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El Sujeto Criatura

/ un relato de José Manuel Ferrández Verdú /

Si alguien desea estar a solas consigo mismo, lo mejor que puede hacer es irse a vivir a cualquier gran ciudad donde no conozca a nadie. Se encontrará más solo que la una y tendrá tanta intimidad con su propia alma que acabará aborreciendo a todo el mundo.

Para huir de sí misma, Marta viajó a la estepa y compró una casa, lejos de todo. Pronto sintió la compañía del universo, sobre todo de noche, mientras fumaba y miraba las estrellas. No lejos de allí vivía el Sujeto Criatura en una cueva donde solía pasar temporadas, acompañado por algunos seguidores. Era alto y desgarbado, con una barba de trescientos milímetros y abundantes cejas que subían hasta casi la calva. Salía por la mañana temprano a buscar insectos para cocinarlos. Comían sopa de escarabajos casi a diario, acompañada de leche de rata salvaje. Le seguían algunos hombres y mujeres. Algunos se llamaban Albert, o Charles, o Pepe; y otros tenían nombre de mujer, como por ejemplo Adela y Flor. Flor había sido abogada en Tijuana, pero dejó el oficio para seguirlo.

Alrededor de la casa de Marta, el silencio era brutal, y llegó un momento en que hablaba sola. Su novio, Sorjen Bruler, robó un camión cisterna y fue hasta allí. Quería saber por qué se había ido sin despedirse. Después de recorrer la estepa llegó hasta la cueva, donde el Sujeto Criatura lo vio llegar una tarde mientras fumaba, recostado en la ladera de la cueva. Vio al camión cisterna acercarse y detenerse a unas decenas de metros de su cueva. Los seguidores eran seis o siete y estaban por allí, haciendo lo que les daba la gana. Adela tiraba piedras a una charca.

Sorjen bajó del camión para estirar las piernas, que debía traer un tanto agarrotadas después de tantos kilómetros conduciendo sin parar. Le sorprendió ver que había gente por allí. Se había hecho a la idea de que estaba cerca del fin del mundo. Levantó la mano para saludar mientras se acercaba hasta el lugar donde el Sujeto Criatura fumaba.

—¿Es cierto lo que ven mis ojos, o estoy teniendo una visión?

—Eso depende de lo que estén viendo tus ojos.

—Creo que te estoy viendo a ti y a alguno más. No sé quiénes sois.

—Soy el Sujeto Criatura, y estos son mis seguidores —dijo, señalando a los demás que se habían congregado alrededor de la cueva al verlo llegar.

—¿Y qué hacéis en el culo del mundo?

—Nada importante. Pasamos el rato.

—¿Habéis visto a mi novia por aquí? Es una mujer morena que vive sola.

—No.

—Entonces debo seguir buscándola. Muchas gracias por todo.

—De nada.

El tipo era robusto. Se subió al camión y siguió conduciendo hasta que a lo lejos divisó una casa pequeña. Fue hasta allí y llamó a la puerta. Dijo Marta:

—¿Qué coño haces aquí? ¿Cómo me has encontrado?

—Te largaste sin decirme esta boca es mía. ¿Cómo has sido capaz?

—¿Capaz de qué? ¿De dejarte o de no decirte nada?

—De las dos cosas.

—Hice la maleta y me fui… Pensaba decírtelo dentro de unos años.

—Pero eso es una locura, ¿no te das cuenta?

—Ya lo sé. Pensé que nunca te darías cuenta de que me había ido. O que nunca me encontrarías.

—Aprendí a seguir rastros en el Ejército.

—¿Cuándo te enteraste?

—Hará unos tres meses. Me habías dicho hace mucho que estabas embarazada. Al no ver a ningún hijo mío por allí, no sabía qué pensar. Un día pasaron los Kaufman y te echaron de menos.

—Ahí fue cuando empezaste a sospechar algo.

—Creo que sí.

—¿Y qué estuviste haciendo hasta entonces? Hace ya casi un año que te dejé. Te envié a tu hija con un mensajero para que la conocieras. No me digas que no te ha llegado —dijo ella con una sonrisa maliciosa.

—Pues la verdad, no estoy seguro. He estado bastante preocupado con el tema de los camiones cisterna.

—Te preocupa ese tema, según veo.

—Creo que sí.

—Está bien, pasa, no te quedes ahí como un pasmarote.

Entonces ella vio el camión cisterna.

—¿De dónde has sacado ese trasto?

—Lo robé. Será difícil que me encuentren.

—¿Y no podías haber venido en algo más normal?

—¿Tienes algo contra los camiones?

—Nada.

­—Pensaba que si venía en un camión cisterna te convencería de que te quiero de verdad.

—Creo que esta vez te has pasado de rosca.

