/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
La jornada escolar continua, que se ha ido implantando en los centros públicos de enseñanza de nuestro país, ha sido la última decisión que ha desengañado a las familias sobre la calidad y espíritu de servicio de la escuela pública.
La jornada continua trata, en definitiva, de llevar a los centros escolares el sueño de una función pública en sesión de mañana que permita a los funcionarios disponer de las tardes para su ocio. Vistas así las cosas, podría parecer hasta razonable por parte de profesores y equipos de dirección. En los Consejos Escolares se argumentaba en favor del horario intensivo el descenso del rendimiento de los alumnos en las sesiones de tarde y la necesidad de facilitar la vida familiar, aumentando el tiempo de relación entre padres e hijos. Lo que no se indicaba era que la jornada continua limita el tiempo de recreo a quince minutos al día, dando al traste con el objetivo de socialización de la escuela, aumenta la fatiga y desconexión de los alumnos en las clases de final de mañana y reduce la necesidad de los comedores escolares. Además, en los centros en los que se impone la jornada intensiva y se mantiene el servicio de comedor se tiene la desfachatez de ofrecer a padres y alumnos la posibilidad de actividades escolares complementarias a cargo de los cuidadores de comedor; con lo que se incurre en lo que fuera la mayor crítica al sistema privado en lo tocante a la falta de titulación de algunos docentes.
Es cierto que la escuela pública acepta a todo tipo de estudiantes y eso puede provocar en algunos casos distorsiones del proceso de aprendizaje si la administración se limita a ordenar a los estudiante por su edad y no por su nivel de conocimientos, pero, a mi entender, el mestizaje de estudiantes de diferentes razas, religiones y países de origen supone un enriquecimiento personal y cultural de los estudiantes españolas y favorece la educación en la igualdad y el respeto a la diversidad. También ocurre que la escuela pública es más propensa al acoso escolar por la ausencia de responsabilidades concretas de los equipos directivos y la equivocada política de cambiar de centro a los estudiantes acosados, y no a sus acosadores.
La renuncia a la escuela pública como lugar de socialización en libertad y bajo la responsabilidad directa de los equipos de dirección, la falta de una política educativa centrada en el aprendizaje y no en la comodidad del estamento docente, un mestizaje que no respete la necesidad de mantener un nivel exigente de conocimientos y asigne los estudiantes simplemente en función de su fecha de nacimiento, la imposición de las lenguas minoritarias cooficiales despreciando el derecho a ser escolarizados en la lengua familiar, cuando esta sea una de ellas, el desperdicio de las inversiones públicas en centros escolares que funcionen solo en horario de mañana. Esas, que no otras, son las razones de la pérdida de confianza en el sistema público de enseñanza en nuestro país.
Para recuperar la confianza en la escuela pública sería preciso volver a un sistema de jornada escolar partida que apoye a todos los estudiantes y se base en la mejora de su rendimiento escolar, el reconocimiento del derecho de los escolares a ser escolarizados en cualquiera de las lenguas oficiales de su comunidad, un sistema que favorezca la socialización y sea inmisericorde con el acoso escolar, una apertura al barrio de la escuela como foco de cultura y relación social.
No lo duden: cuando se den las condiciones anteriores, volveré a salir a la calle en apoyo de una enseñanza pública y de calidad. Mientras no ocurra lo anterior, la escuela en este país seguirá languideciendo y cada nivel educativo se seguirá quejando de la falta de preparación de los estudiantes y lo peor: estaremos renunciando a la escuela como ascensor social de los más desfavorecidos económicamente sobre la base de su esfuerzo y su talento.
Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.

