/ una reseña de Luis López Suárez /
Viviendo al lado de Galicia, de la que me separa únicamente una franja de agua salobre, leí por primera vez el nombre de Francisco Cortegoso (1985-2016) en la página web del Centro di studi galeghi, de la Universidad de Perugia. Allí, en un artículo publicado el 5 de octubre de 2017, daba cuenta Marco Paone de «Il prezioso lascito poético di Fran Cortegoso», de su muerte y de los libros Memorial e danza (Espiral Maior, 2014) y Suicidas (Chan de Pólvora, 2016); y ofrecía al lector un poema, esta vez, sí, en gallego, Unha árbore. Quedé deslumbrado. El poema de aquel escritor desconocido me hablaba, a través de extraños caminos, en una lengua que me es familiar y querida. Es éste:
Unha árbore
dilátase nas vetas da pedra,
avánzase sobre o límite,
éo.
No relanzo da tarde devense
chuva.
Unha árbore enxértase na pel
doutra.
Non ten corazón máis que a madeira
que expomos para contar os aneis
co estremo da uña arredada
á carne.
Distánciase na altura, mídese
na sombra.
Sostena
o ceo.
Pode caer.
El carácter a primera vista oscuro, a veces fragmentario, de la obra de Cortegoso ha hecho que se lo relacione con Paul Celan, por «su lenguaje críptico y abstracto, situado en las fronteras del logocentrismo».1 Pero, a mi juicio, no hay oscuridad en su poesía, sino una certeza casi física. Acierta Gonzalo Hermo, amigo suyo y también poeta, cuando dice que «o suxeito esvaece ao tempo que comparece o poema, na súa maxestade, coa potencia dun corpo».2 E coa súa verdade —añadiría yo.
Memorial e danza, aparecido en gallego en 2014, galardonado con el Premio Pérez Parallé, fue su primer libro, al que siguió Suicidas, llegado a las librerías el mismo día de la muerte de su autor. Ahora, a fines de 2023, se ha publicado Nocturno de verán e outros poemas (Chan da pólvora), que recoge la obra última y la dispersa de Fran Cortegoso, al cuidado de Gonzalo Hermo. A él debemos también la traducción del único poemario de Cortegoso publicado en castellano: Memorial y danza (Ultramarinos, 2020).3
Memorial y danza es un libro velado. Esa es la primera condición para su valoración. La segunda, entender que ese velo es un juego; el juego del lenguaje, con el que se hacen, se deshacen y vuelven a hacerse los poemas; un oscurecimiento del que surge la claridad en una luz sin contornos, distante pero intensísima. Una alegoría que, al esconder su mensaje, hace del acto de ocultar, esto es, de escribir, un complejo y obsesivo entorno. Ya no importa cuál es la verdad que subyace en el poema, qué es lo velado, porque la verdad es el poema.
DEDICATORIA
Allí donde la lengua pierde su lugar,
y así la materia se expande por completo,
donde se transparenta,
se traspasa a sí misma, se mata,
y toma sonido, y el silencio;
ahí sonde se alcanza a sí misma, como en un palimpsesto,
y se apaga e ilumina como nada,
rota, vuelta sobre sí,
ordenándose;
aquí, caída, por devolverse al mundo;
ocluye, se atraviesa. Mayor que la luz ni sombre.
Y siempre para cada uno de nosotros, humanos, la pérdida
[o inflación del movimiento, en nosotros.
A esta respiración.
Por perdernos.
1 Helena Pagán Marín: «Francisco Cortegoso (1985-2016) en diálogo con Paul Celán (1920-1970): una inmersión en las profundidades del lenguaje», en Borja Cano Vidal, Vega Sánchez Aparicio y Carmen Morán Rodríguez (eds.): Escrituras al límite: canon, forma y sujeto en la literatura contemporánea, Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2022, pp. 95-101.
2 Gonzalo Hermo: «Con firme brazada», Protexta, núm. 4 (2014), p. 70.
3 El libro cuenta con un esclarecedor prólogo de Gonzalo Hermo y unas páginas epilogales de María do Cebreiro Rábade y Carlos Pato, también de muy interesante lectura.
Francisco Cortegoso
Ultramarinos, 2023
68 páginas
14 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).

