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El fluir y los proyectos personales

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Parece ser que en un sector de la sicología y la siquiatría está de moda la idea de fluir como respuesta a las legítimas inquietudes de las personas y sus preguntas clásicas sobre el lugar de donde vienen, su destino, los problemas del día a día, el futuro profesional e incluso las relaciones personales. No tengo nada en contra de fluir, si como tal se entiende vivir y gozar el momento, no angustiarse ante los problemas y las dificultades y no tratar de programar nuestro futuro en cada detalle, sino adaptar nuestro plan vital a las cambiantes circunstancias de la vida. No obstante, creo que ese fluir no debe arrastrarnos y que mal consejo sería aquel que no incluya la necesidad de poner rumbo a nuestras vidas y no dejar el timón al albur de la corriente.

Si la vida fluye constantemente, sería bueno tener listas las velas, fijado un rumbo, aunque sea provisional, y empuñar con firmeza y sin desánimo el timón. No se trata, por supuesto, de imponer a los otros nuestras ideas y anhelos, sino de tener un proyecto de vida que compartir con los demás y trabajar en su adaptación al medio y sus cambios.

En mi opinión, los proyectos personales deberían tomar como punto de partida un sistema de valores y ser realistas y acordes con nuestras capacidades y situación personal. La sinceridad, empezando por la que debemos tener con nosotros mismos, el respeto a los demás y la exigencia de ser respetados en la misma medida, la consideración del esfuerzo como motor de la obtención de cualquier objetivo, la honestidad en nuestros comportamientos, el realismo en la evaluación de las situaciones alejado de la puerilidad y del fatalismo y una buena dosis de autocrítica podrían ser un buen bagaje para tomar el timón de nuestras vidas y soñar un proyecto de futuro.

Cuando hablo de proyectos no necesariamente me refiero a la adquisición de bienes materiales, aunque también, sino a analizar el lugar que queremos ocupar en la sociedad en que vivimos. La búsqueda de la felicidad es, por supuesto, el primer acicate para construir nuestros proyectos personales, pero no debe tratarse de una idea bobalicona de tenerlo todo sin necesidad de hacer nada. No olvidemos que nada hace más feliz que obtener aquello en lo que invertimos nuestra ilusión y nuestro esfuerzo: esa felicidad es la que invoco. Por supuesto, para ser feliz son necesarios unos mínimos ingresos económicos, pero sin olvidar que contribuir al bienestar de la sociedad de la que obtenemos tantos bienes y servicios, ser respetados por lo que hacemos y por cómo lo hacemos, es tan importante como disponer de tiempo para nuestro crecimiento personal, nuestra formación y el disfrute de la vida, el arte y la cultura.

Algún lector estará pensando que todo lo antedicho solo se puede entender desde la perspectiva de la madurez, y a tal efecto poco ayudaría la idea de los tres tercios de la vida de las personas. Esta teoría subraya que cualquiera de nuestras existencias, en principio, consiste en una primera etapa de aprendizaje, una segunda de plenitud y una tercera de senectud. En ese contexto, está claro que la propuesta de tomar el timón de nuestras vidas no puede ser comparable en todas las etapas, pero eso no impide la necesidad de cabalgar las olas con el timón bien agarrado en todo momento. En la etapa de formación ese timón señalará la forma en que nuestras capacidades, nuestros medios, nuestros gustos y, lo más importante, nuestro esfuerzo, quiera lograr.  Resulta difícil reconocer las limitaciones y evaluar correctamente nuestras habilidades, pero está claro que lo que queramos estudiar limitará en buena medida nuestra formación y nos preparará para la etapa de plenitud. En el momento actual, con una esperanza de vida próxima a los noventa años, la etapa de preparación puede durar incluso hasta los treinta y, a diferencia de lo que ocurriera en tiempos de Alejandro Magno, con una esperanza de vida de menos de 45 años, no nos urgirá como a él conquistar el mundo antes de cumplir treinta años. Porque la época de plenitud es en la que se fraguarán nuestros logros sociales y personales y, en esta época, será imperioso tomar el timón de nuestras vidas y adaptar el rumbo, o no, a los altibajos y dificultades que encontremos.

En cuanto a la etapa de senectud, no duden de la necesidad de tener y/o mantener proyectos personales. Aunque, aparentemente, se hayan dejado atrás las etapas de formación y de plenitud, no hay por qué renunciar a seguir formándose y tampoco es tarde para iniciar nuevos proyectos, pues treinta años dan para hacer muchas cosas.

En resumen, no dejen de prestar atención al fluir de la vida, pero asuman con decisión y honestidad el manejo del timón, sin olvidar que, en ocasiones, será sabio modificar el rumbo e incluso echar el ancla. Pero esas acciones solo pueden tomarlas los protagonistas de su propio proyecto y, en el fondo, quedará la duda de si dejarnos fluir no nos convierte en ciudadanos sin capacidad de respuesta y, por consiguiente, dóciles.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 

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