/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
La mentira daña cualquier relación humana y, en el caso de la vida política, la mentira es una estafa a los electores y cuando se produce en sede parlamentaria debería constituir una figura delictiva. Mi propuesta es aforar a los electores frente a las mentiras de los políticos electos en lugar de la proliferación de políticos aforados. En un país como el nuestro, en el que el aforamiento de los cargos públicos es un privilegio muy extendido, sorprende que no existan contrapartidas que impongan a los representantes públicos una serie de obligaciones estableciendo, caso de incumplirlas, medidas sancionadoras.
Estoy convencido de que, en el ejercicio de las obligaciones parlamentarias, los representantes deben estar protegidos para no poner trabas a la expresión libre de sus propuestas dentro del marco legal del país, aunque confieso que me sorprende desagradablemente que el aforamiento se extienda a todas sus actividades privadas, incluidos sus negocios limpios o sucios, o que algunos mediocres corran a aforarse cuando la justicia les pisa los talones. Mentir en sede parlamentaria o falsificar la declaración de bienes o los curricula debería llevar aparejadas sanciones a los mentirosos, recusaciones políticas y ceses.
Por supuesto que es lícito cambiar de opinión y ello se impone en ocasiones cuando un representante pasa de la oposición al Gobierno, puesto que no siempre se da el juego limpio en política y, contra la mínima norma de decencia parlamentaria, quienes están en el poder no proporcionan toda la información de que disponen a los ciudadanos ni a los adversarios políticos. Esto puede cambiar los análisis que se hacían desde la oposición y provocar cambios de posturas. Lo que no tiene perdón es hacer propuestas a los electores con el fin de obtener sus votos y cambiar interesadamente de opinión al llegar al poder, puesto que no había intención de cumplir las propuestas electorales.
En campaña electoral me sorprende siempre cómo los candidatos tratan de ajustar sus discursos a lo que sus asesores les indican, independientemente de sus propias ideas y posturas de partido y en favor de la opinión de quien debe votar. También resulta ridículo ver como tratan de subir la apuesta de los contrarios en esa situación cómica que reflejaron los hermanos Marx de añadir dos huevos duros a la propuesta del otro y que remiten, lamentablemente a esa otra frase de: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros».
El incumplimiento de promesas electorales y las mentiras deberían ser las armas a esgrimir por la oposición para desmontar los discursos falsos y evidenciar la impostura. No se trata, por supuesto, de insultar, sino de poner al mentiroso frente a sus mentiras. Las preguntas a un gobierno mentiroso no deberían añadir expresiones descalificativas y sí la confrontación de las versiones encontradas facilitadas por aquel a quien se quiere desenmascarar. Se ha demostrado una mala práctica parlamentaria dirigir a los adversarios comentarios, en lugar de preguntas; puesto que ya habrá lugar para ello en el turno de réplica. Además, la única vía legítima para combatir la mentira es esgrimiendo la verdad.
La mentira en política debería sublevar a la prensa, sin partidismos, y servir de medida de la honestidad de los gobernantes. Un político que miente con desfachatez, probablemente tenga tendencia al abuso del poder y a la corrupción. De ahí la importancia de destacar la sinceridad, además de la bondad y la honestidad, como virtudes exigibles a cualquier persona en la esfera de su actuación política.
Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.

