/ un artículo de Patricio Mátteri /
La obra, escrita para cuarteto de arcos (dos violines, viola y violonchelo) se divide en tres movimientos o partes, tituladas cada una con un pasaje bíblico en su latín original, de movimiento lento, contenido, pesado, indicadas con un metrónomo de 36 la figura blanca. Los tres pasaje bíblicos refieren a la Pasión, y en palabras del autor «se despliegan, como las tablas de un pequeño tríptico-relicario, describiendo en tres de sus hitos los últimos momentos de Jesús».
El primer movimiento, «Sustinete hic, et vigilate mecum» («Quedaos aquí, y velad conmigo», de Mateo 26:38, que narra la oración y prendimiento de Jesús en el Monte de los Olivos), podría considerarse de forma bipartita, armonía tendiente a lo modal y oscilando entre un re menor y un si bemol mayor. Comienza con un solo de violín de largo aliento (12 compases, parte A), agudo, que desciende dentro de una octava de re natural (con fuerte presencia del re bemol tratada como bordadura y nota de paso), jugando con las duraciones y prolongaciones de las figuras para desdibujar el pulso de cuatro tiempos en el que está escrito.
Un pequeño puente de 8 compases en el que violín 2, viola y violonchelo construyen en pizzicati el traslado hacia el si bemol mayor, se imbrica con la entrada de la parte B representada nuevamente por el violín 1 y su melodía aguda que, entrelazándose en breves preguntas y respuestas con el segundo violín, se eleva hasta un sol 6 sobre una base melódica que se apoya fuertemente sobre la segunda menor re menor/mi bemol mayor (la escala representa un si bemol mayor, pero cada ascenso se sustenta en la nota re incorporando el mi bemol pero naturalizando el la).
El segundo movimiento, titulado «Fac me tecum pie flere» («Haz que yo contigo piadosamente llore», décimo tercer párrafo del poema medieval Stabat Mater, que relata el dolor de María ante el padecimiento de Jesús crucificado), trabaja por medio de bloques acórdicos sobre los cuales el primer violín, a veces solo y a veces acompañado por el segundo, desarrolla una melodía sobre la escala de si bemol mayor (uniéndolo en carácter con el anterior).
Los bloques de base oscilan entre la sonoridad del acorde mayor y el disminuido, se apoyan fuertemente en disonancias duras a distancia de segunda menor y avanzan sobre los 38 compases del movimiento con la repetitividad casi mántrica de las líneas individuales de viola y violonchelo: mib-fa-sol la primera, do-re-mib el segundo. Hacia el final del número esta repetitividad se modifica brevemente sin perder, sin embargo, su constante rítmica e imparable.
A forma de espejo con respecto al primero, el último y más corto movimiento («Velum templi scissum est», «El velo del templo se rasgó en dos», Mateo 27:51, que simboliza el momento de la muerte de Jesús), comienza con un solo de violonchelo de 12 compases en una sección A que inicia evocando el salto de quinta aumentada con descenso a quinta justa del Tristán de Wagner (aunque en este caso queda trunco, sin caer en la cuarta aumentada característica), construyendo su devenir con una identidad un tanto más cromática que la ilusión del primer movimiento.
Una breve repetición de la frase final del solo de violonchelo en violín primero da pie a la sección B, final, de 10 compases (que en escritura son, en realidad, 11), de perfil acórdico en blancas, con tres muy breves detalles melódicos primero del segundo violín, luego la viola y por último el violín primero, llevando al paso final de cuatro compases donde el violín 1 sube hacia el agudo a paso de blanca mientras que el resto del ensamble repite casi sin variación el mismo diseño de iguales figuras pero plano grave que llevó adelante durante el B final.
La pieza, aunque breve, se presenta cargada de un dramatismo profundo. No busca ni pretende virtuosismo, todo lo contrario: es en su simpleza, repetitividad, modalismo y un devenir casi cíclico que se construye la representación emotiva de las palabras que dan título a cada una de sus partes. Las cuerdas, si bien nunca exigidas, se lucen en sus registros más oscuros para aportar a la identidad tímbrica de Nazareno, título que refiere a una persona que hace un voto especial en su dedicación a Dios, de un profundo significado espiritual y cultural, profundidad que la pieza representa principalmente en su color.
Patricio Mátteri es licenciado en dirección orquestal y doctorando en musicología por la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la Universidad Católica Argentina. Realizó cursos y clases magistrales de dirección orquestal con Charles Dutoit, Esa-Pekka Salonen, Marc Minkowski y otros. Ha dirigido entre otras la Orquesta Académica del Teatro Colón, la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán y la Orquesta de la Universidad Católica Argentina. Ha dirigido La flauta mágica y Don Giovanni de Mozart, La bohème de Puccini, así como estrenos de óperas argentinas, con su compañía de ópera independiente PiùOpera. Fue investigador del Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega (FACM-UCA) y es docente investigador del Instituto de Investigación en Etnomusicología (IIEt), del que actualmente es vicedirector. Realiza su tesis doctoral sobre el compositor y director argentino Juan Carlos Zorzi. Su web es <www.patriciomatteri.com.ar>.

