/ por Ovidio Parades /
La familia, materna o paterna, como refugio, como fuente de inspiración, como tema poético o narrativo. Un clásico dentro de la literatura. La familia, escribe el propio Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) al comienzo de este libro, es el territorio de la memoria. Lo importante es la forma de acercarse a esos familiares y trasladar al papel sus historias, sus peripecias, sus aventuras, sus anhelos, sus amores, sus conflictos (toda vida está llena de conflictos, casi siempre no buscados, no deseados, imprevisibles). Su manera de entender el mundo y de acercarse, en un momento u otro, de una manera u otra, a quien posteriormente narrará todo eso. Hace falta talento, empatía y cierto pudor. Saber, con todo lo bueno y lo malo (esos conflictos sobrevenidos, las enfermedades irreversibles, las penurias económicas, los desórdenes existenciales de distinta procedencia, calado y magnitud…), ponerse en la piel del otro, en los zapatos de la otra. Hay que ir con cuidado, con tiento, con precaución. Hay que tener sabiduría y talento. Hay que conocer al ser humano y tener, llegado el caso, empatía. Eso no significa evitar la verdad, sino saber bordearla para luego adentrarse en ella con guante blanco y elegancia. Acercarse con suavidad a las heridas. Huir del morbo, que no significa, insisto, huir de la verdad. Transformar esa verdad en verdad literaria. No traicionar la memoria. No traicionarse a uno mismo ni a quienes le precedieron.
Eso es lo que hace Giralt Torrente en este libro deslumbrante, Los ilusionistas (Anagrama). Se acerca a la historia de su abuelo, de su abuela, de sus tíos (¡ay, el tío G.!), de su tía (todos pertenecen a la familia materna del escritor madrileño) y de su madre (conmovedor, precioso retrato). También al modo en que él, Giralt Torrente, se acercó a ellos y los trató, relaciones y convivencia, decepciones y afecto, esos complicados equilibrios. A las huellas que perduran en su memoria de los que ya no están. A la importancia de la propia memoria. Y lo hace con delicadeza, pero también sin rehuir los pasajes más conflictivos, más espinosos. Y de ahí, de todo ello, surge un libro poderoso, que no decae en ningún momento porque todos los personajes tienen —como casi todo el mundo en la vida— su parcela destacada, sus luces y sus sombras, sus grandezas y sus miserias. Su voz. Y la voz de los que recuerdan esas otras voces. Esa voz que, quizá, alguien también recordará mañana, poniendo negro sobre blanco su renovada versión. La continuación de la memoria y sus territorios.
Deslumbrante, ya digo.
Marcos Giralt Torrente
Anagrama, 2025
256 páginas
19,9 €
Ovidio Parades (Oviedo-Uviéu, 1971) es narrador de oficio, reconocido por crítica y público por su aguda visión de la realidad plasmada en una prosa directa. Promotor cultural. Colaborador literario en diversos medios escritos y radiofónicos. Tiene publicado varios libros de prosa miscelánea (El extraño viaje, con prólogo de Elvira Lindo; Ventanas compartidas, con prólogo de Maruja Torres; Vivir en los cafés, con prólogo de Laura Freixas), tres novelas (El tiempo que vendrá, La mujer de al lado y La noche se detiene), un diario (Los días raros) y tres volúmenes de cuentos (Corrientes de amor, Mujer en el bar y Carver y el metro de Berlín, publicado por la editorial madrileña Tres Hermanas). Fue librero durante casi diez años. Ha ganado algunos premios literarios y ha quedado finalista, entre otros, del concurso que la revista Zenda le dedicó a Javier Marías y cinco veces del Premio Internacional de Poesía Jovellanos.

