/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Lo confieso: el día que repartieron el don de la pereza no asistí a clase, y quizás por eso no entiendo el placer que algunos encuentran en el dolce non fare niente, puesto que para mí es imposible estar sin hacer nada y cuando no tengo más remedio que parar mi actividad, mi mente trabaja sin descanso en un ejercicio que yo calificaría de meditación, para escándalo de mis amigos psicólogos y budistas.
El DRAE define la pereza como «negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados», poniendo el acento en las obligaciones, aunque prefiero asociar la pereza con el aburrimiento en general y, como tengo la inmensa suerte de trabajar en lo que me gusta, siempre tengo ocasión de hacer algo gratificante o, si no, al menos distinto, incluso en horas de trabajo.
Leer, escribir, contemplar un cuadro o una escultura, disfrutar de una película o una obra de teatro, descubrir una nueva ciudad o volver a los rincones favoritos de una bien conocida, además de las labores docentes y de investigación, son tareas que, lejos de estresarme, permiten ampliar el horizonte y avanzar en el conocimiento. En especial, socializar, hablar con la gente a la que quieres pero también conocer a nuevas personas. La clave de la pasión por hacer algo estriba, fundamentalmente, en el placer que proporciona lo que haces y en la satisfacción de aprender cosas nuevas o, simplemente, hacer con seriedad aquello por lo que se recibe un sueldo. No se trata de la búsqueda o mejora de la productividad, que también, sino de mantener la mente ocupada, hacer algo con las manos y ejercitar todos los sentidos, que lo más desasosegante de la muerte probablemente sea renunciar a ellos.
Estoy convencido de que mi pasión por la vida viene del disfrute de los sentidos y mi aprensión hacia la muerte se debe al convencimiento de perder la vista el oído, el gusto o el tacto que tantas satisfacciones me reportan cada día. Por eso, que no por imperativo legal, detesto la pereza y huyo de los momentos vacíos como un barroco manifiesta su horror vacui. Llegado a este punto el lector quizás se sienta aterrorizado ante la posibilidad de no descansar, pero se equivoca. Heredé de mi madre un excelente dormir, de manera que si me dejan en posición horizontal en cualquier lugar, independientemente de que haya luz o ruido, duermo como un bebé en noche apacible.
Probablemente este texto está quedando excesivamente asertivo y biográfico y no quisiera que la persona que me hace el favor de leerlo pensara que le estoy largando una página de mi vida. Espero que, aunque escrito desde mi propia subjetividad, este texto sirva de argumentario en contra de la práctica de la pereza como negligencia, tedio y descuido en todo lo que hacemos, lo que tiene mucho que ver con la falta de profesionalidad en el trabajo, y contra la flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos; tal y como indica la segunda acepción del DRAE y que atañe a cualquier comportamiento. No lo duden: si desechan la pereza en su actividad profesional disfrutarán más de lo que hacen y atraerán el respeto y la valoración positiva de sus colegas. Por otra parte, la práctica diligente de actividades de ocio les procurará múltiples satisfacciones y momentos de placer. En resumen, una vida sin pereza es una vida más plena independientemente de las posiciones religiosas; aunque eso sí, les recomiendo que sean indulgentes con la pereza o la lentitud de los otros para no sufrir ni hacer sufrir a sus semejantes; aunque ese es ya otro tema.
Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.

