/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
El presente artículo es más largo de lo habitual, pero el tema lo requiere. En este mes de abril de 2026 entramos en una fase decisiva del conflicto en Oriente Medio. No es solo un conflicto más: se trata de una restructuración completa del equilibrio de fuerzas en el mundo. Lo que está ocurriendo afectará no solo al factor militar, sino también al económico, financiero e incluso tecnológico durante décadas. Veamos por qué.
Hasta ahora asistimos a un conflicto con intercambio de ataques y misiles entre Israel y Estados Unidos versus Irán. Pero esto nos permite valorar los límites de Israel como potencia.
Lo primero que el conflicto deja en evidencia es que la «triple cúpula defensiva de Israel» está siendo perforada por Irán, que demuestra haber aprendido la lección de este tipo de guerras. Según el Financial Times, ahora un 80 por ciento de misiles iraníes ya penetran en el interior de Israel. Y son cada vez más precisos de lo que nos dicen: así, por ejemplo, llegan al Centro Israeli de investigaciones Nucleares del desierto del Néguev, en Dimona; al puerto de Haifa, en donde está la única refinería de petróleo, del grupo Bazan; a las ochenta centrales eléctricas y otras instalaciones clave, como las seis grandes desalinizadoras. No son ataques casuales los que hace Irán. Están bien planificados.
Esta situación es a la larga muy peligrosa para Israel. Para comprenderlo solo hay que comparar la extensión de Israel y la de Irán. Israel tiene 22 000 kilómetros cuadrados, mientras que Irán tiene 1 700 000. La población de Israel, el 50 por ciento, vive en Tel Aviv. Jerusalén y Haifa. Para abastecer de energía tiene unas pocas centrales eléctricas y una única refinería en Haifa. Israel tiene tan solo unos quince parques industriales de alta tecnología. Por el contrario, Irán tiene 90 000 000 de habitantes; una geografía inmensa, montañosa, difícil de penetrar y de conocer. Si los misiles iranies alcanzan la refinería de Haifa —la única—, ello representa una catástrofe. Irán tiene muchas más y su capacidad de resistir es mayor. Solo parques industriales, tiene casi 900. Y en una guerra con misiles, el país de mayor tamaño tiene, obviamente, ventaja sobre el minúsculo.
Pero Irán no es el único enemigo que se ha buscado Israel; tiene otros: Hezbolá en el Líbano, los hutíes y el grave problema del sur. Esta invasión del Líbano le cuesta un tributo enorme en los famosos carros de combate Merkava, que pierde diariamente. Cada unidad perdida representa una pérdida de unos diez millones de dólares. En este conflicto los combatientes de Hezbolá han aprendido a usar drones y el nivel de destrucción es muy alto, ya que se calcula que en los últimos días se han perdido un centenar de ellos. Además, a Israel le faltan ahora combatientes, dado que mantiene muchos frentes. Su jefe del Estado Mayor ha advertido de que no pueden aguantar mucho tiempo más. Y los soldados movilizados son personas que dejan sus puestos de trabajo; programadores, informáticos, mecánicos, gente que ahora no trabaja ni produce. La situación de Israel, el primer ejercito de Oriente Próximo, empieza a ser dramática, a pesar de su preparación.
La situación de los emiratos del Golfo, aliados de Estados Unidos y cómplices de Israel en este conflicto, no es mejor. El centro de mando yanqui en Arabia, la Prince Sultan Air Base, ya ha sido alcanzado; la Séptima Flota estadounidense ha tenido que retirarse para no ser alcanzada, y la lógica aplicada por Irán en estos ataques es simple: si me atacáis las centrales eléctricas, yo destruiré las plantas potabilizadoras de agua y los enclaves petrolíferos. Esta situación, para los Estados árabes, representa una catástrofe humanitaria terrible. Cierto que tienen misiles interceptores variados, como los THAAD, los SM-3, los Patriot y otros, pero su arsenal no es ilimitado: se estima que puede haber cinco mil y ya han gastado más de dos mil. Lo cierto es que hoy los emiratos y Arabia, junto con Estados Unidos, ya no tiene una cantidad suficiente para interceptar las baratas armas ofensivas iranies.
Ante esta situación, que se acerca al límite, el presidente Trump habla de operaciones terrestres como por ejemplo capturar el uranio iraní; se trata de miles de toneladas de material radioactivo, situado en el centro del país. ¿Se acercarán con helicópteros? ¿Cómo abastecerán a las naves en el interior de Irán? ¿Cómo transportarán miles de toneladas? ¿Los iranies no tienen fortificada la zona? ¿Los soldados se cambiarán el traje con otro antiradiactivo? Es evidente que esta operación es militarmente imposible sin una invasión terrestre, que sería suicida.
