Icono del sitio El Cuaderno

No todos volvimos de Troya

/ una reseña de Pedro Luis Menéndez /

¿Fue el destino o fue la voluntad? ¿Dónde, en qué momento dimos comienzo a este viaje en que el amor, la muerte, el deseo y el dolor van ocupando sus espacios como personajes sobre un escenario? No todos volvimos de Troya es un libro de poemas, pero también un diálogo; esa conversación que se abre en el inicio de este largo sueño con una cita de Ovidio: «La brisa favorecerá tu viaje; tú solo desata la nave».

Su autora, Maru Bernal, barcelonesa de origen, pero que reside en Cantabria desde hace más de treinta años (algún día deberíamos preguntarle cuál o cuáles son sus mares), obtuvo con este libro el XXV Premio de Poesía Ciudad de Salamanca. Un libro en que los mitos del pasado se cruzan por la calle con los mitos del presente, y en que la frontera entre la realidad, las luces y las sombras, juega a diluirse con esa otra realidad a la que llamamos sueños. Y para navegar en este mar difícil solo tenemos las palabras.

El libro se divide en tres partes y un epílogo cuyo último verso da título al libro completo: «In illo tempore», «De viejas culpas y nuevas redenciones» y «Homérico Mediterráneo».  Un diálogo, como ya señalaba antes, que nos hace saltar en el tiempo, que nos hace reír, gozar o llorar como en la «Lorquiana Eco»:

Cónclave de sauces
a la orilla del río.

Eco se desangra
en gotas de rocío,
la noche traicionera
se lleva su lamento,
las calas la amortajan
con flores de viento.

¿Elegimos el viaje? O ¿en qué momento Troya decidió por nosotros? ¿Podemos elegir? O solo, una vez desatada la nave, intentar mantener el rumbo, un rumbo tantas veces errado, o aleatorio, o circunstancial, o afortunado. ¿Realmente Prometeo nos libera o nos condena?:

LA NOCHE en que hurtó la llama
que bailaba ligera entre sus dedos
para ofrecérsela magnánimo
a una especie todavía en ciernes,
Prometeo no previó en absoluto
en qué insondables berenjenales

se estaba metiendo.
Un acto impulsivo de titánica rebeldía
contra el soberbio despotismo de los dioses
se trocó en el arma más mortífera de todas,
el libre albedrío de los hombres.

¿Y el deseo de Troya? Su conquista, la derrota, el viaje ¿de ida? ¿O es todo el juego de unos dioses caprichosos que tienen claro que no tenemos regreso? ¿Adónde regresar cuando no hay camino de vuelta? No todos volvimos de Troya porque no pudimos o tal vez no quisimos hacerlo, o más sencillamente no encontramos el camino, distraídos por ese día a día que nos hace soñarnos como eternos. Encuentros y desencuentros, seducciones y heridas sangrantes, agonías que se dilatan en un tiempo en el que la memoria y el olvido juegan también la parte que les corresponde:

DORMIDA en la playa de la memoria,
ahíta de placer y de culpa,
Ariadna sueña que Teseo la abandona.

¿En cuántas islas de Naxos hemos habitado? ¿En cuántas de nuestras playas el olvido tomó posesión de nuestra singladura? ¿Cuántas Ariadnas y cuántos Teseos contenemos cada uno de nosotros, ahítos de placer y de culpa, en el camino de nuestros propios abandonos?:

RUMOR de hojas,
pálpito que acaricia el caer del día.

Un muchacho horada el árbol que me habita.
trenza coronas entre sus dedos,
roza los senos de mi copa con su aliento,
el dulce peso de su cuerpo sobre la hierba,
abriéndome, tierra adentro, abriéndome…

Los versos de Maru Bernal juegan también a establecer su propio diálogo entre el mundo antiguo y el nuestro, que tan cerca se encuentran en realidad, aunque también nosotros juguemos a esa ficción de la lejanía del mundo clásico. Y juegan con su métrica, con su vocabulario, con su precisión de artesana o de orfebre, o de ambas cosas. Poesía de calidad, honda, de raíz y con raíz, bastante alejada de «las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna». Voz y no eco, aunque utilice para su construcción esa Troya que el propio paso del tiempo quizá va convirtiendo en ruina:

TIERRA CALCINADA bajo sus patas,
campamento yermo,
un perro viejo en la orilla
olisqueando cuerpos…

Hécuba busca a los suyos.

Y la belleza y la maternidad y el horror o la venganza acampan en estos versos que necesitan una lectura muy reposada, tan honda como ellos mismos, que no se dejan desnudar al primer intento sino que nos buscan como lectores con la lentitud y la calma que merecen. La madurez de la obra de Maru Bernal va mucho más allá de los aspectos formales porque, como en la mejor poesía, estos no serían sino fuegos de artificio sin alma. Y los versos de Maru Bernal tienen alma. Por ellos palpitan Medea, Helena, Nausica, Casandra, y por supuesto Penélope, inevitable. Pero a mis ojos adquiere en la lectura una cercanía afectiva muy especial la discreta Creusa, que «decide obviar la puerta grande y no entrar en la Historia».

La inevitable Penélope, decíamos antes, que en estos versos responde a Ulises:

DEJA las botas en la puerta,
sacúdete el polvo de la guerra
y llévate tu odisea a otra parte;
mi cama nunca quedó desierta.

Maru Bernal ha publicado con anterioridad Hendiendo el aire & Suturas del alma (en Libros del Aire, 2022) y está a punto de dar a la luz Rumores yámbicos, reciente ganador del Certamen de Poesía Amantes de Teruel, que publicará también Reino de Cordelia. Creo que debemos estar muy atentos a esa nueva publicación que, como las anteriores, no nos defraudará.


No todos volvimos de Troya
Maru Bernal
Reino de Cordelia, 2022
128 páginas
12,95 €

Pedro Luis Menéndez (Gijón [Asturias], 1958) es licenciado en filología hispánica y profesor. Cofundador de la histórica colección de poesía Aeda en 1978, ha publicado los poemarios Horas sobre el río (1978), Escritura del sacrificio (1983), «Pasión del laberinto» en Libro del bosque (1984), «Navegación indemne» en Poesía en Asturias 2 (1984), Canto de los sacerdotes de Noega (1985), «La conciencia del fuego» en TetrAgonía (1986). En 2018 retoma una actividad literaria más continuada que se inicia con el libro de prosas cortas Postales desde el balcón. Recientemente ha dado a la luz en Trea el libro de poemas La vida menguante (2019), el poema-libro Ciudad varada (2020) en los cuadernos Heracles y nosotros, y Cantos (1979-2022), este último una recopilación de sus poemas extensos. Ha obtenido hace unos meses el premio José Luis Hidalgo de poesía con su libro La madriguera (2023). Desde 2017 colabora de modo asiduo en El Cuaderno y mantiene una sección semanal sobre poesía y cuentos en el programa La buena tarde de la Radio del Principado de Asturias.

Salir de la versión móvil