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Bordados, delirios y cuidados

/ una reseña de Sara Pardo Prado /

En septiembre se anunciaba la obra ganadora del Premio Nacional de Cómic en este año, otorgado por el Ministerio de Cultura y Deporte. El Cuerpo de Cristo (Astiberri, 2023), de la gallega Bea Lema (A Coruña, 1985) consigue otro reconocimiento más después de ganar este mismo año el Premio del Público en el Festival del Cómic de Angoulême, el premio Bédéleys del Festival del Cómic de Montreal a mejor obra extranjera y el Gran Premio de la Heroína Madame Figaro, entre bastantes otros.

Bea Lema

Una de las cosas que más me gusta de esta novela gráfica es su evolución con el paso del tiempo. Este cómic no ha dejado de crecer desde que la idea original O Corpo de Cristo ganó el premio Castelao de Cómic en 2017 en Galicia, consiguiendo una beca para la prestigiosa Maison des Auteurs de Angoulême. Desde aquel entonces, Lema ha ido trabajando hasta publicar la versión definitiva publicada por Astiberri el año pasado. Con toda esta cosecha de éxitos, no era de extrañar que esta obra recibiera ahora el premio nacional. El nombre de Lema era uno de los más barajados, ya que la obra no ha dejado indiferente a nadie desde su publicación, por muchísimas razones. Quizás la principal se deba a la historia que nos cuenta su protagonista, Vera, y la problemática y en ocasiones tensa relación que tiene con su madre, Adela. Una relación plagada de altibajos y en ocasiones muy recrudecida debido a la enfermedad mental de su progenitora, pero también llena de amor y cariño. Se trata, además, de una historia con tintes autobiográficos, donde la autora relata acontecimientos pasados como sesiones espiritistas o exorcismos a los que se sometía su madre, llevándola con ella y haciéndola parte de sus delirios y visiones. La religión es otro de los temas fundamentales de esta historia, ya que se retroalimenta con el trastorno mental de Adela y la induce a la visión de demonios que poseen y controlan su cuerpo. Solamente al final de esta historia entenderemos quiénes son los demonios y las criaturas que nos rodean y alimentan nuestros miedos. Y creedme cuando os digo que están más cerca de lo que pensáis.

La historia es contada a lo largo de los años por Vera, una niña que nos cuenta la visión que tiene del mundo y de su familia a través de lo que percibe en su casa. Su madre, Adela, dice que el demonio la persigue y la observa diariamente, recurriendo a curanderas y espiritistas para intentar solucionar lo que en realidad es un trastorno delirante. Su padre tiene dos trabajos y muy poco tiempo para los cuidados de una mujer mentalmente inestable. Quiere ayudar, pero simplemente no sabe cómo. Se ve inmerso en la infinita espiral de una monotonía dedicada a la obtención de sustento económico fuera del hogar, donde pasan todas esas historias delirantes que su mujer no para de repetir una y otra vez.

Esta visión es infantil en ocasiones, muy parecida al estilo naíf de la autora con sus dibujos (algo que le ha valido más de una crítica negativa), pero que está cargada de símbolos muy profundos. Vera nos habla del pasado de su madre, de la emigración y la pobreza en una España que obligaba a emigrar a la juventud para buscarse una vida mejor, huyendo así de la crisis económica y la precariedad que asolaba el país. Pero también de los problemas de convivir con un familiar enfermo, de la empatía, la paciencia y la comunicación que requiere una situación tan difícil. En una reciente entrevista, la autora señala:

«En la familia, el cómic nos ha servido para poner el tema sobre la mesa. El hecho de que sea algo incómodo y de no saber cómo tratarlo nos ha llevado al silencio y eso ha empeorado las cosas. El libro nos ha ayudado a buscar ayuda más allá de la familia y a plantearnos cómo cuidamos a la persona que lo necesita, pero también al cuidador».

