/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Cada día que transcurre de este recién estrenado 2024 parece que estamos a las puertas de una gran tormenta que no acaba de llegar. Ayer los nubarrones cubrían Gaza e Israel; hoy se han desplazado a Bab el-Mandeb y Yemen.
Para comprender lo que ocurre hoy en el Yemen hay que remontarse a 1918, cuando con el hundimiento del Imperio otomano en la primera guerra mundial y las acciones legendarias de Sir Lawrence de Arabia nacieron nuevos estados, Entre los que se hallaba el reino Mutawakkilita del Yemen y el de la Arabia Saudí, entre otros. El Imperio otomano perecía troceado ante el poder colonial británico. Esos dos reinos árabes recién nacidos del conflicto bélico, sin embargo, jamás se aceptaron mutuamente, y Arabia Saudí intentó invadir al Yemen en 1926. La paz fue efímera y los conflictos entre los dos reinos árabes estaban a flor de piel. En este periodo, Gran Bretaña siempre facilitó las cosas a Arabia Saudí, su principal aliado. Pero en junio de 1945 se obró el milagro y Egipto, Siria, Líbano, Jordania, Arabia Saudí y el reino yemení formaron la Liga Árabe. El Yemen fue reconocido como Estado soberano e ingresó en la ONU. Los intentos de transformar la monarquía electiva en hereditaria dinamitaron su débil estructura política y un golpe de Estado en 1962 instauró la República. De esta forma estalló la primera guerra civil del Yemen entre los partidarios de la República, apoyados por Egipto y la Unión Soviética, y los partidarios de la monarquía, apoyados por Arabia y por Jordania y con el apoyo tácito de Gran Bretaña y Estados Unidos. Eran los tiempos de la Guerra Fría. La guerra terminó hacia 1970 y el país quedo constituido como una república árabe.
Al mismo tiempo que esto ocurría en el norte, en el sur del Yemen se había creado la Federación de Arabia del Sur, que fue un invento del colonialismo británico, que retuvo el poder del antiguo Adén junto con algunos pequeños emiratos que en realidad formaban un protectorado. El control británico sobre el sur duró hasta 1967; con la retirada británica, a este territorio se le denominó Yemen del Sur. Entre ambos Estados hubo siempre ciertas tensiones, herencias de una descolonización mal hecha, pero en 1990 se produjo la unificación política, fundándose la República del Yemen. Sin embargo, la paz duró poco, pues en 1994 las viejas heridas rezumaron de nuevo y estalló un violento conflicto entre el ejército del norte y el del sur. Fue la segunda guerra del Yemen, en la cual el norte se impuso sobre el sur y el presidente, Alí Abdalá Salé, impuso un control férreo sobre un Yemen unificado ahora por la fuerza de las armas.
En el 2004, el jeque Hussein Badreddin al-Houthi inició una revuelta contra el Gobierno, razón por la cual la policía yemení dirigió una operación contra él y su grupo tribal, detuvo a centenares y, al parecer, asesinó al líder. Hussein Badreddin al-Houthi era oriundo de Sa’dah, que es una ciudad de un distrito o provincia yemení. Se trata de una localidad situada a 1800 metros de altura con unos cincuenta mil habitantes; y desde 2011 ha estado bajo control de los hutíes o seguidores del difunto al-Houthi. Estos se consideraron en guerra contra el presidente del Yemen, el ya citado Alí Abdalá Salé, quien, en 2012, ante el auge de las protestas en su contra, tuvo que dimitir y huir hacia Estados Unidos. A estos enfrentamientos por el control del poder hay que sumar que los hutíes se confiesan chiíes, con unas creencias muy parecidas a las de los clérigos iraníes.
La presidencia del país fue ocupada por un general que había sido vicepresidente del gobierno anterior: Abd al-Rahman Rabbuh al-Mansur al-Hadi. Pero la renuncia de Salé no acabó con las divisiones internas y dos años despues estalló la guerra civil entre los grupos separatistas del sur del Yemen y las fuerzas leales al presidente al-Hadi. Fue la tercera guerra civil yemení. Poco despues de iniciarse este nuevo conflicto, hacia 2015, el expresidente Alí Abdalá Salé se alió con los hutíes, regresó al Yemen y tomó parte en la contienda. La guerra civil, cruenta y despiadada sumó nuevos grupos, en especial Al Qaeda, que se estaba adueñando de gran parte del sur del país, además de la piratería endémica que siempre había actuado en las costas del estrecho.
Una parte del sur del país está bajo el control del Consejo de Transición del Sur, un organismo secesionista que pretende separar el sur del norte. Uno de sus lideres, autoproclamado presidente, es Mohamed Ali al-Houti, primo de Adduk-Malik al-Houti, considerado el líder de los huties. Lo cierto es que el Yemen ya forma parte de lo que se ha denominado Estados fallidos.
Pero es un grupo armado de este Estado fallido que llamamos el Yemen el que controla el estrecho de Bab el-Mandeb, que en árabe significa «la puerta de los lamentos», un estrecho de apenas 30 kilómetros de ancho y una longitud de 16 que es la llave del Mar Rojo, por donde pasa el 30% del comercio mundial de carburantes, entre otras muchas cosas. En este territorio de la península arábiga se entrecruzan los intereses del reino saudí, de confesión suní, con sus acólitos de los Emiratos, y los de Irán, hoy controlado por los clérigos chiíes. Sabido es, por otra parte, que Arabia Saudí es desde hace tiempo aliada de Estados Unidos y su acolito, Gran Bretaña, mientras que Irán es un socio importante de Rusia. Y, como es bien sabido, está el telón de fondo de la guerra de Israel con Hamás. Fue precisamente el intento de Israel y Arabia Saudí de firmar acuerdos bilaterales lo que empujó a Hamás a dinamitar el tablero de juego de Oriente Medio.
En esta lucha sin cuartel, sin principios, auténtica guerra no declarada, se juega, en primer lugar, el control de las rutas marítimas mundiales (por mar se transporta el 90% de los productos comerciales de todo el mundo) y, en segundo lugar, la presencia de Israel en el centro del mundo musulmán como guardián de Occidente en las tierras de Alá. Pero falta por mencionar un jugador importante: China. Todo depende de lo que haga el antiguo Celeste Imperio. Por Bab el-Mandeb pasa también la gran ruta de comercio chino, por lo que es difícil que China apoye la desestabilización de la zona, que supondría, no hay ninguna duda, la entrada en guerra de Estados Unidos y todo el bloque occidental. De hecho, la República Popular China dispone de una base militar en Yibuti, a pocas millas al sur de Bab el-Mandeb: la única base militar china fuera de sus fronteras.
Como se puede ya percibir, negros nubarrones se ciernen sobre nosotros. ¿Dónde y cuándo descargará la tormenta?
Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

