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La arqueología de los falsos profetas

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

En portada: Lot y sus hijas, de Jan Brueghel el Viejo y Hans Rottenhammer (c. 1597)

La web es como el Arca de Noé, en donde, según la tradición bíblica, convivieron asnos con astutas gacelas e inteligentes elefantes. Visitando algunas publicaciones de arqueología del Próximo Oriente, he hallado un yacimiento que aparece repetidas veces, citado por miles de usuarios en la web y objeto de alucinantes comentarios. No es la primera vez que leo noticias pseudocientíficas, pero esta me sorprendió. Se mencionaba un yacimiento arqueológico denominado Tell el-Hammam, en Jordania, a pocos kilómetros del rio Jordán y no lejos del mar Muerto. Yo he visitado esta zona en dos ocasiones y resulta fácil darse cuenta de la gran cantidad de restos arqueológicos inventariados. Se trata de un montículo artificial, formado por una gran superposición de estratos arqueológicos, fruto de su intensa ocupación humana. La literatura científica que existe sobre el yacimiento es abundante y se remonta al siglo XIX, con estudios detallados hacia los años treinta del siglo XX, y establece claramente una evolución desde el periodo del Calcolítico, en el IV milenio a.n.e., pasando por la Edad del Bronce hasta la ocupación romana. Pero es en la Edad del Bronce cuando se puede hablar de una auténtica ciudad fortificada. Su extensión es de más de veinticinco hectáreas y, como muchos asentamientos de este periodo, tiene una ciudadela alta y una ciudad baja, todo amurallado.

En la década de los años setenta, miembros del Instituto Británico de Arqueología e Historia con sede en Ammán completaron los estudios, constatando que la ciudadela alta de la Edad del Bronce estaba muy arrasada, y concentraron sus investigaciones en la ciudad baja. Pero en 2005, un grupo de arqueólogos de la universidad Trinity Southwest obtuvo el permiso para investigar el lugar. Esta institución universitaria estadounidense, que no está acreditada científicamente, es una escuela teológica que sostiene que las escrituras bíblicas son «la única representación escrita y divinamente inspirada de la realidad dada por Dios a la humanidad, hablando con absoluta autoridad en todos los asuntos que toca». Con esta premisa, vincularon el montículo con la leyenda bíblica de Sodoma y Gomorra: las ciudades abrasadas por el fuego divino a causa de sus pecados.

¿Qué dice la Biblia de Sodoma? En el cap. XVIII del Génesis, Yavé dijo al patriarca Abraham que destruiría esta ciudad por medio del fuego y del azufre a causa de su pecado —de sodomía—, y que solo Lot y su familia se salvarían. Abraham intercedió ante el Altísimo por sus habitantes y Yahvé le contestó que si hallaba diez justos en la ciudad, la perdonaría. Pero el pobre hombre no los halló. A continuación, en el capítulo XIX del mismo texto sagrado, dos ángeles entraron la ciudad para rescatar a Lot. Eran dos jóvenes muy guapos y Lot los alojó en su casa, pero los sodomitas rodearon la casa: querían que les entregaran a los dos jóvenes, supuestamente para sodomizarlos. Lot les ofreció a sus hijas, pero no las querían: deseaban sodomizar a los jóvenes. Despues, toda la familia y los dos jóvenes ángeles abandonaron la ciudad, e inmediatamente fue destruida con fuego caído del cielo. La mujer de Lot, en su huida de la ciudad en llamas, se dio la vuelta para ver el incendio, y Dios, que les había advertido de que no se dieran la vuelta, la convirtió en estatua de sal. Lot, después de esto, se fue con sus hijas a una cueva —la Cueva de Lot, en el actual Ghor-as-Safi, en donde hoy hay una iglesia bizantina— y, según el relato bíblico, se emborrachó, pero sus hijas, que por lo visto tampoco eran cándidas, abusaron del padre ebrio, cometiendo incesto, y de esta relación incestuosa nacieron los antepasados de los moabitas y los amonitas, dos pueblos establecidos en la actual Jordania, no lejos del rio Jordán y contra los cuales Israel se enfrentó en diversas ocasiones.

Como se puede ver, los relatos bíblicos constituyen a menudo historias míticas, de carácter sagrado. La pretensión de su traducción a hechos históricos es pura fantasía. Por cierto que este mito está también recogido en el Corán, sin mencionar el nombre de la ciudad: aparece comentado en diversos suras (7, 11, 15, 21, 26, 29 y 37), como por ejemplo cuando Lot ofrece a los sodomitas a sus hijas:«Escuchad: Yo tengo dos hijas vírgenes; os las voy a sacar fuera y haced con ellas lo que queráis» (Corán, 11,79).

Dejando al margen las grandes dificultades que existen en arqueología para vincular topónimos antiguos legendarios con yacimientos arqueológicos, el problema principal de este relato absurdo reside en la metodología de análisis para conocer el origen de un gran incendio en un yacimiento de más de seis mil años de antigüedad. La supuesta base científica que avala esta rocambolesca afirmación es que el fuego documentado en el yacimiento —en casi todos los yacimientos del periodo se documentan grandes incendios y ataques bélicos—procede de un cometa. En definitiva, ¡fuego caído del cielo! Y, a partir de aquí, todo encaja. Quienes esto afirman son un grupo que se ocupa de fenómenos extraterrestres, de un modo no aceptado científicamente por ningún grupo de investigación serio. Pero es que, además, las imágenes fotográficas que supuestamente eran las pruebas del cataclismo habían sido toscamente manipuladas.

Pero estas graves manipulaciones de la ciencia no comportan pérdida de notoriedad de los autores del artículo, dado que su objetivo no es científico, sino ideológico-religioso. Lo triste es que, de forma acrítica, esta falsa versión de la arqueología sea reproducida innumerables veces en las redes sociales. Obviamente, detrás de todo ello se hallan las ideologías homofóbicas tan extendidas hoy por los nuevos falsos profetas de la ciencia.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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