Lejos de mostrar la enfermedad mental como algo vergonzoso o humillante, Lema lo aborda desde la empatía y el cuidado. Aborda los problemas reales que conllevan las personas que se convierten en cuidadoras: la falta de descanso, la vigilancia constante, la incapacidad de alejarse de la situación (aunque sea de forma temporal), la imposibilidad de realizar tareas particulares y desarrollar una vida estable, lo que condiciona seriamente la capacidad de evadirse o trabar relaciones externas, entre otras. No son situaciones fáciles y muchas veces caemos en la falta de empatía, la impaciencia y la frustración, lo que nos lleva irremediablemente al silencio, en el mejor de los casos. Pero esa no es la solución. Esta obra pone de manifiesto la necesidad de hablar sobre salud mental no como una moda pasajera, sino como un tema que existe, que es real, que está presente y condiciona la vida de quien lo padece y las personas de su alrededor. Todo el mundo puede amar, pero no todos saben cuidar. Y esto es una idea que se repite en este cómic y que va cobrando más sentido a medida que avanza la historia. 

Tanto Vera como su madre se ven arrastradas por la dinámica de tener que convertirse en mujeres muy adultas desde muy pequeñas, haciéndose cargo de grandes responsabilidades relacionadas con el trabajo, la gestión de tareas del hogar y el cuidado de los más pequeños de la familia. Adela tuvo que dejar la escuela para ponerse a trabajar con su madre, aprender el oficio de costurera, cuidar de la familia y ayudar en casa, una situación que para nuestras madres y abuelas fue algo habitual. Vera fue una niña que creció muy rápido y se tuvo que hacer cargo de la gestión emocional de su madre, de sus altibajos y ataques, de su medicación y de su estado, sometiéndola a un constante estado de alerta. Y a pesar de todo, sobresale el cariño y el cuidado de Vera por su madre, una persona a la que admira profundamente.

Tanto la forma como el contenido destacan por su cuidadosa sensibilidad, por su mimo. La autora escoge técnicas artísticas diversas como los rotuladores, las acuarelas y los bordados textiles para guiar al lector por el mundo de Vera y su percepción de la vida. Inspirada por el estilo del ilustrador belga Brecht Evans, la autora entremezcla técnicas diversas con las que consigue dibujos aparentemente simples, pero llenos de detalles y colores. Los bordados originales realizados por Lema se muestran intercalados en las páginas, entremezclados en ocasiones con las acuarelas de las ilustraciones. Utilizar bordados para la composición del cómic es, además, un símbolo muy potente —tanto dentro como fuera de la historia—, porque es una labor asociada a las mujeres, un trabajo que ha sido desprestigiado en más de una ocasión y que requiere además mucho cuidado y una ingente cantidad de horas.  Para Lema es también cosa de familia. Ella aprendió el oficio de su madre y esta de la suya. Y así se convierte en herencia, en tradición. Una tradición que encuentra a la realidad cuando los dibujos se entremezclan con informes médicos que describen el diagnóstico psiquiátrico de Adela, donde se relatan síntomas relacionados con cuadros depresivos, ataques de ansiedad y una marcada tendencia paranoide.

La realidad topa con la (auto)ficción de esta novela gráfica, gran merecedora de todos los premios que ha recibido y esperemos que reciba en el futuro. Lema nos enseña a no tener miedo a hablar sobre determinados temas, especialmente aquellos relacionados con la salud mental y nos muestra un ejemplo de confrontación brutal, especialmente con su padre, ya que es la persona que puede ayudarla a cargar con el peso de la enfermedad de su madre. Una obra que debería leerse en todos los colegios. En los hogares. En los círculos íntimos. En la cama. En el baño. En el metro. En cualquier lugar, en cualquier momento. Para no caer en el silencio y para seguir creyendo en el amor.


El Cuerpo de Cristo
Bea Lema
Astiberri, 2024
184 páginas
21 €

Sara Pardo Prado es graduada en lenguas y literaturas modernas, mención en alemán, por la Universidad de Santiago de Compostela. Su trabajo de final de máster aborda las diferentes perspectivas feministas y ecocríticas actuales y su aplicación a la novela de ciencia-ficción Dune (1965) de Frank Herbert. Ha sido ponente en la primera edición del Congreso Malum Liberatum en la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente cursa el máster de estudios de la literatura y la cultura en Santiago, a la vez que realiza sus prácticas en el grupo de investigación LitLin@, concretamente en el proyecto ExFemLiOn, centrado en el ámbito de los nuevos medios y las humanidades digitales, la literatura elaborada por mujeres germanohablantes en el siglo XX y la recuperación de la memoria histórica.

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