/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Yo no soy un experto en IA. Solo soy un usuario. Pero, para mí, la inteligencia artificial no es una aplicación más, ni tampoco una nueva superestructura industrial. Se trata de una auténtica infraestructura, capaz de crear vínculos de dependencia científica, económica y política. Y en este sentido Europa ha perdido claramente la carrera frente a Estados Unidos y China. Vamos tarde. Somos lentos, y la inteligencia artificial no espera.
Pero puede que exista una oportunidad todavía no explorada por nadie: imaginen que se creara una IA con una estructura abierta, que fuera auditable, que permitiera a las universidades y a las empresas, grandes y pequeñas integrarse, compartiendo datos, etcétera. Imaginen que las universidades pudieran convertir sus investigaciones en productos vendibles sin quedar atrapadas por contratos leoninos de los que no se puede escapar. Dicho con otras palabras: ¿podemos imaginar una IA concebida como una sociedad anónima, en donde los ciudadanos podamos invertir ahorros y que se mantenga fuera del control de las grandes corporaciones actuales?
Si formulo esta cuestión a alguno de los chabots de IA existentes, me contesta lo siguiente: sí, se puede imaginar —y de hecho es una idea potente—, pero conviene formularla con cuidado. No como «una IA sin dueño», sino como una infraestructura de IA con propiedad distribuida, gobernanza pública y participación ciudadana.
Podría concebirse como una sociedad anónima europea de interés estratégico, donde ciudadanos, universidades, pymes, administraciones e inversores institucionales pudieran comprar acciones o participaciones. La clave sería que ninguna gran corporación pudiera capturar el control. Para eso harían falta reglas como:
- Límites de participación accionarial por inversor o grupo empresarial.
- Acciones con derechos de voto restringidos para evitar compras hostiles.
- Una acción de oro pública o europea para proteger la misión estratégica.
- Consejo de gobernanza mixto, con presencia de científicos, ciudadanos, empresas, reguladores y sociedad civil.
- Auditoría técnica obligatoria de modelos, datos, seguridad y sesgos.
- Reinversión parcial de beneficios en investigación, infraestructura y acceso abierto.
- Acceso preferente para universidades, startups y pymes europeas.
La idea tiene una dimensión casi política: convertir la IA en una especie de bien común productivo, financiado por capital privado y ciudadano, pero protegido frente a la concentración monopolística. Sería parecido a combinar una empresa cotizada, una cooperativa de infraestructura, un fondo soberano tecnológico y una fundación científica.
El reto está en tres puntos: conseguir suficiente capital para competir, atraer talento de primer nivel y diseñar una gobernanza que sea ágil sin volverse burocrática. Pero como argumento para esta propuesta, la idea puede funcionar muy bien: si Europa no puede ganar copiando el modelo de Silicon Valley o el modelo estatal chino, quizá pueda competir inventando una tercera vía: una IA de propiedad distribuida y control democrático.
¿Qué les parece la idea? ¿Puede implementarse en esta Europa sin ideas?
Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

