/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
No me gusta escribir sobre lo que no ha despertado mi interés y, probablemente por eso, mis reseñas de libros o de exposiciones son panegíricos más que críticas. La razón es que no deseo perder el tiempo, ni hacérselo perder a los lectores comentando algo en lo que, a mi entender, no vale la pena desperdiciar un minuto. Si en esta ocasión me avengo a reseñar la película Romería, de Carla Simón, es porque, al margen de aburrirme con sus tomas gratuitas y su falta de ritmo, consiguió sublevarme por el desconocimiento, cuando no desprecio, con el que trata a Vigo y, en general, a los gallegos y a Galicia.
Aunque no soy gallego, creo que no hace falta una gran cultura para darse cuenta de que la vida en Galicia no oscila entre la derechona y la droga, pasando por fiestas en las que se desarrollan absurdas coreografías a ritmo de percusión, y que allá no se baila una muñeira con aires de sardana. Además, me sorprendería muchísimo que en una familia viguesa hispanohablante se llamara iaio al abuelo; en todo caso sería avó.
Además de las incoherencias antes apuntadas, que remiten a las de aquellas procesiones de Misión imposible en las que las portadoras de las imágenes, vestidas de falleras, las lanzaban a la hoguera, Carla Simón se apoya en una lamentable banda sonora en la que hasta la canción tradicional Miudiño suena rarísima.
Dicho todo lo anterior, es cierto que el problema de la heroína azotó Galicia, sembrando mucha adicción y muchas muertes, y que el fenómeno del sida se vivió allí, como en el resto del mundo, con grandes dosis de falta de humanidad. Lástima que a la directora de la película no se le pasase por la mente citar, al menos, a Carmen Avendaño, que capitaneó la lucha de las madres gallegas frente al tráfico y en favor del tratamiento y la desintoxicación de los drogadictos; ellas que sufrían en sus vidas la tragedia de la droga. En ese sentido, la película plantea solo una cara de la respuesta de la sociedad gallega frente al problema. Uno de los pocos momentos acertados de la película es el relato de que la abuela de la protagonista, que mantenía alejado de sus amigos al padre enfermo de sida, entraba en su cuarto con mascarilla y guantes; también lo es la escena en la que los abuelos pretenden enmascarar la muerte de su hijo aduciendo que fue a causa de la hepatitis. Pero eso, ya digo, es solo una cara de la respuesta social.
Era una excelente ocasión para profundizar en la tragedia de la droga, que se ocultó tras la cortina de la movida viguesa. Pero la película queda lejos de clarificar el drama de la enfermedad y muerte que llevan aparejadas las adicciones a las drogas. Además, la pretendida búsqueda de la familia biológica paterna exigiría un mayor rigor para hacer creíble la película. La verdad es que no he visto Estiu 1993 ni Alcarràs, y probablemente me pierda alguna buena película; pero, después del bodrio de Romería, no me animo en absoluto a verlas.
A pesar de la participación en Cannes de Romería, espero que a los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (AACCE), no se les ocurra priorizar esta película sobre la excelente Sorda, de Eva Libertad, esta sí, de una gran seriedad y un planteamiento empático y riguroso, hasta el punto de hacer que el espectador sin sordera se sienta como oyente (¿por qué ponemos etiquetas al que no oye y no hacemos lo propio con el que sí lo hace?). Sorda sí consigue que el espectador se ponga en la piel de quien no puede hacerlo y tiene un ritmo excelente y un inmejorable montaje, además de una deliciosa interpretación. Nada que ver con la película anterior.
Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.

