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La fractura de Francia

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

París, 6 de febrero de 1934: un grupo nutrido de escuadras paramilitares de extrema derecha intentan asaltar la Asamblea Nacional Francesa cuando se está votando el primer ministro Daladier. Mueren 17 personas y hay más de dos mil heridos. ¿Es el inicio de la marcha sobre París de los fascistas? ¿Quieren emular la marcha sobre Roma de Mussolini, así como la marcha de antorchas de Berlín, con Hitler? Los fascistas franceses constituyen una derecha dura, admiran a la Italia del Duce y consideraban que su genocidio en Etiopía no es cosa de Francia. También admiran a Hitler. Polonia y las naciones amenazadas del este de Europa por las provocaciones nazis no son motivo de preocupación para ellos. ¡Francia y solo Francia importan!

La izquierda se moviliza ante este panorama y el resultado es que el 3 de mayo de 1936 una coalición izquierdista denominada Frente Popular, liderada por Léon Blum, gana las elecciones, pero el bloque de la derecha obtiene casi el 42% del voto. La respuesta es una oleada de huelgas, manifestaciones, etcétera, que suman casi veinte mil conflictos laborales.

Francia se dividió en dos mitades, irreconciliables. Cuando en 1939 estalló la segunda guerra mundial, el país entró en el conflicto dividido, con la mitad de la población en contra. La derrota militar subsiguiente fue en gran parte consecuencia de ello. Y se instaló un gobierno fascista en Vichy, bajo la presidencia del mariscal Philippe Pétain. Fue un régimen dictatorial, aliado de Hitler, que se proponía «regenerar Francia» mediante «una revolución nacional». Su ideología era contraria a los valores republicanos encarnados por la Revolución francesa. Solo la victoria aliada permitiría a los franceses recuperar sus ideales republicanos; la democracia y la dignidad perdidas. La eterna rivalidad entre Francia y Alemania que en menos de un siglo había generado tres guerras, dos de ellas mundiales, se conjuró con la Unión Europea, en donde el eje francoalemán ha sido la clave de la estabilidad europea durante más de medio siglo.

Pierre Vilar escribió en 1978 que, «afortunadamente, la historia nunca se repite». Hoy no es 1934. Sin embargo, Francia es un país dividido y la fractura política pasa por las mismas zonas por donde se mostraba entonces: hoy hay allá una derecha que admira a Pétain, que reniega de los valores de la Unión Europea y que considera que la guerra de Ucrania no es cosa suya; reniega de la aplicación a magrebíes y africanos del principio de igualdad derivado de la Revolución francesa del siglo XVIII, y sus discursos, hace apenas una década, eran contrarios a la Unión Europea, de tal modo que les alegró el Brexit británico. La Unión Europea, con su libre circulación de mercancías y de ciudadanos, la consideran nefasta para ellos, los franceses.

Por ello, muchos votantes del Frente Nacional francés no quieren, por ejemplo, importar naranjas españolas, ni hortalizas del Levante, pero sí quieren exportar sus quesos y sus vinos a este lado de la frontera. Es el nacionalismo más rancio; odian la globalización y no quieren reconocer que hoy ningún país puede subsistir aislado. Si se imponen, y les falta poco, muchas cosas van a cambiar en nuestro mundo. Francia es muy importante para Europa.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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