/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
La Unidad Militar de Emergencias (UME) fue creada en 2005 y durante estos años ha demostrado su enorme utilidad para ayudar en las grandes tragedias e incendios en nuestro país y fuera de nuestras fronteras y para mejorar la relación de los ciudadanos con las fuerzas armadas de su país. Fue un acierto del entonces presidente del gobierno, el señor Rodríguez Zapatero y del ministro de defensa, el señor Bono y todos hemos reconocido su efectividad y la entrega de las personas que componen sus unidades. En muchos sitios combatieron el fuego y asistieron a las personas damnificadas y también han construido puentes que permitieron atenuar los efectos de las inundaciones sobre la vida de los ciudadanos. No obstante, me sorprende la ausencia de servicios de intendencia a la población en sus actuaciones, puesto que no se puede imaginar un ejército real sin unidades de apoyo capaces de desplazar panificadoras y cocinas a las zonas de actuación.
Una de las ventajas de tener la UME es favorecer la efectividad del ejército, manteniéndolo activo frente a situaciones reales. Por eso no entiendo que siendo dar de comer a su ejército y a las poblaciones afectadas una práctica habitual en los movimientos de tropas la intendencia corra a cargo de organizaciones no gubernamentales o directamente de la participación ciudadana sin que haya tenido noticias de la actuación de unidades de intendencia asociadas a la UME.
En la reciente invasión de Ceuta, provocada y/o consentida por Marruecos con la complicidad o la aquiescencia del gobierno del señor Sánchez, no entiendo que el gobierno de la nación no hiciera nada por proteger las fronteras, a pesar de los numerosos indicios y advertencias de lo que se preparaba y que, una vez ocupada y desalojada voluntariamente de forma parcial la ciudad, no se acudiera a la UME para afrontar la crisis humanitaria creada por el reino de Marruecos al lanzar de forma criminal a sus jóvenes y a los inmigrantes subsaharianos que estaban en Marruecos a ocupar las calles de Ceuta. ¿No era esta una emergencia nacional?
En Ceuta, unos millares de personas sin identificar, que entraron violentamente en España sin que se les opusiera resistencia y sin que quieran volver a Marruecos, continúan deambulando abandonados por las calles de Ceuta sin que la riada de ministros haya sido capaz de cuantificar su número ni acudir en ayuda de lo que claramente es una situación de emergencia. La población española y la población foránea necesitan refuerzos del sistema médico asistencial (cosa que la señora García Gómez, desde su absoluta incapacidad, ni reconoce ni es capaz de afrontar; pese a que las competencias de la asistencia sanitaria en Ceuta le correspondan a través de INGESA) y un control de la seguridad ciudadana, amén de los servicios básicos a la población invasora más allá de las razones de su presencia en España.
La actuación rápida de unidades de intendencia, montando alojamientos, instalaciones sanitarias y servicios de alimentación hubiera sido, en mi opinión, una respuesta inmediata a la emergencia humanitaria de propios (recordemos para vergüenza del gobierno actual las condiciones de alojamiento de policías enviados tardíamente a Ceuta) y la falta de seguridad de las calles y comercios de Ceuta, amén del abandono y descontrol de los foráneos. Eso, que no la demagogia a que nos tiene acostumbrados el gobierno autodeclarándose progresista, hubiera sido afrontar con inteligencia y generosidad la crisis humanitaria antes de la devolución al país de entrada de todos cuantos violentaron las fronteras de España y Europa. Para ese cometido, la participación de las unidades de intendencia sería enormemente eficaz y serviría, además, para mantener operativas a esas unidades que tan esenciales son en situaciones de conflicto.
Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.