Hablan de reabrir Ormuz y atacar la pequeña isla en donde están los nudos de conexión del crudo iraní. Si esta infraestructura fuera atacada, el suministro de fuel se interrumpiría y el precio del mismo subiría hasta extremos peligrosos. Trump sería la primera víctima. Ha tenido que permitir sacar al mercado reservas para abaratar el precio, ya que de lo contrario la inflación sería un peligro terrible para él. Si ataca la isla, toda su estrategia de abaratar el crudo se va al garete. Este ataque conseguiría lo contrario de lo que pretende. Estas contradicciones nos revelan una falta de estrategia absoluta en las decisiones de la administración estadounidense. Cerrado Ormuz, el diésel podría doblar el precio y esto repercutiría negativamente para todo el, sistema de transportes mundial; el precio de abonos subiría, también disminuiría el ácido sulfúrico, que se produce en las refinerías del golfo, etcétera.
Pero mientras una parte del mundo sufriría, otra se beneficiaría: la China, líder de la energía fotovoltaica, que lleva años de ventaja con los coches eléctricos, tendría su mejor ocasión. Además los chinos podrán pasar por Ormuz, al igual que los indios y los petroleros aliados de Irán. Esta es la victoria estratégica mas importante obtenida por los ayatolás.
Aquí hay que sumar otro efecto negativo; nos referimos a los petrodólares. Hasta ahora el petróleo estaba aliado con el dólar; todo se pagaba con dólares y la maquina de fabricarlos está en Washington. El Banco Mundial actúa con dólares, pero Irán, como China, ya no paga ni compra en dólares; la base del poder financiero yanqui se empieza a agrietar. El poder del dólar estaba ya bajando antes de la crisis bélica, pero ahora se acelera: si este factor se combina con los anteriores, el panorama resultante es que Estados Unidos no dispone ya de la fuerza para proteger a sus aliados en el Golfo. Y si el paraguas militar yanqui empieza a tener grietas y el dólar también, ¿qué harán estos países subordinados a Estados Unidos?
Las monarquías del Golfo están sentadas sobre un barril de gasolina que se puede incendiar fácilmente; apoyan a Israel y a Estados Unidos, pero sus bases, su gente, en muchos casos chiíes como los persas, no se siente identificada con esta situación anómala. En realidad, estas monarquías son muy frágiles. Detrás del decorado de rascacielos y lujo no hay casi nada sólido. Sus infraestructuras son muy débiles: así, por ejemplo, sus aguas fecales, las de estos enormes edificios de cristal, se evacúan cada mañana con camiones cisterna hacia fosas sépticas. Este detalle es importante porque nos muestra la debilidad estructural de las petromonarquias: decorados lujosos sin nada detrás.
Todo ello nos indica que estamos a punto de ver cómo todo el sistema de equilibrios del Golfo se tambalea y ha de redefinirse. Sus alianzas con Estados Unidos se basaban en la creencia de la seguridad y los buenos negocios. Hoy ambas cosas se derrumban si la crisis dura algún tiempo más. Y las demás potencias regionales toman nota: así, la Turquía de Erdogán se muestra cada vez más próxima a Irán, igual que ocurre con Pakistán.
Por ello estamos ante un cambio absoluto de paradigma: el orden mundial establecido despues de la segunda guerra mundial ha desaparecido: los acuerdos de Bretton Woods se tambalean, las Naciones Unidas son ya un organismo muerto, el Consejo de Seguridad no sirve para nada, la OTAN está en fase de desintegración y el mundo unipolar surgido despues de la caída del Muro está siendo cambiado por algo muy diferente. Incluso a nivel militar, los grandes portaviones norteamericanos que imponian su ley desde la segunda guerra mundial hoy son vulnerables a causa de los misiles hipersónicos iranies. En este conflicto han tenido que permanecer alejados de la zona estratégica porque el riesgo de perderlos era muy elevado. Estratégicamente, están obsoletos. Los carros de combate sobre los que se ha forjado el armamento moderno ya no son indestructibles, dado que un dron barato puede destruir un carro carísimo… y el océano Indico sustituye al Atlántico.
Una última observación: lo que está ocurriendo pone de manifiesto la debilidad de los sistemas basados en los combustibles fósiles. Y ello revaloriza la energía solar y los vehículos eléctricos. Y en este campo, la China lleva preparándose mucho tiempo. Esta crisis acelerará la transformación energética y elevará definitivamente a la China al rango de gran potencia económica mundial
Por todo ello, estamos viviendo el final de un ciclo, el del Imperio estadounidense. Las próximas décadas verán su colapso y el surgimiento de un nuevo orden mundial. Trump, paradójicamente, habrá sido el catalizador de esta nueva era que no será precisamente dorada.[1]
[1] Información diversa obtenida fundamentalmente de MDSC Anaysis FR
Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