—¿Conoces a los tipos esos que viven en una cueva un poco más al oeste, como a unos cinco kilómetros?

—No. ¿De qué tipos me estás hablando?

—De un pequeño grupo que vive alrededor de un gurú o algo así, que dice llamarse el Sujeto Nosequé.

—¿El Sujeto Criatura?

—El mismo

—¡No me digas que vive por aquí cerca!

—Sí, me los he tropezado al venir. No andan lejos y parece que no hacen nada de nada.

—Por supuesto que no. Son los artífices de la nueva visión de la vida que consiste en no tener ninguna visión.

—¿Y de qué viven?

—Seguramente de milagro. El sujeto ese es adivino y conoce el porvenir. Pero una vez que ha ocurrido.

—Pero eso es una tontería. Todo el mundo sabe lo que ya ha ocurrido.

—Te equivocas. La gente sabe lo que va a ocurrir, pero ignora lo que ha pasado ya. Todo el mundo se conduce en función de lo que cree que va a pasar. El pasado es el misterio.

Llamaron a la puerta. Apareció el Sujeto Criatura seguido por sus seguidores. Al verlos Marta se emocionó y les ofreció de todo lo que no tenía, porque no tenía de nada.

—No te preocupes —dijo el Sujeto—; hemos traído unas botellas de vino para celebrarlo.

—¿Para celebrar qué?

—El camión cisterna.

—Ah, bueno, eso es una gran idea.

Esa noche se emborracharon todos y bailaron hasta agotarse, y follaron y fumaron marihuana y se pusieron las botas. Luego se metieron todos en el camión cisterna y se quedaron dormidos como marmotas. Al día siguiente había varios sujetos delante del camión haciendo preguntas.

—¿Que de quién es este camión? ¡Pues mío, naturalmente! —dijo Sorjen.

—¿Y qué piensas hacer con él? —le preguntaron los individuos que habían aparecido al amanecer como de la nada. Eran tres y se llamaban todos Peter.

—No lo he pensado aún —dijo el danés—, pero ya se me ocurrirá algo.

—Podrías hacer grandes cosas. Hoy en día, disponiendo de medios como tú dispones, es posible hacer cosas importantes.

—Ya lo sé.

—¿Entonces a qué esperas?

—He venido a ver a mi novia, a quien no veía desde hace un año, y me gustaría pasar con ella una temporada antes de ponerme a pensar qué hago.

El Sujeto Criatura estaba escuchando la conversación entre los peters y el novio de Marta.

—Estos hombres tienen razón. Siempre se pueden hacer cosas importantes si se cuenta con los medios adecuados.

—Ya les he dicho que estoy de acuerdo con ellos, pero que de momento no me interesa hacer nada, ni importante, ni no importante. Este no es asunto tuyo.

—Ese camión cisterna está ahí parado y representa un gran esfuerzo humano para nada. Estamos perdiendo el tiempo. Estás desperdiciando una gran oportunidad para hacer algo que suponga un beneficio para alguien. En lugar de eso, te dedicas a perder el tiempo con tu novia, que te abandonó hace un año y no te enteraste hasta hace tres meses, y porque unos amigos te preguntaron por ella…

—¿Cómo sabes tú eso? ¿Te lo ha dicho ella?

—Sé quién eres. No puedes escabullirte. Todos tenemos secretos.

—Te crees muy listo.

—Soy el Sujeto Criatura.

Después de esta conversación, cada uno se fue a su casa. Los tres peters se marcharon por donde habían venido y el Sujeto y sus secuaces se metieron en la cueva, donde estuvieron discutiendo durante ocho o nueve días qué camino iban a tomar en adelante.

Flor le dijo al sujeto que meterse con Sorjen, venido desde tan lejos para ver a su novia, era injusto, por el esfuerzo que había hecho. Otros no estaban de acuerdo y dijeron que no era normal ser abandonado por tu novia y no enterarte hasta nueve meses después, y gracias a unos amigos.

Hubo fuertes discusiones y ambas mujeres se despidieron del grupo para ir a casa de Marta a observar al novio. ¡Mira que venirse en un camión cisterna robado! Este tipo de cosas no parecen normales del todo.

Sorjen se negó a dormir en casa de Marta si estaban las otras dos. Durmió en el camión y a la mañana siguiente habían desaparecido el camión y él.

—Necesitamos vituallas —dijo el Sujeto.

—No me gustaría tener que ir hasta Groenlandia a por ellas —dijo Charles.

—Nadie te ha pedido que vayas a Groenlandia.

—Es que no deseo ir a ese lugar. Tengo entendido que allí vive la Persona Inmediata, que es pariente lejana mía, y no quiero tropezarme con ella.

—Groenlandia tiene dos millones de kilómetros cuadrados. Como cuatro francias. Aunque fueras, no te sería fácil tropezarte con la Persona Inmediata —dijo el Sujeto.

