/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
La guerra futura no se parecerá en nada a las del pasado inmediato. ¿Recuerdan la larga caravana de blindados con que el ejército ruso invadió Ucrania? ¿Y el estrepitoso fracaso de aquella operación, concebida como si se hubiera hecho en la segunda guerra mundial? Casi nunca una guerra de hoy se parece a una de ayer, y es que los ejércitos estudian la guerra última habida para aprender, y entonces la próxima resulta un desastre si no se cambia de estrategia, ya que el adversario lo ha previsto.
El gran laboratorio de las guerras futuras está hoy en los campos de Ucrania. El 1 de junio de 2025, en el curso de la guerra ruso-ucraniana, un enjambre de drones ucranianos atacó simultáneamente cinco bases aéreas enemigas, destruyendo 41 aviones de la fuerza aérea estratégica rusa, valorados en siete mil millones de dólares. Fue una operación audaz. El uso de drones ha permitido que el frente esté casi fosilizado. De poco sirven los carros de combate e incluso los aviones en este tipo de confrontaciones. Ucrania no disponía ni dispone de un arsenal militar comparable al ruso; tiene que improvisar y fabricar drones es barato; su coste está al alcance de cualquier familia y, aun cuando hay drones muy sofisticados, los hay que se pueden producir en la cocina de casa. El supuesto padre de los drones, Abraham Karem, fabricó su modelo de dron Albatros en un garaje. Hoy ustedes pueden comprar drones en el mercado por menos de 50 euros. Hay incluso drones para niños. Y su manejo es similar al de los videojuegos de los adolescentes: matas como si jugaras. Un país en apuros puede producir miles de drones cada día, en las casas, en los almacenes, en los sótanos, en los talleres eléctricos o mecánicos e incluso en las granjas. Un dron fabricado por unas escasas decenas de euros puede destruir un carro de combate carísimo o un complejo militar. Y ante un enjambre de drones, cualquier país es vulnerable. Israel, con su sofisticada cúpula de protección estadounidense, ha visto como drones iraníes alcanzaban una refinería en Haifa, la sede del Mosad y otros objetivos en Tel Aviv, Petah Tikva, Beersheva y Bat Yam.
Naturalmente, la tecnología de aviones no tripulados o manejados por control remoto es vieja, pero fue en la primera década del 2000 cuando se empezaron a utilizar drones para usos civiles como fotografía aérea, agricultura, entrega de paquetes, vigilancia, etcétera. Pero ha sido en esta guerra ruso-ucraniana cuando, en medio de la desesperación producida por la invasión rusa, Ucrania ha desarrollado su uso militar. Y es que las guerras, además de todo lo malo y cruel que tienen, son motores de innovación. La lista de inventos cuyo origen son guerras es larguísimo e incluye los plásticos, el radar, los aviones a reacción, la comida enlatada, el microondas, el GPS o Internet.
Pero yo no les quería comentar solo esto, que es obvio, sino, sobre todo, lo barata que puede resultar la guerra futura. El futuro desarrollo de la guerra de drones puede que haga obsoletos en un futuro no lejano los carros de combate y la artillería pesada. Las tácticas y máquinas de guerra que tan importantes fueron para el desenlace de la segunda guerra mundial están dejando de servir. La nueva guerra se librará a base de pequeñas empresas startup de base tecnológica, innovadoras y disruptivas, y los militares se asemejarán a nuestros adolescentes cuando matan enemigos o intrusos frente a una pantalla. ¿Habrá que comprar tanques o algo similar a videojuegos de guerra? Lo que es mas importante, el coste de la guerra puede que no esté tanto en los medios de ataque como en los sofisticados sistemas de defensa contra estos molestos mosquitos con aguijón que llamamos drones.
Las lecciones que nos ofrece la historia en este tema son muchas. En un pasado no muy lejano la guerra cambió gracias al uso de algo tan pacifico como el tren: analicen, si no, la Revolución mexicana y cómo el uso del tren fue vital para el desarrollo de la guerra; o cómo el uso de la aviación en la primera guerra mundial hizo obsoletas todas las fortificaciones anteriores. Tampoco la radio es una arma, pero se convirtió en decisiva durante la segunda guerra mundial; y al submarino, que en sus inicios fue rechazado como «arma de guerra» por las armadas, la desesperación alemana en la primera guerra mundial lo puso en el centro de la guerra naval. ¿Ocurre algo parecido con los drones?
Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

