/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Debo confesar mi admiración por Javier Cercas como autor de novelas espléndidas como Soldados de Salamina o Las leyes de la frontera. A través de su tratamiento del tema de la guerra civil o de la delincuencia juvenil en la ciudad de Girona, me pareció identificar a un autor de mirada claramente progresista y nada sectario. No reparé en el hecho de que parecía conocer muy bien la vida cotidiana en Catalunya y para nada me sorprendió que hubiera nacido en Cáceres, pues estoy convencido de que uno acaba siendo de donde vive y trabaja, y no del lugar donde le nacieron.
Tras leer los artículos en El País, me doy cuenta de que nos arriesgamos a quedarnos dando palos de ciego si no nos rebelamos frente al mal gobierno y, en particular, me ha convencido de que frente a la deriva sectaria y las decisiones del gobierno del señor Sánchez y sus palmeros no cabe la disonancia cognitiva y es preciso pasar a la insumisión y a la crítica activa. Es verdad que, en Catalunya, algunos no vieron en la enseñanza inmersiva en catalán una herramienta para imponer la lengua de la patronal y se creyeron el relato de que se hacía para no discriminar a nadie, como también se ha dado el caso de quienes cambiaron la orientación de los acentos de sus apellidos en un intento de congraciarse con el poder; pero lo que desarma del artículo de Javier Cercas es su lamento de pensar que como catalán es invisible al gobierno de su nación y sobra en España, como le han hecho ver los supremacistas de ERC y JxCat.
Ante las concesiones del sanchismo a los independentistas vascos y catalanes y la ceguera de quienes se autodefinen como izquierdistas, debemos sacudirnos el miedo a ser tildados de reaccionarios por el gran mentiroso, perdón, cambiador de opiniones, y no obsesionarnos ante la posibilidad de que la extrema derecha acceda a puestos secundarios en algún gobierno por no seguir a pies juntillas las consignas del líder que tiene secuestrado al PSOE. Hay que decir no a la manipulación, a la compra del poder con cargo al presupuesto del país, a las prebendas a los delincuentes y a la protección a los terroristas que tuvieron en jaque a las capitales de provincia catalanas; hay que alzar la voz contra los intentos de someter al poder judicial y silenciar a los jueces; no podemos quedarnos callados mientras se adoctrina a los catalanes desde TV3 con el dinero de todos y se margina de las instituciones a quienes no comparten el discurso de la mayoría de los votos de los cargos electos. Nos jugamos demasiado: una política exterior dirigida personalmente, de espaldas a su propio partido (caso de la política con Marruecos y el Sáhara) y al margen del parlamento (caso de la participación de España en la protección del tráfico marino), la consolidación de las desigualdades ante la ley de políticos necesarios y simples contribuyentes, el sometimiento de los miembros de un partido como el PSOE a la voluntad de su líder y sus subalternos, el secuestro de los ideales de igualdad y respeto ambiental por quienes no reparan en venderse a cualquiera que pueda mantenerles en el poder olvidando los límites que impone el servicio público.
No es hora de callar, como tampoco lo es de aprovecharse de los beneficios que personalmente pueda aportar el mantenimiento de cuotas de poder. En mi caso, como en el de Javier Cercas, me ampara mi trayectoria de izquierdista que siempre votó partidos con ideales sociales, que se manifestó por el derecho a recibir la educación primaria en la lengua familiar y la disolución de las herramientas de un poder centralista que hoy mantiene una pléyade de ministerios sin competencias y coloca delegados y subdelegados del gobierno como comisarios políticos que no han sido elegidos en sus territorios. Ya ven, esa martingala del gobierno de progreso no se lo puede creer nadie que tenga memoria política y sepa el lugar en que se ubican los socios del gobierno y ha llegado el momento de pedir, desde la izquierda, a los compañeros del PSOE que se deshagan de Sánchez y sus acólitos antes de que acaben con la historia de honradez de su partido.
Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991. Ha publicado más de 700 trabajos en revistas y tiene un índice H de 77 según Google Scholar y libros sobre green analytical chemistry, calidad del aire, análisis de alimentos y smart materials. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal, miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y es Premio de la RSC (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV.

