Icono del sitio El Cuaderno

La sinrazón de la guerra con Rusia

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana Mestre /

Se cuenta que Napoleón, cuando le preguntaban qué necesitaba para ganar las guerras, si determinados mariscales o armas, contestaba que tres cosas: «dinero, dinero y dinero». No sé si esta anécdota es verídica, pero la respuesta de Bonaparte parece cierta. Hoy, cuando contemplados, aterrados, que negros nubarrones se ciernen sobre Europa, con una amenaza de guerra, he pensado en ella. Y, por ello, me he dedicado a buscar cuál es actualmente el producto interior bruto de Rusia, que al parecer es uno de los miembros más agresivos de esta contienda, aun cuando no es el único gallo de pelea.

Al parecer, en 2021 el PIB ruso alcanzó los 377.702 millones de euros, con lo que Rusia se situaba como la décima economía en este ranking.  Como me resulta difícil percibir la importancia de esta cifra, la he comparado con la de España, cuyo PIB resulta ser de 303.717 millones de euros, y la sitúa como la economía número 13 en el ranking. Es decir, España dispone de una cifra inferior a la rusa, pero, si se tiene presente la diferencia de población y de tamaño, la economía rusa es plenamente comparable a la nuestra. Si se comparan todas estas dos cifras con Alemania en el mismo año, la diferencia es abrumadora en favor de Alemania, dado que en 2021 su PIB alcanzaba la cifra de 858.830 millones de €. millones de euros. Francia, el otro socio importante del club europeo, poseía un PIB de 626.075 millones de euros, con lo que se situaba como la sexta economía en el ranking, y casi doblaba el de Rusia.

¿Qué deduzco de ello? Lo primero que se me ocurre es pensar que un conflicto de verdad es difícil que lo inicie Rusia, dado que saldría descalabrada. Pueden empezar los ciberataques, los boicots, las maniobras y la guerra de desinformación, pero me cuesta ver los aviones, los carros de combate y los cohetes. Otra cosa es si lo que pretende Putin y la jerarquía del Kremlin es irritar a la Unión Europea, tantear la solidez de las alianzas, agrietar la OTAN o simplemente asustar a sus vecinos. Claro está que la insensatez humana no tiene límites y muchos conflictos se inician sin calcular previamente los posibles resultados. Pero a partir de esta premisa es posible establecer hipótesis. Los equilibrios de alianzas son muy difíciles de establecer: así, por ejemplo, podríamos preguntarnos cuál sería la posición de Turquía, un país de la OTAN, en caso de conflicto. La Turquía de hoy comparte con Rusia muchas cosas, y se puede dudar de su atlantismo.

Pero en esta pelea no solo ejercen de gallo los rusos. Razona Putin que, cuando la URSS se desintegró en numerosos estados, Occidente prometió no utilizar los países surgidos de la descomposición del inmenso imperio rojo, para amenazar a la santa madre Rusia; pero la OTAN no cumplió la promesa y, en sucesivos actos, la alianza militar se ha situado a menos de mil kilómetros de Moscú. El presidente ruso se pregunta: ¿qué dirían los dirigentes norteamericanos si situáramos misiles en la frontera del Canadá o en la de México?

Todas estas cuestiones me planteo cuando veo que en determinados círculos periodísticos se da por supuesto que nosotros tenemos razón. Y sabido es que, en cualquier conflicto, lo primero que se suele hacer es ganar la batalla interior, es decir, convencer a los tuyos de que tu causa es la justa y la de los demás es bastarda y engañosa.

En realidad, a veces me pregunto: ¿por qué la Rusia salida de la Perestroika ha sido marginada como si se tratara del mismo país de los sóviets de 1917? Antes de 1917, Rusia, la de los zares, siempre había formado parte de Europa. Leíamos su literatura, admirábamos su música y visitábamos sus museos sin más prevención que la que teníamos en París, Londres o Viena. ¿Por qué despues de la caída del Muro de Berlín no ha sido así? Hubo, ciertamente, intentos de que las relaciones se normalizaran, y por ello los famosos gaseoductos que abastecen Europa central. Pero después, en los últimos años, ¿qué es lo que falló? ¿Cómo se ha llegado a este lamentable y peligroso juego bélico? Cuando se analiza esta historia reciente, es fácil llegar a la conclusión que las culpas de tanto desaguisado están, como mínimo, muy repartidas.

Yo espero que, en esta profecía, me asista la razón.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

Salir de la versión móvil