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Venecia, espejo del mundo

/ una reseña de José Manuel Correoso Ródenas /

Pocas ciudades han estimulado tanto la inspiración poética como Venecia, pocas condiciones humanas tanto como la locura, y pocos momentos artísticos lo han hecho tanto como el Romanticismo. Si aunamos estas tres variantes nos encontramos con una de las piezas menos conocidas y, sin embargo, más sobresalientes e interesantes del más talentosos de los poetas ingleses de la generación de Byron: Julian and Maddalo (1818-1819 [1824]), de Percy Bysshe Shelley (1792-1822). Es este un poema que nos presenta a dos paseantes, bien a caballo bien en góndola, que recorren los vericuetos de Venecia y el Lido, que fluctúan entre los límites de la cordura y la locura; dos aristócratas que sirven de buen reflejo al más aristocrático de los oficios, el de poeta (y de los amigos poetas), como dijera Christopher Marlowe. Como Prue Shaw expresa en su «Introducción»: «La amistad entre poetas ha sido siempre un tema fascinante: evoca compañerismo, pero también rivalidad; un interés compartido por cuestiones de lenguaje y estilo que al resto del mundo le resultan indiferentes; y la pregunta tácita, inevitable: ¿quién de los dos es mejor poeta?» (2024, 9). Con Julian and Maddalo, como en muchas de sus otras composiciones, Shelley da muestra del prometeico esfuerzo que hicieron los románticos ingleses por recuperar el por entonces denostado formato de la poesía narrativa.

La Editorial Pre-Textos, dentro de su cuidada colección La Cruz del Sur, ha vuelto a poner un texto «de los considerados menores» de Shelley en el centro de su producción comercial, tras la publicación en 2022 del poema El triunfo de la vida. Como en la ocasión anterior, la traducción y la edición han corrido a cargo del profesor de la University of Manchester Luis Castellví Laukamp, con una introducción de la mencionada profesora emérita del University College London Prue Shaw (quien también ha intervenido en la edición del texto). La colaboración entre ambos, como ocurriera en el ejemplo anterior, ha hecho de Julián y Máddalo: una conversación una edición imprescindible para acercarse al universo poético de Shelley. Como el propio profesor Castellví anuncia en las páginas que preceden al texto original y a su traducción (2024, 35-37), la presente edición presenta el valor añadido de haber respetado el formato original pareado en que Shelley concibió la conversación poética.

Como se ha mencionado más arriba, Julián y Máddalo versa sobre dos amigos, trasuntos de los propios Byron y Shelley. Así, las escenas se abren con una descripción en la que se nos presenta a ambos personajes: italiano Máddalo, inglés Julián, apegado a las tradiciones el primero, heterodoxo y rompedor el segundo. Con estos párrafos introductorios, Shelley crea una atmósfera de dualidad que tanto éxito ha tenido a lo largo de la historia de la literatura (y, especialmente, en el Romanticismo), y que tan bien representa algo tan veneciano como el Carnaval. Esta dualidad carnavalesca (que Edgar Allan Poe recreará en sus Fortunato y Montresor, con macabras consecuencias) se revisitará más adelante cuando ambos aristócratas visiten el Lido y su asilo para dementes.

La locura, por su condición de impenetrabilidad a la lógica humana, por su amenaza al statu quo de la existencia, ha suscitado la imaginación de los artistas, en sentido positivo o negativo, desde los albores de la Humanidad. Percy Shelley también se une a esta larga lista, haciendo que sus dos protagonistas visiten un asilo:

Entre el sol y nosotros se interpuso
un ruinoso edificio en una isla:

desfigurado, oscuro, sin ventanas,
usado desde tiempo inmemorial

para fines abyectos, en la cúspide
del torreón abierto, entre relámpagos,
una campana se mecía; oíamos

cómo tañía ronca, recia, férrea
frente al sol, horizonte derramando
(2024, 59-61).

