Icono del sitio El Cuaderno

Comenzar el olvido: el debut novelístico de Pepo Paz Saz

/ una reseña de Rodrigo Torres /

Hay libros que no llegan para ocupar un lugar en una estantería, sino para modificar discretamente la temperatura moral de quien los lee. Comenzar el olvido, de Pepo Paz Saz, pertenece a esa rara familia de novelas que no se conforman con contar una historia: obligan al lector a revisar el modo en que ha aprendido a mirar el pasado. Y lo hacen sin sermón, sin estridencia y sin esa solemnidad de museo que a veces pesa sobre la literatura de la memoria. Pepo escribe desde otro lugar: desde la respiración de las calles, desde la materia humilde de los barrios, desde la sombra que dejan las vidas a las que casi nadie concedió derecho a permanecer.

Lo admirable de la novela es que su ambición no necesita anunciarse. Está en la elección de los escenarios, en la paciencia con que se escucha a los personajes, en la manera de convertir una investigación —o varias— en una forma de conciencia. El crimen, aquí, no funciona como mecanismo de entretenimiento ni como simple motor narrativo: es una grieta. Y por esa grieta entra todo lo que una época quiso tapiar deprisa: el miedo heredado, la violencia administrada con uniforme o sin él, la vergüenza social, la indefensión de las mujeres, la facilidad con que una comunidad puede decidir que una víctima molesta menos si se la desacredita.

Pepo Paz Saz posee una cualidad particularmente valiosa: conoce el peso de las palabras porque ha vivido mucho tiempo entre libros, pero no escribe como quien exhibe biblioteca, sino como quien ha aprendido a desconfiar de los adornos. Su prosa avanza con una claridad que no empobrece, sino que afila. Tiene algo de cámara que se posa donde debe, algo de oído educado en la conversación real, algo de cronista que sabe que la precisión no está reñida con la emoción. En sus mejores páginas, la frase parece contener una doble corriente: por arriba fluye el relato; por debajo, más silenciosa, circula la pregunta ética.

Quizá por eso Comenzar el olvido resulta tan convincente. Porque no convierte la historia reciente en decorado, sino en intemperie. La España que aparece en sus páginas no es una postal de época ni una lección retrospectiva acomodada a nuestras certezas actuales. Es un territorio vivo, áspero, reconocible en sus contradicciones: un país que cambia de vocabulario antes de cambiar del todo sus reflejos; una ciudad que crece hacia sus márgenes mientras arrastra viejas obediencias; una sociedad que aprende a pronunciar la palabra libertad mientras todavía conserva intactos demasiados mecanismos de silencio.

Hay, además, una hermosa justicia literaria en la mirada de Pepo. No escribe para ajustar cuentas de manera ruidosa, sino para devolver espesor humano a quienes fueron reducidos a expediente, rumor o nota de sucesos. En ese gesto está la nobleza profunda del libro. La novela entiende que recordar no consiste solo en acumular datos, sino en rescatar una presencia: permitir que alguien vuelva a tener nombre, cuerpo, miedo, deseo, dignidad. Frente al archivo frío o la versión interesada de los vencedores de cada momento, la ficción se vuelve aquí una forma de restitución.

También impresiona la naturalidad con que el autor enlaza lo íntimo y lo colectivo. La memoria personal no aparece como capricho sentimental, sino como una vía de acceso a lo común. Pepo sabe que la historia grande suele dejar sus señales en lugares pequeños: una calle, un descampado, una conversación interrumpida, una noticia leída con demasiada prisa, una amistad de infancia que el tiempo vuelve misteriosa. Su novela demuestra que el pasado no vuelve porque lo invoquemos, sino porque nunca terminó de marcharse.

Por eso este debut novelístico —si cabe llamar «debut» a la llegada de alguien que llevaba tantos años preparándose en silencio— tiene algo de culminación y algo de promesa. Culminación, porque concentra una vida de lector, editor, viajero, observador y narrador de márgenes. Promesa, porque deja la sensación de que Pepo Paz Saz ha encontrado una voz capaz de seguir interrogando nuestras zonas menos complacientes sin perder nunca la compasión ni la inteligencia narrativa.

Comenzar el olvido es una novela valiente no porque levante la voz, sino porque mira de frente. Y esa forma de valentía, serena y persistente, es quizá la más literaria de todas. Pepo ha escrito un libro que se lee con interés, se recuerda con inquietud y se agradece con admiración. Una obra que confirma que la buena narrativa no nos ofrece consuelo fácil: nos entrega, si hay suerte, una lucidez más honda. Y en este caso la hay.


Comenzar el olvido
Pepo Paz Saz
Reino de Cordelia, 2026
272 páginas
22,95 €
Salir de la versión móvil