—He dicho que no pienso ir.

—Ya lo hemos oído.

En aquel momento escucharon un ruido de motor y salieron de la cueva a ver qué era. Una avioneta pasó rasante y dejó caer una carta. Iba dirigida a Charles y el remitente era la Persona Inmediata.

—¿Ves? —dijo este—. Ya se ha enterado de dónde estoy.

—No nos ocultamos de nadie —dijo Pepe.

—No es suficiente. Necesito un poco de libertad para poder vivir a mi antojo; de lo contrario, sería un ser desgraciado.

—Como todo el mundo, eso no es nada nuevo —dijo Alfred.

—La gente puede hacer lo que quiera, pero yo me niego a ir a ver a mi parienta. Es una mujer muy guapa, pero quiere verme muerto por alguna razón que desconozco y que nunca me ha dicho.

—Será por alguna herencia.

—Lo mejor es que abras el sobre y leas la carta de una vez —dijo el Sujeto.

«Querido pariente lejano:

No dejo de pensar en ti. Eres una mierda como la copa de un pino, pero en cuanto te eche el guante, date por muerto. Me muero de ganas de verte la cara, ¡hace tanto tiempo que no te veo! Estoy pasando unas vacaciones en Grolenlandia, país que cuenta con vituallas en abundancia. Te lo digo por si tienes necesidad de ellas. El Sujeto Criatura es un poco idiota y por eso te has ido a vivir con él.

Besos.

Tu parienta lejana que te quiere.

La Persona Inmediata».

—Necesito tomar un trago.

Al día siguiente, recorrieron el territorio en busca de vituallas, pero solo hallaron escarabajos, ratas, serpientes y un sinfín de otras alimañas. Hicieron acopio y las acarrearon en una carretilla de albañil que habían traído.

Al llegar de nuevo a la cueva, la Persona Inmediata los estaba esperando en la puerta mientras fumaba un cigarrillo, sentada en la piedra del Sujeto.

—Hola, querido —le dijo a Charles—. Ya no pensabas verme nunca jamás, ¿verdad?

—¿Eres la parienta lejana de Charles? —le preguntó el Sujeto, mientras Charles se refugiaba detrás de él por temor a su parienta.

—Exacto. Ya veo que os ha hablado de mí. Es el único pariente que me queda y me gustaría eliminarlo para convertirme así en alguien totalmente…, no sé cómo decirlo. Sin parientes…

—Todos somos hijos de Jesucristo —dijo Albert.

—No digas sandeces.

—¿Es que es mentira? Todos procedemos de Adanyeva, que fue hijo y discípulo de Jesús de Galilea.

—Vaya con el erudito este —dijo la Persona—. Parece que conoce la Biblia como la palma de su mano.

—Y hablando de la Biblia —dijo el Sujeto dirigiéndose a la Persona—. ¿A qué has venido? ¿Crees que vamos a permitir que liquides a Charles?

—Quería pedirte permiso para eliminarlo.

—Pues no lo tienes.

—En tal caso, casémonos.

—¿Quiénes, tú y yo? —dijo el Sujeto.

—Sí.

—Hecho —dijo el Sujeto.

—Pero no tenemos vituallas suficientes para un banquete nupcial —dijo Pepe.

Pronto se corrió por la región la noticia de la próxima boda y de que no había comida suficiente. Cuando llegó a oídos de Marta, se puso en contacto con Sorjen, y le pidió por favor que llenara el camión cisterna de lentejas con chorizo picante y lo llevara hasta allí, para celebrar la boda como se merecía.

Sorjen lo hizo así y al cabo de un mes se presentó en la cueva con el camión cisterna lleno de lentejas con chorizo picante.

La hija de Marta fue llevada por error a casa de los Kaufman, los cuales la adoptaron a falta de unos padres un poco más atentos; y en adelante se llamó Joselita Kauffman, quien en el futuro estaba llamada a hacer cosas de gran tamaño, casi tan grandes como el camión cisterna que su padre había robado para demostrar su amor.


José Manuel Ferrández Verdú (Orihuela, 1953) es escritor y dibujante. Ha trabajado como escribiente durante treinta años y ha ganado un premio de cuentos  cortísimos acerca de las costumbres secretas de los irlandeses, titulado O’Connor y publicado en esta misma revista. Así mismo, ha publicado relatos en las revistas La Lucerna y Empireuma, es colaborador habitual de la revista El Murmullo, que dirige Manuel Susarte, y ha escrito la novela La Torre de los Músicos, publicada en formato digital en Scribd, así como el libro Doce novelas imposibles, inédito, siguiendo el modelo de las novelas ejemplares de Cervantes, admirable poeta español de los siglos XVI-XVII.

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