/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Siempre he mantenido que viajar es una excelente escuela que abre la mente a nuevas culturas, gentes distintas con valores diferentes, otros paisajes y otros conocimientos. Además, viajar es un excelente antídoto contra los nacionalismos excluyentes, que tienen más de sectarios que de defensa de los conciudadanos, puesto que de tal nombre se excluyen quienes no comulgan con sus ideas. Así las cosas, entenderán que comparta con Guillermo Quintás la defensa que en su día hiciera de los mochileros y que me escandalicen los movimientos antiturismo y la reivindicación que muchos hacen de la defensa a ultranza de la privacidad de sus ciudades.
Entiendo perfectamente que se grave a los visitantes con tasas que traten de compensar el coste de los servicios que disfrutamos cuando estamos en una ciudad o un país distinto del lugar en el que pagamos nuestros impuestos y tasas. Hay en esas medidas una base de justicia y solidaridad. Lo que no entiendo es que nadie que en algún momento viaje fuera de la ciudad que habita pretenda que se limite el acceso o los movimientos de quienes visiten su ciudad, y trate de engañarnos con argumentos de protección del patrimonio y de la vida cotidiana, cuando lo que hay es un absoluto desprecio por el visitante y una rotunda insolidaridad.
Otra cosa diferente de la llamada turismofobia es la irrenunciable exigencia de que el visitante se comporte con la debida educación, y no hay fobia alguna en exigir a propios y extraños que vistan correctamente, sin que sirva de excusa la proximidad del mar o las temperaturas de la estación; que para todos los climas hay vestimentas adecuadas. Por lo mismo que a nadie se le ocurre viajar a Noruega en invierno sin abrigo, a nadie le debería extrañar que se le pida que lleve ropa ligera y fresca a los veranos de clima cálido, sin necesidad de pasear las calles en bañador.
Otro tanto habría que decir en lo tocante a comer en cualquier plaza, molestando a los otros paseantes, o a tumbarse en la plaza del Obradoiro con la excusa del merecido descanso después de recorrer un trecho del camino y para disfrutar de la belleza de la catedral de Santiago. Ahí, tolerancia cero con la mala educación de propios y extraños, para que nadie se permita comportamientos que no tendría ni toleraría en su propia casa.
Creo profundamente en un solo mundo sin fronteras y abierto al mestizaje de razas, creencias y culturas, y eso me parece aplicable tanto al turismo como a la emigración. Las únicas limitaciones son las que impone el cumplimiento de las leyes y el respeto a los demás. Siento un profundo rechazo por los partidos y programas electorales de quienes satanizan a visitantes y emigrantes. Ahora bien: como ya he dicho, estar de visita o haber emigrado no debe ser excusa para no cumplir las leyes, y en este punto creo que la comisión de delitos en un país distinto debería llevar aparejada la deportación de los delincuentes. Es más: sostengo que, con independencia del lugar en el que se cometa un delito, cada uno debería cumplir condena en el lugar en el que pague sus impuestos; puesto que una parte de los mismos se emplea para financiar el sistema penitenciario. Harían bien ministros de asuntos exteriores y diplomáticos en asegurar convenios de extradición y de mutua reciprocidad en el trato de ciudadanos honestos y delincuentes.
En un mundo globalizado en el que los medios de comunicación han acortado las distancias, regular el turismo y la emigración son cuestiones complejas en las que, por encima de los intereses locales y personales, deben primar los principios de igualdad, respeto y justicia.
Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.

