/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Soy consciente de que el término ambición no goza de buena reputación en nuestros días, pues cuando no se asocia a la avaricia lo hace con el acceso al poder y la manipulación de personas e instituciones. Por supuesto, no es esta la ambición que quiero revindicar, puesto que no se trata de ser ambicioso en lo tocante a bienes materiales ni al poder. Reivindico el afán de mejora, el deseo de superación de las propias limitaciones, las ganas de dejar huella de nuestro paso por la vida, haciendo posible un legado para quienes vendrán detrás.
Desconfío enormemente de la aurea mediocritas y me parece que detrás de ese pasar desapercibido en el que se escudan algunos hay un trasfondo de felicidad mediocre, de ausencia de esfuerzo y cortedad de miras. Frente a lo anterior, estoy convencido de que se requiere un punto de trascendencia en nuestras actividades cotidianas; de manera que, tanto en nuestra vida pública como en la privada, tratemos de ir más allá de lo obvio y dejar tras nosotros alguna contribución que demuestre y justifique nuestro esfuerzo.
Un colega me comentó hace años el título de una conferencia prevista en una universidad norteamericana: «A scientific heritage», «Un legado científico». Me pareció un título magnífico, hasta el punto de sugerir a la Sociedad Española de Química Analítica que invitara a todos los profesores que se jubilaran para que escribieran una nota para la revista Informaciones de Química Analítica, detallando aquello que, en su opinión, había sido su contribución a la disciplina al cabo de sus años de trabajo. No solo eso: también me llevó, personalmente, a indagar lo que mi propia investigación aporta a mi disciplina y a lo que contribuye mi docencia y les confieso que a lo largo de los años mi ambición ha ido cambiando, de publicar muchos trabajos a conseguir que sean citados y que influyan en la actividad de otros investigadores; a la vez que trato de que mi magisterio contribuya a la formación de mejores personas y no solo mejores químicos y farmacéuticos. Les recomiendo encarecidamente, y sea cual sea la actividad a la que se dediquen, ese ejercicio de introspección, de analizar hasta qué punto su actividad ha cambiado o puede cambiar algo en su ámbito profesional y persona. Lo otro, limitarse a acudir a su trabajo y pagar con su dinero, con todo y ser importante no basta, en mi opinión, para respetarse a uno mismo.
Ser ambicioso es soñar un futuro mejor para nuestras familias, nuestra profesión y el mundo en general y esos sueños no pueden ser mezquinos y limitarse al ámbito económico o de prestigio profesional y deben apuntar a la felicidad y la mejora del mundo tal y como lo recibimos de los que nos precedieron.
No es necesario que nuestra profesión sea particularmente trascendente o que tenga una gran influencia en la sociedad. En cualquier actividad hay margen para la superación personal y para la innovación y son esas las metas que importan, las que pueden cambiar, aunque sea en una medida reducida, el devenir. Muchos desarrollos técnicos han salido del ejercicio cuidadoso de una profesión o la observación meticulosa de cuanto nos rodea y es la ambición de mejorar lo que mueve los engranajes para cambiar la realidad. No basta pasar por la vida sin hacer ruido; es preciso soñar y trabajar duro para hacer posibles los sueños de un mundo mejor por acción o reacción frente a las conductas que nos retroceden al pasado, o, como ha dicho recientemente un mandatario, a la edad de piedra. Ya ven: no solo hay que ser ambicioso en la acción; también en la oposición a las conductas autoritarias y retrógradas, que tan queridas son para algunos de nuestros gobernantes, que siembran odio y levantan muros entre los ciudadanos en lugar de llamar a la colaboración de todos.
Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.

