/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Siempre que tengo ocasión y voy a Madrid, visito el Museo del Prado. No puedo contar cuántas veces he ido. En una reciente visita al museo, descubrí que no se podían fotografiar sus obras expuestas. Me sorprendió, porque yo había fotografiado infinidad de obras en tiempos pretéritos. Ciertamente, en este tema, las opiniones están muy repartidas: la mayor parte de los grandes museos del mundo dejan fotografiar las obras con determinadas condiciones (sin flash, sin selfis, etcétera). Sin embargo, otros muchos museos importantes hacen como el Prado. Ponen a sus funcionarios de sala a vigilar a los usuarios, cual cancerberos.
Yo creo que se puede estar de acuerdo con la actitud del museo madrileño y en parte la entiendo, dado que es sumamente molesto visitar el museo en medio de una multitud de idiotas que, sin mirar las obras, solo quieren hacerse una foto con ellas. Si no hay fotógrafos en las salas, la experiencia del visitante puede que mejore. Es molesto, degrada la visita y banaliza las obras expuestas. Pero esta idiotez la hemos hecho casi todos alguna vez. Ahora, lo que irrita es que sean tan numerosos. Yo no le veo ningún otro factor negativo, a no ser que, vista la imposibilidad de fotografiar las obras, algunos visitantes se vean forzados a comprar las reproducciones del museo. Si este fuera el objetivo del museo, forzar a los usuarios a comprar sus reproducciones, el argumento me parecería mezquino, y me resisto a creer que sea el principal.
Hay quienes alegan que, cuando hay permiso de fotografiar, se disparan a veces, de forma involuntaria, muchos flashes. Puede ser, pero esto sería un argumento muy pobre, porque se perjudica a mucha gente por culpa de media docena de incívicos.
Veo más ventajas en permitir el acceso libre a las imágenes, especialmente en museos públicos, financiados con fondos del Estado. Un objetivo del museo, aparte de los consabidos de conservar, estudiar, o investigar las obras, es, sobre todo, la socialización del conocimiento. ¡Impedir las imágenes en un museo de arte es como impedir comer en un restaurante! Y el Prado, no solo es la primera pinacoteca española, sino quizás una de las más importantes del mundo.
El museo ha mejorado muchísimo su comunicación. Sus podcasts cada mañana son geniales, como también lo es la calidad de sus publicaciones. Además, en comparación con otras pinacotecas de su misma categoría, el precio para acceder es modesto. Sus servicios educativos suelen ser una maravilla, y por esta razón me resulta contradictorio este obstáculo a la difusión del arte. Todos sabemos que un usuario que quiera fotografiar algunas obras probablemente difunda algunas en las redes sociales, pero esto yo creo que es bueno, porque extiende el arte hacia un mundo infinito. Cuando más arte circule, mejor podrá llegar a ser el mundo.
Me gustaría mucho conocer las razones que impulsan esta política de la imagen. Cuando vuelva, si hay ocasión, lo preguntaré.
Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

