En 1962, Miguel Torga, uno de los grandes de la literatura portuguesa, hombre comprometido que había padecido la represión de la dictadura de Salazar, visitó en Asturias el santuario de Covadonga. Un miembro del consejo editorial de esta revista nos propone, ahora, rescatar el pasaje de sus Diarios en el que lo relata, muy pertinente en un momento de polémica en torno al último Día de Asturias, tras la decisión del presidente regional socialista Adrián Barbón de dejar de acudir a la misa celebrada en la basílica por el arzobispo de Oviedo, el ultra Sanz Montes, que dedica cada año su homilía a lanzar duras andanadas contra su Gobierno en particular y las ideas de izquierda en general. Torga expresaba en aquel diario la posibilidad de una Covadonga que inspirara sentimientos de resistencia y combate antifascista, en lugar de quintaesenciar una cosmovisión reaccionaria, y EL CUADERNO quiere hacer suya esa mirada:
Covadonga, 3 de septiembre de 1962. Vuelvo a pisar, con la emoción de la primera vez, este reducto ibérico de insumisión y esperanza, y uno honradamente a lo que sentí entonces y siento ahora, en un homenaje que tal vez sea el símbolo de otros homenajes, la gratitud permanente de alguien que, desde que dura el fascismo peninsular, envió aquí diariamente a su espíritu en peregrinación para fortalecer las energías de su resistencia.
Sí, también hay santuarios milagrosos de rebeldía. Sitios sagrados, en que la máscara rugosa de la naturaleza es el rostro severo de la propia libertad. Los Pelayos invencibles de la realidad son los Anteos concretos del mito. Hombres de carne y hueso, combatidos y heridos, que al tocar la tierra recuperan el aliento -sobre todo cuando tocan este u otros puntos invulnerables de su cuerpo-, providencialmente transfigurados, por misterio orográfico, de materno regazo en mítica fortaleza. Los peñascos han dejado de parecer peñascos, y son ahora almenas inexpugnables; y los despeñaderos han dejado de serlo para convertirse en fosos infranqueables. Baluarte y sugestión, es fuerza pura lo que este seno procreador irradia. Fuerza que se niega a temer a la fuerza, y que anima con pertinaz y serena confianza a las almas perseguidas y desesperadas.
Miguel Torga, seudónimo del escritor y otorrino portugués Adolfo Correia da Rocha, nació en Sao Martinho de Anta (Trás-os-Montes) en 1907. Es uno de los principales escritores portugueses de todos los tiempos. Narrador, poeta y dramaturgo, su obra fue premiada a lo largo de su vida con varios galardones nacionales e internacionales. Entre sus obras más significativas cabe destacar Bichos y Cuentos de la montaña, así como un extenso Diario, que es tanto una crónica histórica como un libro de viajes y de crítica literaria en el que España es evocada con extraordinaria frecuencia. De sus numerosos libros de poesía, posteriormente seleccionados por el autor en una Antología poética, resalta esa lección de amor peninsular que son los Poemas ibéricos, la reflexión mitificada del poeta y de su creación que aparece en Orfeo rebelde y la denuncia en Cántico del hombre de la asfixia mental durante la dictadura salazarista. Su actitud crítica, su activismo cultural y, sobre todo, su amor por la libertad le valieron la confiscación de sus libros, la retirada del pasaporte y el encarcelamiento. Murió en Coimbra en 1995.

