/ una reseña de Luis López /
Fotografía destacada de Elianne Dipp
Lo metapoético aparece, en El gran amor de Andrés García Cerdán, como herramienta y como materia: no en vano el autor ha dedicado al tema ensayos como La muerte del lenguaje: para una poética de lo desconocido (Libros del Aire, 2018) y La mirada salvaje: poética del espejo y el espejismo (Pre-Textos, 2023).[1] Herramienta siempre visible, materia aceptada como indisociable de la escritura: «Un poema es un desconocimiento. Escribimos lo que no sabemos y desde un lenguaje que se crea en el proceso mismo de crear»,[2] nos dice.
Funciona lo metapoético a la manera de un bajo continuo sobre el que se modulan los poemas del libro, recorriendo una escala de registros desde lo público (el problema medioambiental, el conflicto palestino-israelí, el acoso) a lo privado (la memoria, la paternidad); poemas que, de esta manera, resuenan como partes de un conjunto a oídos del lector.
Agujeros
Encuentro en el armario
un jersey que llevé de adolescente.
Está arrugado,
deshecho.
Tiene agujeros de distintas formas.
La lana que eligió mi madre
—antes rojo burdeos—
se desvanece en la erosión.
La vainica es un libro
que se ha descuadernado,
un ovillo de signos
dados de sí.
¿Al otro lado
hay alguien?
El descosido, la rotura,
las hebras sueltas:
semántica
de un texto lleno de agujeros,
unas pocas palabras destrenzadas
en las que algo
se está perdiendo siempre,
en las que hay siempre algo más.
También —y sobre todo— como constatación de que el lenguaje no sólo está en la realidad, sino que en cierta medida es la realidad, y que en este ser puede encontrarse una intuición de trascendencia: El gran amor se asoma a su propio decirse buscando la revelación.
Ballenas
Algo vuelve a la superficie cuando dices ballena.
Algo flota en el nombre
del animal.
Lo que ha estado escondido en lo profundo
sale a la luz.
La palabra ballena es aire
y está llena de aire.
Φάλλαινα en griego:
la letra fi,
las alfas,
las landas,
la ni como espolón.
Siempre hay algo más,
una raíz que vuela.
Volvemos en su música al ilirio,
a un idioma anterior a todo.
Las palabras expulsan contra el cielo
el fondo de océano del lenguaje.
Anoto, sin embargo, que lo metapoético está ausente de los poemas de tono más conmovido, tengan un contenido de denuncia («Surfing La Manga» o «Bilal Saleh», entre otros) o íntimo («Meteorito», por ejemplo). Tal vez por evitar un exceso de intensidad, porque en todo momento García Cerdán busca mantener la dicción en los límites de lo (que se entiende por) coloquial.
Dicción coloquial para una mirada buscadamente ingenua que se extiende, como el gran amor del título, sobre toda la cotidianidad del autor (la ordinaria, la extraordinaria, la difícil, la alegre, la que exige compromiso, la que demanda atención o amor) porque —en definitiva— contiene en su centro una emocionada celebración de la paternidad, que el autor reconoce en una entrevista concedida a Javier Gilabert:
«J. G.: ¿Por qué este libro y por qué ahora?
A. G. C.: Los cómos, los cuándos, los porqués de los libros son siempre un misterio. Lo que puedo decir es que un tsunami de entusiasmo y de asombro nos arrolló tras el nacimiento de Teo».[3]
Celebración cuyo tono se impone, como bien señala el poeta José Antonio González Iglesias,[4] rechazando «la violencia y las muchas formas del mal».
Meteorito
Desde el principio
lo supimos.
Desde el principio, sin saber
aún
de dónde eras
ni desde cuándo,
tampoco cómo había sido tu nacimiento
ni a quién había que agradecerle aquel amor
tan grande,
tan absolutamente inesperado.
Venías del final de las galaxias,
esto es,
de muy cerca, en realidad.
Venías del final de todo el tiempo,
es decir,
de apenas un instante antes.
Venías de la última floración de las almas,
es decir,
de la misma nobleza de tu madre.
De más allá de todo
y de más adentro
que ninguna otra cosa, mucho más.
Andrés García Cerdán (Fuenteálamo, Albacete, 1972) ha ganado con El gran amor el XXVII Premio de Poesía Generación del 27 en su convocatoria de 2024. Sus últimos libros publicados son Equipos de respiración subacuática[5] (Algaida, 2023) y Químicamente puro[6] (Pre-Textos, 2022).
[1] La mirada salvaje recibió en 2022 el XIX Premio de Investigación Amado Alonso de investigación literaria.
[2] Andrés García Cerdán: «La poesía del desconocimiento», Tonos Digital: revista de estudios filológicos nº 34 (2018)
[3] Entrevista publicada en Culturamas el 22 de julio de 2025.
[4] Poeta y catedrático de filología clásica en la Universidad de Salamanca. También ganador del premio Generación del 27 (IV, 2001) con el libro Un ángulo me basta.
[5] Premio Kutxa Ciudad de Irún de poesía (2023).
[6] Galardonado con el II Premio internacional de poesía Francisco Brines (2022).
Andrés García Cerdán
Visor, 2025
70 páginas
12 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).

