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La muerte del hermano

/ una reseña de Ovidio Parades /

La muerte es, sobre todo, un misterio, una incógnita. Nunca sabemos, estemos sanos o enfermos, dónde ni cuándo nos sorprenderá. Así vivimos, día a día, sobre una especie de cable del que desconocemos el tiempo que nos sostendrá. Un poco, sí, a la intemperie. Por eso llenamos el día y la noche de cosas: para ahuyentar esa sensación de desamparo, de fragilidad, de indefensión. Pero un día todo cambia y no vale entretenimiento alguno: nos damos de bruces con la realidad, con la muerte de un ser querido. Una madre, un hijo, una pareja, un hermano… La muerte, entonces, cara a cara. Y en ocasiones, sin un aviso, sin una enfermedad previa que nos vaya alertando, poniéndonos sobre la pista. La muerte, entonces, sin contemplaciones. Y es en ese momento cuando la vida se llena de preguntas y de dolor. Preguntas sin demasiadas respuestas y un dolor que hay que encarar a pesar de las dificultades. ¿Cómo encara un escritor ese dolor? Puede que lo haga con palabras. Puede que busque esas respuestas escurridizas a través de ellas. Las palabras, a modo de brújula. De faro que ilumina lo oscuro, lo incomprensible, lo que asusta. La oscuridad total, la muerte definitiva. 

La muerte inesperada, sin previo aviso, de un hermano. Eso es lo que le sucedió a la escritora Paloma Díaz-Mas en los tiempos duros del confinamiento. Y ahora, agarrada a esas palabras que tan bien sabe manejar, lo rememora. Con detalle, con delicadeza. Sutilmente. Fragmentos, sensaciones, viajes, reflexiones. El antes y el después de esa muerte inesperada. Los lazos familiares. La ausencia. Y, otra vez, el dolor. Ese dolor que nos atenaza la garganta hasta que se va aplacando un poco y se convierte en otra clase de dolor. No, no es el mismo dolor, pero sigue siendo dolor. Un dolor que no desaparece, que no desaparecerá nunca. Las huellas, los recuerdos, los latidos familiares, los momentos compartidos, el cuidado de los gatos. Todo ese tránsito. Complejo viaje. 

Paloma Díaz-Mas ya se había acercado a la intimidad en dos libros espléndidos: Como un libro cerrado y Lo que olvidamos, también en Anagrama. Dos libros delicados sobre la inocencia, sobre los primeros años de vida y los primeros pasos como escritora, y sobre la enfermedad (el alzhéimerque padeció su madre, concretamente, y la visión del mundo desde ahí, haciéndole compañía). Sobre la vida, con sus luces y sombras, con sus altos y bajos, en definitiva. 

Y ahora, tras la muerte del hermano, se acerca de nuevo a la intimidad. Y con qué belleza, desde un dolor sereno, lo ha hecho en este nuevo libro. Con qué exquisitez.


Las fracturas doradas
Paloma Díaz-Mas
Anagrama, 2024
160 páginas
17,9 €

Ovidio Parades (Oviedo-Uviéu, 1971) es narrador de oficio, reconocido por crítica y público por su aguda visión de la realidad plasmada en una prosa directa. Promotor cultural. Colaborador literario en diversos medios escritos y radiofónicos. Tiene publicado varios libros de prosa miscelánea (El extraño viaje, con prólogo de Elvira Lindo; Ventanas compartidas, con prólogo de Maruja Torres; Vivir en los cafés, con prólogo de Laura Freixas), tres novelas (El tiempo que vendrá, La mujer de al lado y La noche se detiene), un diario (Los días raros) y tres volúmenes de cuentos (Corrientes de amor, Mujer en el bar y Carver y el metro de Berlín, publicado por la editorial madrileña Tres Hermanas). Fue librero durante casi diez años. Ha ganado algunos premios literarios y ha quedado finalista, entre otros, del concurso que la revista Zenda le dedicó a Javier Marías y cinco veces del Premio Internacional de Poesía Jovellanos. 

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