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La pérdida de los amigos

Warm light glowing through layered handmade paper and tangled red and gold threads

A warm glow shines through layered handmade paper tangled with red and gold threads.

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

La vida, lo he sostenido muchas veces, es la historia más bonita que nos ocurre, aunque siempre acabe con la muerte de los protagonistas. Lo peor es tener que renunciar a la presencia de las personas a las que queremos y eso, que va empujándonos a nuestro propio final, es lo que más duele.

Recientemente he perdido, hemos perdido todos, a esa gran persona y fantástico pintor que es Antonio Ferri. A sus ochenta y ocho años, se marchó dejándonos una obra ingente, su museo en Bocairent, su enorme generosidad y el ejemplo de que se puede vivir al propio aire sin hacer daño a nadie y, antes al contrario, repartiendo felicidad entre todos los que le conocimos. Aunque no estaba con él cuando nos dejó, sí que pude despedirme en una de esas sesiones que organizaba en su casa para compartir con los amigos su obra reciente. Me encantaba ese halo de coquetería con el que mostraba la obra realizada en los últimos meses mientras atendía con interés los comentarios que le hacías. Pintó con aplicación y placer hasta el final y solo se permitió momentos de desánimo cuando su vista o su salud se resentían, pero transmitiendo, siempre, una imagen positiva de todo y hacia todos los que le rodeaban. Es duro pensar que ya no nos ofrecerá nuevos cuadros y que tampoco podremos asistir a los cambios en su obra, que se resistía a quedar fijada en uno de los muchos registros que acompañaron su pintura: aunque fue siempre fiel al papel como soporte, variaba su realización a caballo entre lo figurativo y lo abstracto.

Estando en Brasil me llegó la noticia de la muerte de Wolfram Baumann. Ocurrió en agosto de 2025 en Bogotá y eso explica que no contestara mi último correo electrónico. Wolfram fue profesor de Química Analítica en la Universidad de Mainz (Alemania) y allí le conocí, siendo él ya un experto en cromatografía y yo un joven profesor que impartía su primera conferencia en inglés gracias a la ayuda de mi amigo y profesor de Bioquímica, Lorenzo Braco. Lorenzo me ayudó a disimular mi pobre inglés con su perfecto acento británico y guió mis primeros pasos en el empleo del latín del siglo XXI. Desde el primer momento congeniamos los tres. Wolfram compartió conmigo su vida familiar, dándome la oportunidad de conocer a su hijo, que entonces descollaba como pianista y que cambió el piano por los aperos para herrar caballos en aquellas tierras alemanas. Tuve el privilegio de invitar a Wolfram y a Lorenzo para impartir sendas conferencias en el simposio sobre «(Bio)chemical Sensors» que organicé en Montreux (Suiza), en el marco de los actos de la Deauville Conference y también coincidimos en congresos en Río de Janeiro y en Valencia. La última vez que compartí los días con Wolfram fue en la Universidad de Los Andes, de Bogotá, en la que fue profesor y director del departamento de Química, a donde me invitó para impartir una conferencia. Recientemente retomamos nuestra amistad por correo electrónico y me confesó que estaba escribiendo sus memorias. Intercambiamos varios correos, pero desconozco si, una vez acabados sus compromisos con la universidad, tuvo tiempo de recopilar su larga y fructífera vida. Tengo noticia de su muerte en Bogotá el 3 de agosto de 2025 a través de la profesora Silvana Rodrigues, de la Universidad Federal Fluminense de Niterói, que hizo su tesis en Mainz y a la que, junto con Wolfram, me une una profunda amistad.

A Lorenzo lo perdí prematuramente, y lo peor es que no me di cuenta de sus males cuando hablamos apenas un mes antes de su defunción. De la muerte de Antonio me he enterado por una familia que tenía una estrecha relación con él, pero en el caso de Wolfram, se me hace imposible haber vivido todo un año sin saber que él ya no estaba. Me siento como el protagonista de la novela de Javier Marías Mañana en la batalla piensa en mí, pues es imposible imaginar un mundo en el que falta alguien a quien queremos, aunque la realidad nos ponga frente al espejo. Descansen en paz los buenos amigos y todas las personas a quienes amamos. En el fondo, ellos siguen viviendo en nuestra memoria y es bueno recordar el tiempo compartido.


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.  

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