/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Puedo entender la preocupación por el futuro y la necesidad de dinero que requiere garantizar el nivel adecuado de ingresos o reservas para cubrir los gastos de la vida diaria; en especial cuando la carrera entre precios y salarios se ha decantado claramente en favor de los primeros. Lo que no entiendo ni entenderé es la obsesión por acumular cantidades ingentes de dinero, más allá de cualquier necesidad razonable para el presente e incluso el futuro de uno mismo y de los suyos. En estas condiciones, comprenderán que me sorprendan las listas de la revista Forbes y que pueda haber personas que cifran su éxito, exclusivamente, en el número de millones de euros de su patrimonio. Por el contrario, entiendo el espíritu de iniciativa de las personas que, abandonando el confort de depender de un salario fijo, se lanzan a crear empresas y proporcionan oportunidades de empleo a sus conciudadanos.
Dicho lo anterior, no espere el lector que esta columna sea un alegato en contra de la riqueza obtenida con esfuerzo y riesgo ni un anatema de los empresarios: no soy ningún moralista y me molestan las actitudes condenatorias hacia quienes obtuvieron un patrimonio a base de iniciativa y trabajo duro. Estoy convencido de que en esos casos la recompensa no es tanto el capital obtenido (dejemos eso para los mediocres y los oportunistas amigos de lo que en España se llamó pelotazo), mientras que muchas de las personas más ricas del mundo, cuando exhiben su cifra de éxito lo hacen en número de personas a quienes dan empleo, empresas creadas y unidades producidas cada año gracias a su iniciativa. En consecuencia, nada en contra de que el esfuerzo y la honestidad en los negocios se vean recompensados con beneficios.
En particular son de agradecer las donaciones filantrópicas de personas como Amancio Ortega y su fundación en equipamiento médico o las donaciones de Juan Roig a los damnificados de la DANA en la comarca de L’Horta Sud, que, para vergüenza de todas las instituciones públicas y sus representantes, han llegado con mayor celeridad que los fondos públicos, alcanzando millones de euros a fondo perdido y sin la exigencia de que nadie fuera a pedírselos.
Por el contrario, detesto la mezquindad de quien pretende privilegios sin acreditar una formación apropiada y busca sacar partido de situaciones de ventaja para él y sus familiares. Ahí no hay creación de riqueza ni esfuerzo: solo oportunismo cuando no tráfico de influencias, cohecho o malversación.
Bill Gates, el cofundador de Microsoft, ha anunciado que sus tres hijos heredarán menos del 1% de su fortuna, que se estima en más de 100.000 millones de dólares; lo que no es una cantidad despreciable. El grueso de su fortuna se destinará a su fundación, la Fundación Bill y Melinda Gates, para causas filantrópicas
Imagino que algún lector moralista ya estará afilando su pluma para denunciar que yo ensalce a personas muy ricas y que entre líneas se deslice una crítica a políticos incapaces y dogmáticos pero ávidos de privilegios y dietas. Se equivoca: lo que pretendo es deslindar la avaricia del esfuerzo y no confundir el éxito en los negocios con el afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas; porque lo importante no es la riqueza sino el fin que se le da y el modo en que se adquirió. Por mi parte, debo afirmar que soy particularmente nulo para administrar mi patrimonio y prefiero desarrollar mi actividad profesional sin amos ni patronos y tener siempre presente que el tiempo es lo que tiene más valor. En resumen, un mal ejemplo para mis estudiantes a los que trato de convencer para que sean emprendedores y creadores de riqueza, no para acumularla, sino para favorecer el desarrollo de su país.
Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.

