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El ecosocialismo descalzo de Jorge Riechmann

/ Éticas del medio ambiente / Vicent Yusá /

Una de las corrientes éticas y políticas del pensamiento ecologista actual es el denominado ecosocialismo. Su diferencia con otras modalidades del ecologismo es clara: mientras las variantes ambientalistas o ecorreformistas luchan por una mejora del medio ambiente y una mayor calidad de vida de los seres humanos —es decir, una visión antropocéntrica que no cuestiona el sistema actual de producción y consumo, el capitalismo—, el ecosocialismo mantiene un discurso crítico con el capitalismo moderno, objeta el crecimiento económico destructivo y la continua generación de costes externos, tanto sociales como ecológicos, al tiempo que pretende esbozar un proyecto político-social alternativo.

La critica ecosocialista al capitalismo es radical en la medida en que objeta los aspectos básicos del sistema: el antropocentrismo, el extractivismo, el consumismo, el productivismo, la mercantilización, la cultura de la competitividad y la arrogancia tecnológica. Esto nos ha llevado a lo que denominan «trampa del progreso», que comporta, entre otras, una cuestión fundamental en este momento: la extralimitación (overshoot). Esta superación de los límites biofísicos del planeta nos sitúa, de acuerdo con distintos estudios internacionales, en una sobreexplotación de toda clase de recursos bióticos y abióticos, incluyendo el pico del petróleo (punto a partir del cual la producción deja de crecer tras haber alcanzado el máximo) y de todas las formas no renovables de energía, los picos de minerales y metales esenciales en la actual economía (litio, neodimio, tantalio…), y también el agotamiento de los fosfatos, de los acuíferos y las pesquerías. A esta extralimitación ecológica hay que añadir la desestabilización el clima (cambio climático) y una extinción de gran parte de la biodiversidad del planeta, todo lo cual nos sitúa en una trayectoria de colapso.

Fruto de estas circunstancias y basado en el mejor conocimiento disponible, Jorge Riechmann y otros ecosocialistas consideran inevitable el colapso del sistema, lo cual no supone el fin del mundo, sino que su concreción se mueve dentro de un arco de futuros posibles que va desde que «la salida de los combustibles fósiles desemboque en una sociedad más pequeña, más lenta, más hermosa y mejor», hasta un «colapso catastrófico que ponga fin a la civilización». Toda vez que es inevitable el colapso, la única opción, señala Riechmann, es procurar que no se convierta en apocalipsis: «debemos esforzarnos por colapsar mejor». Lo cual implica que no es posible seguir haciéndolo todo como hasta ahora, incluyendo «volar, usar automóviles, comer carne, tener (varios) hijos, quemar combustibles fósiles u organizar la vida económica de la entera sociedad».

Aunque tiene una significación un tanto imprecisa, distintos ecosocialistas, entre ellos Riechmann, coinciden en algunas de las características que definen el colapso: reducción rápida de la complejidad social, disminución muy notable de los intercambios de materiales y energía, disminución de la especialización, menor comercio y una actividad económica mucho más reducida. No es el fin del mundo, es el fin de un mundo. En ese sentido, colapsar mejor vendrá determinado por el hecho de que no se materialice un genocidio:

«Si llegásemos a la segunda mitad del siglo XXI habiendo logrado evitar un descenso demográfico catastrófico y estuviéramos en camino de construir sociedades mucho más sencillas, frugales e igualitarias, menos generadoras de residuos, basadas en tecnologías intermedias robustas, que se olvidara del PIB como supuesta medida del bienestar, que se usaran menos materiales y energía, lo habríamos hecho lo mejor posible en las difíciles circunstancias».

Esta es la situación a la que Riechmann denomina ecosocialismo descalzo.

Como resumen, y a modo de consigna entre hippy y zen, Riechmann lo resume así: «más dialogo, más sexo y más canción; menos automóviles, menos televisores y menos viajes al Caribe». Es decir, el consumismo no puede ser el sucedáneo del sentido de la vida. Y ahí es donde entra el arte de vivir, la vida buena, lo importante, lo esencial, que no puede ser consumismo, el ruido, las prisas y el progreso, sino que entronca con la autolimitación de las necesidades que requieren materiales, energía y territorio. «Es necesario caminar ligeramente».

Riechmann no es optimista: reconoce que no tenemos soluciones dentro del paradigma cultural dominante.  Asegura que «lo ecológicamente necesario es cultural y políticamente inviable. Y lo políticamente posible no sale de la trayectoria mortal en la que nos hallamos: ecocidio más genocidio». Sin embargo, ese reconocimiento, por paradójico y contradictorio que sea, es la condición para una solución, hoy inalcanzable, de un cambio de modelo de civilización.


Vicent Yusá es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud publica de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene un gran número de publicaciones científicas en revistas de alto impacto. Ha realizado estudios de filosofía y es autor de Ascenso a la Torre. Apuntes para una filosofía de proximidad.

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