/ una prosa poética de Raquel Aguilar Alonso /
Me gustaría meter todas las bragas que he llevado desde el año 1999 en un cajón
Y entender qué relación mantienen
me gustaría estudiar la casuística que las ha convertido en mías
puede parecer aburrido
y no sé si cabrían
podría ordenarlas
clasificarlas
no, mejor hacer una montaña
ya que ni siquiera soy capaz de ordenar el cajón de mis bragas
hoy, nueve de abril de 2025
prefiero comprarlas nuevas
acumular en el fondo las que no me van
afortunadamente, soy algo más radical que en 1999
y la que me provoca cualquier malestar va directa a la basura
aunque si soy honesta, no siempre
mis bragas incómodas
las que se me quedan a mitad culo
las rotas, las grandes, las pequeñas
antes pasaban por la lavadora
había cierta benevolencia
cierto respeto por ellas
cierta disposición a darles otra oportunidad
ahora no
las bragas se hacen viejas
las bragas se agujerean
las bragas se separan de la goma que las bordea
todo empieza por una punta
y yo la estiro y la estiro hasta que la arranco de un cuajo
las bragas durante la maternidad son cochambrosas
caen en tu cajón como sin darte cuenta
como si nunca las hubieses elegido
son feas, son dos tallas más grandes de las que necesitas
a veces son altas
otras, demasiado bajas
son de algodón, claras, oscuras, lisas o estampadas
de cualquier manera
y muchas veces el tejido clarea y hace aguas
pero no hay alternativas y las lleva
nadie te regala bragas
y menos aún tú vas a comprártelas
prefieres comprar bodis de bebé con clips
de esos que se abren por todos lados
y dejan al descubierto el cuerpo de tú bebe para poder cambiarlo
llevas muchos años esas bragas
hasta que un día reconoces tu decrepitud en ellas
y vuelves a descubrir las bragas bonitas
las que van a juego del sujetador
las que sientan de maravilla
las que un día se quedan perdidas en el camal de un pantalón
pero no, de las bragas y el sexo prefiero hablar en otro lado
porque estas son las mías
y por eso vuelvo a las bragas pioneras de todo esto
a mis bragas de 1999
las que me conmueven
las que empiezo olvidar
aquellas bragas impregnadas de las súper reglas
de aquellas reglas que desbordaban todas las compresas en el asiento enajenado de un colegio
en aquellos pupitres con cajón y libros de texto de páginas satinadas con subrayados horrorosos
de plástico con pegamento de las alas evax y chicles clix de fresa
te rodeas de envoltorios
y de la inflamación de un grano requetocado, con sangre y costra
testigo de una parte ansiosa que te autolesiona
es la impotencia de no poderte quedar en casa
con tus bragas
con tu sangre
con tu sueño
con tus ganas de no ver a nadie
ni de sentir ese frío con olor a sobaco
esos chicos con mochilas
y esa mala gestión del vestuario
de leotardos que se te clavan en la cintura
te duermes en la mesa
mientras oyes una voz soporífera y el plástico de la compresa te raspa y te macera la entrepierna
las bragas empapadas
aguantas antes de volver a casa
ese olor
esas ganas de lavarte
de cambiarte
y vuelves con la tristeza entre las piernas
quizás la lluvia te sorprenda y el metro tarde
y te preguntes si queda un resquicio de humanidad
entre metro y metro
entre el tumulto
entre el peso de tu mochila y tus exámenes
escurres las bragas como un trapo
y la sangre lo tiñe todo de gotas
siguen los mil remedios para salvarlas
son ilusiones juveniles que no reparan en la futilidad de todo
en la poca importancia que tienen unas bragas
unas bragas con manchas
unas bragas más, en un cajón tuyo y de nadie
un cajón que olvidas mientras él sigue evolucionando
me gustaría avisar a mis bragas de niña
pero quizás con suerte no se enteren
no, no quiero que mis bragas de niña lo sepan
prefiero que sigan despreocupadas
o como mucho reparen en esas florecillas de hilo que las adornan
así que no las mezc
solo meto mis bragas en el cajón desde 1999
cuando ya es inevitable no saber la verdad
la verdad de las bragas que te pones sin descanso
la verdad de unas bragas en una habitación de hospital
la verdad de las bragas decepcionadas y solas
la verdad de las bragas que tiras nuevas porque no acertaste la talla y la dependienta te asesoró mal
la verdad de esas bragas que se deshacen en tus manos porque son las primeras candidatas entre todas las demás y siempre repites
la verdad de las bragas de otros, que no son tuyas
bragas de narcisistas que secuestraron tu voluntad
y que no, que no meto en mi cajón de bragas desde 1999
y que aguardan en un cajón separado
me podría pasar horas hablando de mis bragas
de las bragas que me permito cuando veo como las compra una chica elegante en el Corte Inglés y me las copio
de las bragas que están siempre a mano
de las sencillas, de las agradables, de las bonitas
de las que lo reúnen todo
observo las bragas que permanecen en mi cajón
y me pregunto cómo su tejido mide sobre mi piel el tiempo
pero imagino que todo se trata de ponerse unas bragas cada mañana
de que lleguen a tu cajón como por arte de magia
porque aunque no lo creas siempre hay alguna en ese cajón
escribiendo tu historia y anticipándose a todo lo que te pasa.
Raquel Aguilar Alonso
Homenaje a Berta García Faet y
a todos los chicos que ha besado desde 1999
Raquel Aguilar Alonso es pintora y doctora en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.

