/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Encuentro pocos motivos que justifiquen los cambios de nombre de instituciones, productos, calles, revistas o cualquier otra cosa que imaginen. Aun reconociendo que muchos nombres no hacen justicia a lo que designan o se han quedado un tanto anticuados, lo cierto es que en el nombre de las cosas se encierra una buena parte de su origen y su historia y que actualizar su significado es preferible que se haga con imaginación y esfuerzo y no simplonamente cambiando el título. Además, no olvidemos que en la actualidad cualquier cambio de nombre implica gastos innecesarios y crea dificultades a los ciudadanos y usuarios. Todo lo anterior viene a cuento de la impresión que me produce una estúpida campaña de publicidad de una empresa de seguridad que, lejos de revindicar las ventajas de su producto, está gastando un dineral en homogenizar el nombre de su compañía a nivel internacional, olvidando el camino realizado en el pasado por la empresa española.
En el caso de los nombres de las calles no me negarán que hay con frecuencia cierta dosis de revanchismo político, y así, aunque personalmente, prefiera el nombre de Periodista Azzati (Félix Azzati, quien fuera director del diario El Pueblo y defendiera al pedagogo anarquista Francisco Ferrer y Guardia, creador de la escuela moderna) al de falangista Esteve, que suplantó al de Juan Lorenzo (presidente de la llamada Junta de los Trece en la época de las Germanías), soy de la opinión de que los ciudadanos no tienen por qué sufrir la ideología de sus representantes y es mejor crear nuevas calles que cambiar nombres.
En el caso de las revistas les contaré la anécdota de que cuando la editorial Elsevier me propuso ser editor jefe de su revista Microchemical Journal, además de aceptar ese inmerecido honor, me permití la broma de preguntarles si era cierto que en plena era de la nanociencia me proponían volver tres órdenes de magnitud atrás y asumir la responsabilidad de una revista que se centraba en el nivel micro y que tenía un nombre que no respondía a la realidad del proyecto, que era el de una revista de química analítica. Junto al profesor Joe Sneddon, fui coeditor jefe de la revista y me dediqué a escuchar al maestro y evaluar la presencia de la publicación en el ámbito internacional. Cuando Joe se retiró y tuve que asumir en solitario la dirección de la revista, me abstuve de cambiar su nombre y renunciar, con ello, a la historia de la publicación, que yo mismo había contribuido a crear con mis primeras publicaciones en el campo del análisis inorgánico por espectroscopia atómica, pero me negué a aceptar que la revista se convirtiera en una publicación fundamentalmente centrada en las técnicas atómicas, incorporé nuevos editores de diferentes campos y números especiales centrados en temas calientes de investigación en los métodos de análisis. Para ello nombré un comité internacional con especialistas en técnicas espectroscópicas y sensores ópticos; pero también en electroquímica, cromatografía y técnicas de separación, quimiometría y ómica, cuidando de que la revista cubriera todos los campos actuales de la química analítica; y hasta capitaneé, junto con la profesora Kamuran Ayhan, de la Universidad de Ankara, un número especial revindicando los métodos químicos de análisis de virus, bacterias y hongos, como materia de la química analítica actual. Hoy en día la revista avanza año tras año y se ha fijado en el primer cuartil de las publicaciones de su ámbito, hasta el punto de que el año pasado recibimos 4.200 trabajos para su publicación.
Espero que los lectores me perdonan el discurso químico, pero también, que lo tomen como ejemplo de la importancia de cambiar el contenido de las cosas y actualizarlo antes que cambiar solo el nombre. Aunque es cierto que lo primero supone más esfuerzo e imaginación y lo segundo solo el recurso a lo facilón.
Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.

