta ironía, en juguetonas síncopas y notas blues… ¡Otra ronda, por favor!