La descripción del narrador Julián hace presagiar al lector lo que se alberga tras sus muros: la oscuridad del edificio alude a las oscuridades del alma, como la ausencia de ventanas, por la que es imposible comprender la naturaleza de la locura. Sin embargo, como en otros célebres cuentos de manicomios, los protagonistas no van al manicomio en busca de la enfermedad mental, ni en busca del regocijo en el tormento; por el contrario, se dirigen a la institución para encontrar una luz (como Máddalo expresa, que alumbra lo vacuo de la vida), para escuchar una historia, la del lunático, a quien Máddalo intenta asociar con Julián, de persistir en su visión utópica de lo trascendente. Como aquellos que se atreven a sentarse a escuchar al viejo marinero de Coleridge, Julián y Máddalo son recompensados con la visión de lo imposible, con la historia de un amor perdido (que se vuelve a materializar fugazmente años después): «Tomé por realidad dulces quimeras/ y en este horrible estado desperté» (2024, 93). Al igual que el anónimo marinero, el loco está condenado más allá de lo asumible: «Mientras viva estaré en esta mazmorra,/ toparán el bochorno y la pobreza/ en un camino público conmigo […]» (2024, 99).

Esta historia tendrá su coda años después, como se ha visto, cuando Julián vuelva a Venecia para encontrar, como suele ser, que nada ha cambiado, pero que ha cambiado todo: el mastín ha muerto, la niña es ahora mujer, su amigo no está, el loco descansa en paz… Un final para la narración que tiene una moraleja cuanto menos perturbadora para los que comparten la visión del mundo de Máddalo, un mundo que ya estaba desapareciendo: son el lunático y Julián los que sobreviven, con sus ideas utópicas y nuevas; Máddalo, años después, aunque vivo, se ha perdido en los confines del mundo, y es una sombra en el recuerdo de su amigo y su hija.

Pero Julián y Máddalo es mucho más que una historia de dementes y aristócratas. Como la imaginación ha querido ver en las conversaciones que Byron y Shelley tendrían, la reflexión acerca de lo metafísico también está presente. Ante la mirada contemplativa de la inocencia personificada en la hija de Máddalo, ambos hombres debaten sobre lo que es consustancial al hombre:

Si el hombre, según dices, es un ser

pasivo, no serían perniciosas
las viejas tradiciones y la fe

(tan duras que jamás suscribiría)
que inculcan a los niños inocentes

para imponer el yugo religioso.
Yo tengo otras creencias
(2024, 69).

Frente a la inocencia se discute acerca de cuál es el mejor modo de que se corrompa: ¿la religión? ¿la educación?

En conclusión, la edición que se nos presenta en este volumen es la forma perfecta de acercarnos a un texto que, en buena medida, ha pasado desapercibido para el lector de Percy Bysshe Shelley. Julián y Máddalo, como se comentaba más arriba, es una conversación sobre todo lo que es humano, sobre lo inmanente y lo trascendente, sobre la locura y la cordura, sobre la belleza y la inocencia. En consecuencia, es imposible que el lector no se sienta atraído por lo que estos Byron y Shelley trasmutados tienen que aportar. El escenario veneciano y lidense evoca lo que las conversaciones quieren que seamos, evoca el ideal al que aspira el hombre, tanto el romántico como el actual. Así, Julián y Máddalo se presenta como un diálogo imprescindible que todos deberíamos mantener y que, gracias a la excelente labor de Luis Castellví Laukamp y Prue Shaw, se puede llevar a cabo con todo el esplendor que merece.


Julián y Máddalo: una conversación
Percy Bysshe Shelley
Pre-Textos, 2024
140 páginas
19 €

José Manuel Correoso Ródenas es doctor en filología inglesa por la Universidad de Castilla-La Mancha, y actualmente es profesor ayudante doctor en la Universidad Complutense de Madrid. Su campo de estudio se centra, principalmente, en la literatura gótica, tanto europea como norteamericana, así como en sus interrelaciones y sus conexiones con la cultura histórica de ambas regiones. Otra de sus áreas de interés son los estudios nativo-americanos. Es autor del libro Flannery O’Connor y la literatura gótica.

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