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Elogio de las piernas

/ por Vicent Yusá /

Las piernas, y su función primordial —caminar— han perdido prestigio. Hubo un tiempo en que caminar era el único modo de desplazarse, el único medio de transporte. Con el uso de los animales comenzó el proceso de declive de las piernas, que ha durado siglos. Las máquinas incrementaron el desprestigio de caminar, que con los años va quedando como una actividad para indigentes. Caminar es sospechoso.

Sin duda, las grandes distancias justificaban el uso de máquinas para desplazarse. Ahora, sin embargo, un hectómetro, la distancia que separa tu casa del quiosco o del bar, ya parece que deba realizarse con algún artefacto, sea un patinete, una moto o en bicicleta. Caminar es de antiguos; los posmodernos se impulsan.

Este desprestigio del caminar ha conducido a un uso inadecuado de las piernas: la obsesión por correr, sean maratones, medias maratones, 10K o carreras populares. Correr tal vez estaba justificado en una sociedad de cazadores-recolectores, donde las prisas por alcanzar la pieza de caza propiciaban ese uso de las piernas. Hoy se trata de un mal uso, o un uso biológicamente inapropiado, que muchos tratan de resignificar, quizá impulsados por su subconsciente cazador.

Ya no hay manera de caminar tranquilo, y no solo por miedo a que te tachen de sospechoso o de antiguo, sino porque hoy, en nuestras ciudades, es una actividad de riesgo. Te puede atropellar una bicicleta que se resiste a circular por el carril bici o un patinete que se salta un paso de cebra; puedes tropezar con las mesas de una terraza o ser arrollado por la moto de un rider que quiere llegar a tiempo a servir su pedido a costa de tu integridad. Caminar es un peligro; está objetivamente penalizado.

Usar las piernas para desplazarse con tranquilidad solo es valorado por aquellos a los que ya les flaquean las piernas. Es como un bien negativo que solo se valora cuando lo pierdes, o estás a punto de perderlo, como la salud o la amistad. Vivimos valorando las cosas a posteriori, con nostalgia: ¡qué felices éramos cuando caminábamos y no sabíamos que éramos felices porque caminábamos!

Los antropólogos creen que hace más de cuatro millones de años que nuestros ancestros comenzaron a desplazarse sobre dos piernas, una característica evolutiva que tardó millones de años en establecerse. De seguir por esta vía de desprestigio de las piernas, pronto estas  quedarán como un órgano vestigial, algo residual, como los pezones masculinos o las amígdalas, o peor: como la muela del juicio. 

En tiempos de transhumanismo, donde se pretende mejorar o incrementar por la vía farmacológica o con implantes biónicos nuestras capacidades humanas, sea la memoria, la inteligencia o la duración de la vida, estamos renunciando inconscientemente a nuestra capacidad autónoma para desplazarnos. Es un transhumanismo regresivo.

No planteo recuperar las piernas por la vía punitiva, es decir, que se prohíban los desplazamientos cortos con artefactos diversos; que se obligue a realizarlos solo con las piernas. Pero sí que se incentive, por ejemplo, que los que se desplacen al supermercado, al bar, al restaurante, vayan al cine o a los museos caminando tengan sus descuentos. Incluso que quien acredite más de cinco mil pasos diarios vea reducido sus impuestos municipales.


Vicent Yusá es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud publica de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene un gran número de publicaciones científicas en revistas de alto impacto. Ha realizado estudios de filosofía y es autor de Ascenso a la Torre. Apuntes para una filosofía de proximidad.

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