/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
En junio de 1944, los delegados de 44 países se reunieron en el Hotel Mount Washington de Bretton Woods en una conferencia para poner orden en el caos monetario surgido del final de la Segunda Guerra Mundial y que se arrastraba ya desde la primera Gran Guerra. De esta conferencia, la prensa española casi no dijo nada; era una de tantas que se reunieron en aquellos aciagos días. Allí se decidió, entre otras muchas cuestiones, que el dólar norteamericano, convertible en oro (con tasa fija de 35 dólares por onza de oro), se convirtiera en moneda de referencia y todas las monedas estuvieran vinculadas con la divisa americana. Las reservas de oro norteamericanas se custodiaron en Ford Knox.
De esta forma, calladamente, el dólar se convirtió en pilar del sistema monetario mundial. Fue, por lo tanto, la moneda de reserva por excelencia y la principal herramienta para las transacciones comerciales internacionales. Pero esto tenía graves problemas que De Gaulle denunció en 1965 con estas palabras:
«El hecho de que muchos países acepten como principio que los dólares sean tan buenos como el oro conduce a los estadounidenses a endeudarse de forma gratuita a expensas de otros países. Porque lo que Estados Unidos debe, lo paga, al menos en parte, con un dinero que solo ellos pueden emitir. Ante las graves consecuencias que se podrían desencadenar en caso de una crisis, creemos que se deben tomar medidas a tiempo para evitarla. Consideramos necesario que el comercio internacional se establezca sobre un patrón monetario indiscutible, y que no lleve la marca de un país en particular. ¿Qué patrón? La verdad es que no se puede imaginar otro patrón que no sea el oro!».
La convertibilidad no se pudo mantener y en 1971 algunos países europeos reclamaron cambiar sus dólares por oro y se evidenció la debilidad de la moneda americana; desde entonces el dólar no es convertible en oro. Hoy, en enero de 2026, una onza de oro ya no vale aquellos 35 dólares, sino que se cotiza a 5.195. ¿Saben lo que esto significa? La que fue moneda de referencia se está debilitando; la razón está en que Estados Unidos, desde hace muchas décadas, gasta mucho más de lo que vende y produce menos. Por lo tanto, el oro va desapareciendo y su moneda se convierte en simple papel.
Sin embargo, el sistema se mantiene aparentemente intacto; es como un enorme castillo cuyos basamentos se están diluyendo y ya aparecen las primeras grietas. Otras monedas son mucho más fiables hoy…
Si se comprende esta situación, la actuación del presidente Trump es muy clara: los competidores deben ser eliminados. Ya no les valen las reglas. El mundo creado en 1944 ya no les sirve; se han aprovechado de él durante casi ochenta años; ellos fabrican papel moneda y el resto del mundo confía en que no hay trampa. Pero ya no es creíble. El Imperio se desangra y, en vez de recurrir a acuerdos justos, a modificar su propio sistema productivo o a reequilibrar las balanzas de pagos, opta por la amenaza, el chantaje, la violencia o, si fuere necesario, la guerra.
Este es el panorama del mundo hoy. No es una situación coyuntural; no es solo que un loco estafador y violento se haya apoderado de la Presidencia de los Estados Unidos. El día que él desaparezca, la situación no volverá a ser como antes. Y nosotros, habitantes de países en donde queremos mantener a flote el Estado del bienestar (un mínimo seguro social, escuelas públicas gratuitas, derecho a percibir el paro, etcétera) deberíamos apoyar ampliar las zonas de libre comercio, cambiar nuestros suministradores por otros más fiables, aumentar la productividad y la investigación, ser capaces de asumir nuestra defensa y fortalecer las instituciones democráticas, con el convencimiento de que, unidos, los matones se asustan.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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