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Gula

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Imagen destacada: los efectos fatales de la glotonería, según un grabado satírico de 1830

A todos nos encanta comer y disfrutar de los sabores, olores e incluso colores de la buena comida, y, si me apuran, de la textura de los alimentos, pero no se engañen: eso no tiene nada que ver con la gula entendida como exceso en la comida o bebida y apetito desordenado de comer y beber. No: los excesos en la comida y la bebida no proporcionan ningún placer, y los lectores coincidirán conmigo en que no hay como padecer una resaca o un empacho, aunque solo sea una vez en la vida, para establecer con claridad los límites del apetito y apreciar los daños que genera la gula.

Disfrutar de comer y beber lo necesario es un privilegio reservado a una proporción relativamente pequeña de la población mundial y, del mismo modo que en casa de nuestros padres se nos enseñaba a no tirar la comida cuando es algo de lo que otras personas carecen, es preciso educarnos para hacerlo con moderación y sin excesos. En eso consiste el placer de comer y por ello este texto es un libelo contra la gula.

Comer hasta reventar o beber como si no hubiera un mañana es un absoluto despilfarro que, además de dañar la salud propia, no aporta a quien lo hace ninguna satisfacción a medio y largo plazo, y en consecuencia destruye las viandas y crea malestar en el glotón. Mala estrategia para quien quiera disfrutar de una vida plena y balance negativo para todos. En este panorama, la frugalidad se transforma en virtud necesaria y conveniente y quedan pocas ganas de pecar por exceso.

Aunque la gula sea una tentación del primer mundo, la frugalidad y una dieta equilibrada, aun no estando a la altura de todas las economías en nuestro país, no dejan de ser alternativas razonables para convertir una necesidad fisiológica en un placer y evitar daños colaterales que afectan al presente de las grandes comilonas y al futuro, en cuanto la obesidad y el sobrepeso dificultan un envejecimiento activo y saludable.

En resumen, no hay ninguna razón para adherirse a la gula y sí miles de motivos para desaconsejarla. Como hacer de cada comida, por sencilla que sea, un disfrute de los sentidos, desde el regalo de los aromas, colores y texturas de los alimentos y guisos hasta el gusto de una masticación lenta y que ponga en valor los sabores a la vez que asegura una buena digestión. Comer se compone de una serie de rituales que comenzaron con la elección de los productos en los mercados y se completa durante su preparación y el disfrute de su consumo. En este punto me gustaría añadir que comer en compañía de las personas a las que queremos, cocinar para ellas, abrir un buen vino y compartirlo, deberían ser los complementos ideales para una buena comida que se convirtiera en un disfrute para los sentidos y para nuestro estado de ánimo, pues, como en tantas otras cuestiones, las cosas buenas compartidas devienen en excelentes a la vez que las penas compartidas se hacen más llevaderas.

No siempre la moderación es virtud, pero en el caso de la comida y la bebida, cada cual debe encontrar su límite entre disfrute y desastre, y a eso se aprende con el método de prueba y error. Alejémonos, pues, de la gula y dejemos un lugar apropiado en nuestras agendas para el disfrute de la cocina y la comida, que sería una lástima que dejáramos de cocinar en nuestras casas y renunciáramos a las comidas familiares.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 

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