/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
He recurrido a sistemas de inteligencia artificial para consultar información sobre temas que he investigado durante años. Se trata, en muchos casos, de asuntos tan específicos que casi podría afirmar que forman parte de mi propia trayectoria intelectual. Las respuestas obtenidas han sido, en términos generales, correctas, aunque no puedo dejar de sospechar que se nutren de textos y trabajos de mi autoría que, en su momento, fueron puestos a disposición del público en la red. Lejos de producirme satisfacción, esta constatación me ha suscitado una profunda inquietud. Pertenezco a una generación y a una tradición intelectual que entendieron la ciencia y el conocimiento como bienes que debían compartirse, en la medida en que se elaboran gracias a recursos sostenidos colectivamente, como bibliotecas, universidades y otras instituciones públicas.
Sin embargo, hoy asistimos a un proceso en el que un número reducido de grandes corporaciones tecnológicas convierte en fuente de negocio un caudal de conocimiento generado por miles, acaso millones, de personas que lo han compartido libremente en Internet. Bajo la etiqueta, a menudo acrítica, de inteligencia, estos sistemas reconfiguran y reproducen materiales ajenos sin que ello implique necesariamente creación en sentido estricto. Así, informaciones, análisis y textos producidos por investigadores, escritores y diversas organizaciones pasan a integrarse en productos comercializables cuya apropiación beneficia, de manera desproporcionada, a quienes controlan la infraestructura tecnológica.
Por esta vía, las empresas desarrolladoras de inteligencia artificial tienden a concentrar beneficios económicos considerables a partir de aportaciones realizadas de buena fe por una amplia mayoría de usuarios y productores de conocimiento. Mi objeción, por tanto, no se dirige contra la inteligencia artificial en cuanto tal, sino contra el modelo de distribución de valor que la acompaña. Mientras reflexionaba sobre esta cuestión, leí un interesante artículo en el que se expone la controversia suscitada en Corea del Sur en torno a este mismo problema. Quisiera pensar que comienza a abrirse paso una conciencia crítica sobre este desequilibrio: aquel por el cual los costes sociales de la inteligencia artificial se distribuyen colectivamente, mientras que sus beneficios se privatizan. Remito, por ello, al artículo de referencia.
Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

